
Entramos ahora a uno de los temas de mayor importancia en el nivel de principiantes en el estudio de la metafísica.
Antes de
referirme al concepto metafísico claro, de lo que para nosotros significa la transición
del cuerpo físico, es conveniente comentar lo que el fenómeno de la muerte significa
para diferentes pueblos en el mundo.
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Iniciaré comentando el culto a los muertos en los pueblos Maya y Azteca. Pocos
pueblos han dado tanta importancia a la muerte, como las primitivas culturas mexicanas,
prueba de ello, es la cantidad de símbolos funerarios que hablan de la muerte o del paso
del individuo por el inframundo, donde eran conducidos los seres humanos en un destino
prefijado por los dioses y no debido a los méritos morales obtenidos en vida.
Las culturas de México antiguo se regían por una cosmovisión dual del universo, la vida y la muerte, como lo demuestran las ofrendas encontradas en los entierros funerarios de Tula, ciudad al noroeste de México, D.F.; en Chichen Itzá, una de las ciudades más importantes de la civilización Maya, donde abundan las mismas formas de arte funerario que se encontraron en Tula.
Para comunicarse con los dioses de la lluvia, los sacerdotes arrojaban doncellas a un pozo llamado Cenote, de este modo actuaban como mensajeros de los dioses, obteniendo de la que lograba salvarse, el relato de la vida en el más allá.
En Monte Alban, la ciudad de los muertos de los Zapotecas, se han encontrado restos de urnas funerarias con representaciones de los dioses, que vienen a demostrar que cuando el hombre muere, va a una vida superior que trasciende el plano terrestre.
Los Aztecas, como pueblo del Sol, eran los encargados de darle a éste su alimento; que no era otro que la vida de un ser humano, llegando alguna vez a ser incluso la del propio rey la vida sacriflcada. Los que morían en estos sacrificios, se volvían así sagrados.
Este proceso,
en sus creencias no podía interrumpirse si se quería que el universo perdurase.
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Algunos historiadores afirman
que los principales motivos de que existiera el sacrificio humano entre los Aztecas, se
debía a que los dioses envejecían y debilitaban de año en año, por lo que se trataba
de rejuvenecerlos con sacrificios para dar lugar a una nueva vida de renovado vigor.
También,
en nuestras culturas antiguas, existía un profundo temor a la forma de morir,
esto se debía a que los antiguos indígenas no tenían miedo a la muerte, sino
a la forma en que morían, alcanzándose los máximos honores cuando se moría
en batalla, al ser inmolado en el Techtal (quiere decir la piedra de los
sacrificados), ya que existía la firme convicción de que si la víctima se
ofrecía de una manera voluntaria para ser sacrificada en la piedra, ingresaba
automáticamente en un mundo de placeres eternos sin futuras penas ni fatigas;
en el caso de las mujeres muriendo en el parto, también entraban a ese bello
paraiso.
Estos eran los caminos ideales para eludir el lugar de los muertos, que se conocía también como Ximoayan (significa lugar de los desencarnados), donde iban las almas a peregrinación sufriendo todo tipo de viscicitudes, durante cuatro años después de su muerte.
En el mundo Mexicano, la idea de la muerte va unida a la de la resurrección. Esta concepción fue tomada probablemente por los Zapotecas y los Mixtecas de los Teotihuacanos. Porque, como dice Fray Bernardino de Sahagún... "Y se llamó Teotihuacán, el pueblo de Teotl que es Dios, porque los señores que ahí se encerraban, después de muertos, los canonizaban por dioses y que no se morían, sino que despertaban de un sueño en que habían vivido". Este concepto es verdaderamente importante y semejante al que veremos en parrafos posteriores en el concepto metafísico de la transición.
Los antiguos, entonces, decían que cuando morían los hombres no perecían, sino que de nuevo comenzaban a vivir casi despertados de un sueño y volvían en espíritus o dioses.
La resurrección es un tema recurrente en gran número de mitos mexicanos antiguos; Huitzilopoztli, el ser supremo de los guerreros aztecas, personificación de la fuerza vital del Sol, no es más que un guerrero resucitado llamado colibrí, por parecerse al pájaro mosca, que aunque aparentemente muerto en la sombra, siempre está dispuesto a emprender el vuelo cuando le toca un rayo de sol. Por culpa de este dios, los aztecas más tarde se llamarían mexicas, abandonaron sus casas y sus tierras y emprendieron un largo éxodo, como el que realizó siglos antes el pueblo judío.
