Cuando el viajero -por los motivos que sean-, circula por la carretera, que desde Gómara nos conduce a Monteagudo de las Vicarías, o viceversa, según el sentido en que hagamos nuestro viaje, pero eso sí, dentro del valle del río Nágima, antes de llegar al pueblo soriano de Serón, divisamos la silueta de su original castillo en estos momentos casi derruido.
Desde el punto de vista histórico, en el corazón de este valle soriano por el que se deslizan las aguas del río Nágima y aunque su caudal no sea importante
-dentro de su humildad-, se las cede al Jalón, para que posteriormente unas y otras, vayan a terminar engrosando las de ese otro coloso, que es el río Ebro.
Lo que más llama la atención en este castillo es el material utilizado en su construcción, -autoctono y no por eso menos noble-, que es la arcilla, muy abundante por cierto en la comarca de las Vicarías.
Este castillo en tierras sorianas, que ha llegado hasta nuestros días, es algo incomprensible que haya resistido el paso de los siglos.
Lo cierto es que este castillo -un tanto peculiar-, iría a engrosar el número de esas fortalezas, en su mayoría de piedra caliza, que
una tras otra y a veces de forma simultánea, fueron levantándose en nuestro suelo como bastiones para devolver la tranquilidad a las gentes
durante aquellos siglos de continuadas luchas del medievo español.
Esta situación de inseguridad predispuso el ánimo de -reyes y señores feudales-, a montar la guardia, para evitar sorpresas,
levantando castillos en lugares estratégicos.
Esta circustancia, unida al sistema político que imperaba en la Edad Media, que existía una antigua costumbre romana, de que los monarcas cedieran tierras a los señores feudales, como compensación a los servicios militares que habían prestado al Rey, juntamente con aquella otra costumbre germana que llevaba aparejada la fidelidad a su señor por parte de sus propios vasallos, prepararía el terreno o sería, 'el caldo de cultivo', para que los señores feudales se encumbraran y ello traería como consecuencia el paulatino deterioro o la debilitación del poder de los monarcas.
Esas donaciones de tierras que los reyes en determinadas ocasiones hacían a sus no siempre -leales y nobles vasallos-, era algo así como un arma de doble filo, pues lo del vasallaje con respecto al Rey era solo teoría, pero no ocurría lo mismo cuando el vasallaje partía de sus propios vasallos hacia el señor feudal. Lo cierto es que durante aquellos siglos, no pocos de dichos señores se creyeron reyes pensando aquellos, que sus monarcas eran vasallos.
Por ello, nada debe resultarnos extraño que ciertos señores feudales hicieran tabla rasa de los vínculos que de alguna manera les unía a su Rey, olvidándose de los muchos beneficios recibidos y ponían en 'tela de juicio' la autoridad del monarca y previendo posibles represalias, estos señores hacían un frente común con la construcción de castillos y fortalezas, sin la autorización y el beneplácito del monarca.
En aquellos momentos, que sin lugar a dudas existieron de 'un tira y afloja', que aunque no fueran enfrentamiento, si de recelo hacia su Rey, es posible que se levantara el castillo de Serón de Nágima, en el que el tiempo si que contaba, y en ello podría estar la explicación de que se utilizara la arcilla que era un material muy abundante en la comarca y en este caso concreto lo tenían a pie de obra.
Esto es una simple hipótesis y así queda por el momento, pues no hay una explicación válida para que aquí se utilizase la arcilla y en cambio en el caso del palacio fortaleza de Monteagudo, a pocos kilómetros, y la torre de Martín González, en el mismo término municipal, se construyeron de piedra.
En 1138, el enviado del Papa Inocencio II, cardenal Guido, venido a estas tierras para ser árbitro de disputas de propiedades y
límites entre el clero, otorga Serón al obispo de Sigüenza, confirmado posteriormente por el Rey Alfonso VII y encargándole
su repoblación, si bien dos años después se la cambia por Caracena.
A finales del siglo XIII y con motivo de los Infantes de La Cerda, Alfonso, ayudado por Enrique de Aragón y titulándose rey de Castilla se apoderó de Serón, Soria, Osma, Almazán y Deza que estaban en poder de Don Juan Núñez, si bien fueron restituidas en breve por los tratados de tarazona y Huerta.
A mediados del siglo XIV, estando de adelantados de frontera en Serón Don Juan de La Cerda y Don Álvaro Pérez de Guzmán, se revelaron contra su Rey Pedro I de Castilla en la disputa que mantenía con la nobleza y sus hermanos bastardos. Llegado el Rey a castigar la sublevación, puso en Serón como hombre de confianza a Diego García de Padilla, maestre de Calatrava, a quien a su vez se le arrebató posteriormente Enrique de Trastamara, no pudo este, en cambio tomar Peñalcazar por su inexpugnabilidad.
A finales del siglo XVI aparece como señor de Serón el marqués de Poza.
En el siglo XVIII se refugian en el castillo las tropas de Felipe V de Borbón, ante el ataque de las del Archiduque Carlos
de Austria, con motivo de la guerra de sucesión y finalmente podemos reseñar que en el siglo XIX las tropas napoleónicas destrozan
el castillo a su paso por la villa.
También existen rumores de que el ataque final del caltillo fuera producido por los propios habitantes del pueblo
el siglo pasado, ya que Serón era y sigue siendo un buen lugar para la caza, y era muy visitado por personas importantes de la nobleza.
Esto impedía a los habitantes del pueblo roturar parte del término para utilizarlo como tierras de cultivo, lo que tenía muy descontentos
a los habitantes de Serón y optaron por incendiar el castillo, lugar de residencia de los nobles cuando se encontraban de caza en el
término.