GIRO COPERNICANO
EN LOS ESTUDIOS
HUMANÍSTICOS[1]
José Luis Guijarro
(Publicado en Pragmalingüística II,
1994: 217-265)
Resumen:
El
paradigma cognitivo es el único que permite analizar aspectos de las
concepciones humanistas desde una perspectiva netamente científica buscando
explicaciones causales materiales o, en su defecto, funcionales. La lingüística
y la teoría de la comunicación son las dos ramas que hemos escogido para
mostrar esta posibilidad.
Summary:
The
cognitive paradigm is the only one that allows for a cientific treatment of some
of Humanism's conceptions, for it offers causal explanations of a materialistic
or, at least, a functionalistic sort. Communication theory and Linguistics are
obvious examples of this possibility.
Résumé:
Le
paradigme cognitif est le seul qui permet d'étudier quelques conceptions de
l'humanisme d'une façon scientifique, puisqu'il essaye d'expliquer la causalité
des phénomènes du point de vue matériel ou du point de vue fonctionnel. La théorie de la communication
et la linguistique sont deux exemples de
cette possibilité.
I. EL PARADIGMA COGNITIVO:
En general, las ciencias
humanísticas se ocupan de REPRESENTACIONES. De qué representa, por ejemplo, un cierto comportamiento humano (hablar,
jugar, cantar, luchar, cazar, cocinar, etc.); de qué representa el objeto que, a veces, resulta de tales comportamientos
(texto escrito, pintura, melodía, comida, etc.), o cómo y cuando se emplea
durante una actividad (tambores, tipo de discurso, alimentos, vestimentas,
etc.).
Los científicos humanistas tratan de explicar qué representan esas
cosas, o eventos, para los individuos de una sociedad, englobándolas,
generalmente, bajo el nombre de CULTURA. En otras palabras, la cultura es el
conjunto de las representaciones que tienen (más o menos en común) los
componentes de una sociedad.
El problema es que no sabemos muy bien qué es una representación;
tenemos, evidentemente, una idea intuitiva de que re-presentar es (por lo menos
etimológicamente) volver a presentar
algo, posiblemente en un medio distinto a donde ese algo se presenta
originariamente. A veces nos figuramos que representar es "poner en
imágenes", aunque hay muchas representaciones que no pueden aparecer en
este formato, como, p.ej., estar
enamorado; otras veces, hablamos de "representaciones
proposicionales", aunque también hay casos en los que no podemos crear
ninguna proposición para representar, digamos, una impresión vaga, etc. Además,
también somos capaces de representar melodías, olores, y movimientos (como los
que hacemos al conducir, tocar el piano o bailar claqué)[2].
Pero, en cambio, sabemos que un texto representa una novela en una
determinada cultura, que llevar sotana representa un estatus social, que comer
con cuchillo y tenedor representa la buena educación, que tocar el tambor
representa alegría o arenga guerrera, etc.
Es decir, sabemos que hay objetos, hechos y eventos en el mundo que
son representaciones de anhelos, tabúes, creencias, tendencias, etc. de los
individuos de una sociedad dada. Somos capaces de percibir esos objetos, hechos
y eventos, porque son públicos y su
valor está reconocido en la cultura en la que aparecen. Se pueden, no sólo
percibir por los sentidos, sino también, analizar, estudiar, abstraer de ellos
las características que queramos y considerarlos objetos abstractos, como ocurre,
por ejemplo, con la LENGUA. Este objeto abstracto (recuérdese a De Saussure)
surge de la observación de comportamientos comunicativos humanos que se oyen
(el HABLA) y a los cuales se le superpone una determinada estructura también
abstracta. Igual ocurre con lo que llamamos ARTE: tenemos una serie de objetos,
y de comportamientos que una determinada cultura decide valorar en un sentido
estético más o menos claro y puro, etc.
Debido a ello, quizá no estaríamos en desacuerdo si definiéramos, al
menos las representaciones de este tipo, como objetos físicos o cambios de estado físicos
en el mundo real en el que vivimos. Llamaremos a estos objetos y cambios de
estado, REPRESENTACIONES PÚBLICAS.
Tenemos claro, sin embargo, que esas representaciones públicas son
representaciones para los seres
humanos. Quiero decir, para cada uno
de los seres humanos que participa de esa cultura. Una novela no representa
absolutamente nada entre una manada de leones africanos, ni la sotana
representa nada para una bandada de flamencos rosa. Lo tenemos claro, pero
algunas veces, por estar acostumbrados a observar y analizar estas
representaciones públicas, creemos que una novela es siempre una novela, aunque
no haya nadie en el mundo que la lea nunca más.
Porque el verdadero problema de las ciencias humanísticas es que, por
ahora, no sabemos a ciencia cierta qué es una representación para un individuo;
comprendemos que es algo mental, pero poco más. Podemos, por tanto, remedar la
definición que hemos dado de representación pública, afirmando que las
REPRESENTACIONES INDIVIDUALES son también objetos o cambios de estado en el
cerebro de cada ser humano. )Cuáles son estos "objetos", o estos
"cambios de estado"? Si queremos mantenernos en el mismo plano que con
las representaciones públicas, tenemos que buscar objetos y cambios de estado físicos[3].