Los aztecas son considerados como los últimos herederos de tantas ideas religiosas de los pueblos que les precedieron.
Decíamos que en la fe de la resurrección se hayan cuatro reinos ultra terrenos, a ellos eran conducidos los seres humanos en base a un destino prefijado por los dioses y no a los méritos morales obtenidos en vida.
Estos cuatro paraisos, definían escenarios diferentes de experimentación, es decir, que de la forma de morir se entendía que se iría a alguno de los cuatro paraisos, en esta creencia entonces, había formas de morir que garantizaban permanecer en unos de los paraisos más hermosos y en otros el destino no era tan venturoso. Lo importante de esta creencia, era que en cierto modo se estaban definiendo incluso niveles diferentes de experimentación, una vez que se dejaba el cuerpo físico, o sea, que en estas culturas y en ese tiempo, nunca se aceptó la muerte como algo definitivo, se tenía plena consciencia de que después de esta vida existía otra diferente, que podía ser muy bella o también plagada de sufrimientos, dependiendo de una serie de factores y de creencias, de los cuales ya hemos mencionado algunos.
También el pueblo Maya creía que la vida no terminaba después de la muerte, ellos sabían que sobre la Tierra existe el cielo, por el que transitan los astros y donde moraban los antepasados instauradores de la sociedad, debajo de esa superficie de la Tierra se encuentra el inframundo o pais de las tinieblas.
Mientras que los cielos venían a ser la idealización del orden supremo, de los grandes valores, de las normas de comportamiento social, lo opuesto y complementario era la otra cara de la moneda, la negación.
De la unión del cielo y la tierra, había nacido el sol en sus dos aspectos, diurno y nocturno a través de la luna, y con él: la vida, la naturaleza, los alimentos, los seres humanos, el orden cósmico y el sentido de las cosas.
Para los Zapotecas, la muerte de una persona se convertía en una fiesta, ya que creían que la vida no acababa en la Tierra, sino que continuaba en el más allá, donde todo era esplendor y felicidad. Cuando alguien moría, se le enterraba en el Yoo-Baa con toda clase de honores, donde eran conducidos por el señor de las tinieblas, el murciélago que sabía correr, caminar y volar por los laberintos del inframundo.
Los Nahuas crearon incluso una forma de expresión para dirigirse a los seres ocultos invisibles, la lengua de lo encubierto, con la que se ponían en contacto con la naturaleza oculta de las cosas, los seres invisibles o de falsa apariencia, los dioses y los muertos.
En suma, los antiguos pueblos mexicanos creían en la existencia de otra vida más allá de la muerte, del que solo unos pocos podrían cruzar a voluntad los umbrales del mundo invisible.
La muerte era una extensión de la vida terrena, que marcaban los dioses a quien sobre la tierra estarían más próximos a éllos para cumplir sus designios.
Ahora comentaremos brevemente cómo ve la transición el pueblo Hindú de la antiguedad, incluso en la actualidad.
Para millones de Hindúes, la ciudad de Benares en la India se considera como una de las ciudades santas, es una morada terrenal del Dios Shiva; esta antigua ciudad era una meca para los peregrinos, que creían que si su vida terminaba ahí, cruzarían la corriente del mundo, y se escaparían del ingrato ciclo de las reencarnaciones.
Para los Hindúes, la
muerte es un principio de vida desde su concepción religiosa, el Hindú
contempla la muerte de sus seres queridos con absoluta serenidad. El llanto está
prohibido durante la ceremonia de incineración que es lo usualmente practicado
en ese país, porque se cree, que si alguien llora o se lamenta dificultaría el
acceso del alma del difunto en su viaje hacia el cielo.
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Solo por esta razón, se prohibe la presencia de las mujeres durante esta ceremonia, pues muchos creen, que son proclives al llanto.
Después de que el fuego abrasador ha reducido a cenizas el cuerpo del difunto, los familiares más allegados las recogen para esparcirlas en las aguas de la vida del río Ganges. El ritual que sigue a la incineración es bastante complejo, la costumbre Hinduista preescribe que sean los familiares del difunto quienes lo lleven en hombros en su camino hacia la inmortalidad. La persona fallecida se envuelve primero en una mortaja, la comitiva sale de la casa del difunto al son de la música de un tambor, el sonido es monótono y suave, solamente se repara en ella cuando se interfiere la marcha de los camilleros que van camino de la cremación.
En la India, es uno de los lugares donde desde la antiguedad, se sostiene la teoría de la reencarnación, sin embargo, en algunas partes de la India la interpretación de esta teoría, aún en la actualidad, es equivocada, ya que se desconoce con claridad cuál es la evolución del alma, que ya fue explicada en el capítulo anterior, es decir, muchos de éllos piensan que pueden reencarnar en animales en una vida futura y es por ello, que protegen a muchos de ellos, pensando que dentro de cada uno de los mismos existe el alma de un ser humano.
Sin embargo, esto solo se da en una parte de la India, donde todavía existe mucha ignorancia en la correcta interpretación de lo que es la teoría de la reencarnación, que ha sido ampliamente comentada en capítulos anteriores.
Ahora comentaremos brevemente también, la otra cara de la muerte para los paises orientales, en general.
En occidente el negro es el color del luto, en oriente lo es el color blanco; en occidente la muerte trata de ignorarse, de maquillarse o de ocultarse, para la mayoría de los occidentales la muerte resulta espantosa y en lo posible se trata de ahuyentar su imagen. En oriente la muerte se confunde con la vida, resulta cotidiana y familiar y no tienen nunca ese tinte macabro que adquiere en los paises occidentales.
Para buena parte de los orientales la muerte es nacer a otro estado, del mismo modo que nacer a este mundo, fue morir en un estado anterior, pero además, nos estamos muriendo desde que nacemos y la muerte es el momento en que abandonas la envoltura carnal, porque ya resulta inservible.
Casi todos los pueblos del oriente creen en la reencarnación o en el renacimiento.
Oriente y Occidente tienen concepciones muy distintas de la muerte, mientras que para nosotros la muerte es el primer paso hacia un mar de dudas, los orientales en general, creen acceder a una nueva dimensión de su existencia.
Todos sabemos que en la religión Católica se dice que cuando uno muere podrá ir al Cielo, al Purgatorio o al Infierno, se le da un destino al alma sumamente drástico, si lo analizamos, carece de toda lógica toda vez que aquel que ha tenido una experiencia negativa en esta encarnación, se le envía al infierno sin ninguna oportunidad de redimirse, por ello, nosotros hemos desechado esa creencia al considerar que desorienta y alimenta el temor de las personas en el momento de la transición.
Para nostros los Metafísicos, la transición no es más que un paso dimensional, es decir, que nosotros habitamos en un cuerpo que es temporal y nos sirve solamente para experimentar en el mundo de la tercera dimensión, en este que habitamos, el de la materia densa, nos servimos del cuerpo para poder evolucionar y aprender en carne propia las lecciones que la vida nos enseña en forma cotidiana.
Cuando llega el momento de la transición, el alma en su cuerpo energético abandona el cuerpo físico, pues éste ya no sirve, ya terminó su ciclo y se desecha; al igual que se desecha cualquier objeto mecánico que ha terminado su vida útil en nuestro plano de vida.
La separación del cuerpo físico se puede dar en forma instantánea o tardar varias horas, a veces días en separarse de la materia, esto dependerá de las circunstancias en que se dé la transición del cuerpo físico, es decir, si la transición del cuerpo físico se da en forma accidental donde existe un impacto, automáticamente el cuerpo de energía con el alma sale del cuerpo físico y en ese instante, nosotros podremos observar a nuestro cuerpo que yace sin vida en el lugar del accidente, puede suceder que la transición se dé en forma rápida y tranquila en nuestra cama, en cuyo caso, también la separación del cuerpo se dará casi automáticamente, ya que al despertar, nosotros despertaremos sin darnos cuenta de que ya no contamos con un cuerpo físico, finalmente aquellas personas que tienen un gran temor a la transición, no se separan del cuerpo físico por temor a dejarlo, aún cuando éste ya no es un vehículo para éllos, se siente como estar en un lugar frío y acartonado, que más que producir tranquilidad, produce molestia.
Hemos sabido de casos extremos en que el alma continúa atrapada en el cuerpo sin vida por dos o más días sufriendo con ello intensamente, al no comprender que la transición solo es un paso dimensional.
La muerte en realidad no existe, tal y como los orientales piensan y ya lo hemos señalado, solo se cambia de dimensión, de existencia, es decir, cuando nosotros nacemos en la tercera dimensión, es porque hemos hecho una transición desde un plano de vida más sutil para tomar la materia nuevamente y seguir nuestra evolución ascendente; del mismo modo, cuando dejamos el cuerpo físico, nosotros regresamos a ese plano sutil para continuar nuestra evolución, que también es constante en esos planos de vida, desde luego, cuando uno ha dejado su cuerpo físico, uno entra en una etapa de autoevaluación, ya desprovisto de toda influencia material y de las energías emocionales y mentales que nos rodean, podemos ver con claridad la experiencia vivida en la materia, los aciertos y las equivocaciones, el bien que se hizo y el mal que también se realizó, para hacer en ese momento un balance de la vida que se vivió, esto es algo así como "el juicio final" en la religión Católica, solo que a diferencia de ésta (es un juicio frente a Dios), nosotros sostenemos que es un juicio de autoevaluación de nuestro propio Ser, una vez comprendidas las lecciones que nosotros hemos vivido en la materia, entramos en un periodo de estudio y descanso para prepararnos hacia nuestra nueva misión, que puede ser una nueva reencarnación en el mismo plano de vida o mejor aún, una vida en un plano superior, si es que hemos alcanzado ya la consciencia para ganarnos el derecho de ascender a un plano evolutivo superior.
Cuando una persona ha sido declarada clínicamente muerta, élla continúa escuchando lo que sucede a su alrededor, el alma en su cuerpo de energía todavía se encuentra dentro del cuerpo y utiliza el oido como único sentido de comunicación hacia el mundo tridimensional, por ello, es muy importante que si se tiene la experiencia de presenciar cuando alguien esté en este periodo de transición, se debe evitar el llorar, gritar, quejarse o cualquier manifestación de sufrimiento, ya que la persona si no conoce lo que sucede después de la muerte, puede atemorizarse, pues va a sentir que está viva y por alguna razón su cuerpo no responde a su voluntad, además le va a infringir mucho dolor al escuchar a sus seres queridos en un estado de depresión y dolor sin posibiliad de consolarlas, por ello, lo que debemos hacer es guardar silencio o en su caso, si estamos sólos o con personas que puedan entender en realidad lo que es la transición, podemos hablarles de amor dándoles toda nuestra confianza y apoyo con dulzura, comprensión y felicidad ya que se ha cumplido un plazo más en la evolución de esa alma, que seguirá su camino ahora en el mundo de la energía de donde vino, para continuar con su evolución ascendente, por tanto, es muy grave que cuando muera un ser querido, lloremos y tengamos un sentimiento profundo ya que ésto es percibido por el cuerpo de energía y le impide seguir su camino como debe ser, debemos ser fuertes y sobre todo, entender e integrar el conocimiento Metafísico de lo que es la transición, para trascender los estados depresivos que normalmente se presentan cuando alguien termina su ciclo evolutivo cerca de nosotros.

Esto puede ser difícil de entender y lograr, que no se malentienda el hecho de que uno no debe sentir la muerte de sus seres queridos, por el contrario, me refiero a que uno debe comprender que la tansición es un proceso natural y que si bien es cierto se muere en esta dimensión, se renace en otro plano más sutil y superior a éste, donde tendremos un tiempo de recompensa y descanso, por lo tanto, lejos de sentirnos tristes porque haya terminado el ciclo de nuestro hermano, debemos sentirnos felices porque lo que habrá de experimentar será bello y hermoso.
Es entonces un deber del Metafísico cuestionarse todo este conocimiento nuevo que se ha dado del concepto de la transición que consideramos extraordinariamente importante, ya que el temor fundamental del ser humano es la muerte, y se da por el desconocimiento de lo que es en realidad morir, hay muchas personas que envueltas en una vida cien por ciento materialistas, no reconocen ni aceptan la existencia más allá de esta vida, cuando llegue el momento de su transición, tendrán un sufrimiento mayor ya que no aceptarán que están muertos, pues seguirán escuchando, viendo y moviéndose en un plano diferente a éste, pensarán que es una pesadilla o un sueño y estas personas permanecerán por muchos años en un lugar que se le conoce como zona fantasmal que será explicada con detalle en el próximo capítulo. Lo normal es que se permanezca un tiempo que no excederá a cuarenta días en esa zona.
Es deber entonces de todo estudiante sincero de Metafísica, una vez que ha entendido e integrado este conocimiento, el comunicarlo a sus seres queridos, porque ésto les ayudará en una forma extraordinaria cuando llegue el momento de la transición, para que lejos de convertirse en un momento de temor se convertirá en un momento trascendente, como el nacimiento de un nuevo ser.
Ahora describiré lo que el autor Raimond Moody escribió en un libro que se llama "La vida después de la vida", y que estremeció al mundo y fue un éxito de venta en 1975. Puso de manifiesto cómo millares de personas de toda condición tras sufrir accidentes traumáticos o alguna grave enfermedad, les había llevado a experimentar una muerte clínica, narran con significativa coincidencia de detalles, una sucesión de extraordinarias experiencias que sugieren alguna suerte de viaje dimensional, rodeado de médicos y allegados, para atravesar inmediatamente después un oscuro túnel, en cuyo final les aguarda un ser de luz con inefable amor, les introduce en un fabuloso reino pleno de colorido, refulgencia y felicidad, sin embargo, en medio de esa placentera vivencia y muy a su pesar, reciben la orden de regresar a su cuerpo exánime y a un gris y monótono entorno cotidiano.
Seguidores del Dr. Moody continuaron investigando las insólitas vivencias de la cuasi muerte, fenómeno aireado por los medios de comunicación y sobre el que existe ya, un corpus de documentación científica que autentifica su incuestionable realidad; de hecho, a la mayoría de los casos que relata el Dr. Moody, se observa con claridad que estas personas tuvieron la posibilidad de penetrar en el mundo de la energía y ahí recibieron una enseñanza muy importante para regresar entonces al mundo de la materia y continuar su evolución, pero reorientando su vida sabiendo que hemos venido a realizar de la mejor manera posible el cometido que programamos antes de encarnarnos. Esto quiere decir que todo ser humano que se encuentra encarnado en el planeta, encarnó por decisión propia, decisión que se tomó en el plano energético y donde se planeó la experiencia que se quería tener, es decir, se escogió a la familia y al medio ambiente acorde a la experiencia que se requeriría y desde luego, al grado evolutivo de cada uno, por lo tanto, el haber nacido en donde nacimos no fue un accidente ni un efecto del azar, sino un efecto de nuestra propia decisión, como almas libres, fuera de la materia tridimensional.
Ahora veremos en los
capítulos siguientes cuáles son los planos de vida que existen después de la
transición, trataremos de describirlos con la mayor claridad posible, para
descorrer el velo de la ignorancia de tan importante tema.
RESUMEN DE CONCEPTOS
Primero.- En las antiguas culturas mexicanas, se tenía la certeza de la existencia de otra vida superior después de la muerte física.
Segundo.- En la mayoría de los paises orientales, se ve con mucha naturalidad el hecho de la muerte.
Tercero.- Para los orientales, la muerte es un renacer, y el nacimiento es la muerte en otro plano de vida.
Cuarto.- Cuando se presenta la muerte clínica, la persona sigue escuchando lo que sucede, ya que el oido es lo último que se desconecta de la vida física.
Quinto.- La separación del alma del cuerpo físico que ha muerto, se da dos horas después en promedio.
Sexto.- El Dr. Raimond Moody demostró en su libro "La vida después de la vida", que cientos de personas declarados clínicamente muertos, visitaron en su cuerpo de energía otros planos de vida, teniendo que regresar a sus cuerpos a terminar su misión. Ello demuestra la existencia de otra vida mejor. Ninguno tuvo miedo, fue muy agradable y reparadora la experiencia vivida.
Séptimo.- El ateo, al morir sufrirá más que otros que sabemos de la existencia continuada de la vida, pues no quieren aceptar que están muertos, verán y escucharán, pensando que es una pesadilla. Tardarán en reaccionar mucho tiempo, que será de intenso sufrimiento.
Octavo.- Aceptemos que la muerte no existe, es solo un cambio de escenario requerido para la evolución ascendente de nuestra alma.
- Extraido de
"La Flama Violeta", Escuela Metafísica de Santhar -