La ciencia que estudia la estructura y los cambios físicos que
acontecen en el cerebro es la neurobiología. Pero la neurobiología actual
tiene muy pocos datos sobre qué neuronas, o qué cambios de estado neuronales,
causan las representaciones individuales. El neurobiólogo actual, salvando las
distancias, se encuentra como se encontraría un marciano que supiera que los
microsurcos de un disco de vinilo (es decir, alteraciones físicas en su
estructura) representan la melodía que tanto le gusta, pero no tuviera ningún
ingeniero que le explicara cómo fabricar una máquina que pudiera analizar y
descifrar esos cambios de estado.
Conclusión: si no hay manera, por ahora, de saber qué es una representación
individual, las ciencias humanísticas seguirán estudiando las representaciones
públicas que sí son perceptibles, observables y analizables. Y como los seres
humanos tienen representaciones privadas automáticamente, no se referirán a
ellas más que incidentalmente para demostrar que las representaciones públicas
funcionan en su mente como tales. En pocas palabras, nunca se observa ni se
analiza el funcionamiento de las representaciones privadas, sino que se dan por
sentadas.
Lo malo es que, aunque pertenezcamos a una cultura y compartamos
muchas representaciones con los demás seres humanos que participan en ella,
parece que, en realidad, cada almacén (o memoria) de representaciones mentales
es único, tanto por el "contenido" de las representaciones mentales,
como por su número y manera de estar estructuradas y ser por tanto accesibles o
no. Es decir, que nos podemos poner de acuerdo en la interpretación de una
representación pública hasta un límite, pasado el cual, cualquier análisis
sufre de la subjetividad propia a las representaciones individuales que nunca
son estudiadas de manera directamente objetiva. Las ciencias humanísticas, en
este sentido, parecen destinadas a hacer descansar sus modelos teóricos en la
indeterminación subjetiva: en las intuiciones individuales sobre lo que sea o
no una verdadera representación.
Esta es una característica que, o bien induce a los humanistas a
reivindicar la diferencia de las ciencias humanísticas con las demás ciencias
como algo positivamente insoslayable
(más cerca de la creatividad propia de la especie humana), o bien produce en
los investigadores de las otras ciencias no humanísticas un sentimiento negativo por la falta de rigor en las
conclusiones y teorías propias de los humanistas.
Quizá no haya tanta diferencia entre ambos tipos de estudio como se
cree realmente. Para empezar, hay investigadores en ciencias físicas, como
Heisenberg o Bohr, que afirman que la ciencia no es un estudio sobre cómo es el mundo, sino sobre cómo el ser
humano conoce el mundo; es decir, de
cómo se lo representa[4].
Aunque estoy de acuerdo con estos científicos, no me cabe la menor duda de que,
de forma espontánea, por razones estrictamente biológicas, el ser humano
percibe la REALIDAD tal cual es (si no, no habría podido sobrevivir como
especie[5]);
es decir, sus representaciones son, en este sentido, ajustadas. Lo que no impide que, sobre estas representaciones de la
realidad, se realicen otras representaciones de segundo grado (o teorías) que
no tienen ese valor biológico claro. Es por ello por lo que, desde hace tiempo,
se han buscado maneras para que las teorías se ajusten también a la realidad
cumpliendo ciertos requisitos que garanticen su valía y no les permitan
convertirse en meras especulaciones[6].
Uno de estos requisitos es el de intentar dar explicaciones causales a los fenómenos que queremos
analizar, evitando las interpretaciones (paráfrasis, resúmenes, etc.) en lo
posible[7].
Y, por ahora, las explicaciones causales sólo pueden ser tales en un entorno
material, gobernado por leyes físicas[8].
En pocas palabras, si queremos elaborar una teoría científica hemos de ser
objetivos en toda la extensión de la palabra.
Sin embargo, en las ciencias humanísticas nos hemos encontrado con
que nuestras teorías no son sobre la
realidad física (explicable causalmente), sino sobre algunas de nuestras
representaciones que, como acabamos de mencionar, no sabemos cómo podrían ser
causalmente explicadas. Debido a ello, parece que las ciencias humanísticas
tienen que mantenerse en las arenas movedizas de lo subjetivo y que no son
posibles análisis explicativos altamente objetivos.
Está, pues, muy claro que necesitamos un cambio de paradigma; no hay
manera de objetivizar los constructos teóricos que se fundamentan en algo tan
evanescente como son las representaciones de nuestras representaciones
individuales. Tenemos, por fuerza, que tratar de describir, primero, objetivamente lo que son esas
representaciones privadas y, segundo, cómo producen los efectos que producen.
Una cosa parecida ocurre en el estudio de las partículas subatómicas.
Nunca nadie ha visto una de estas partículas, pero sin embargo, además de
intuirlas, los físicos descubren realmente
su presencia en la materia mediante unos aparatos, llamados aceleradores, que muestran
su funcionamiento y sus efectos, una vez que las han dispersado. Así,
recientemente se ha descubierto el quark
top que faltaba en el modelo teórico de la materia de doce casillas
establecido de antemano por los científicos.
Alan Turing, el famoso matemático británico, creó un medio imaginario
que equivale al acelerador de partículas en las ciencias humanas[9].
Mediante este dispositivo y dispersando preguntas, es posible actualmente
imaginar y, consecuentemente, elaborar modelos mentales en los que las representaciones individuales funcionan de manera previsible y tienen efectos
comprobables objetivamente. Aunque no sepamos todavía qué tipo de objeto o
estado cerebral se corresponde con qué representación.
El dispositivo se basa en el llamado juego de la simulación:
En dos cuartos se hallan un hombre (H) y una mujer (M); en otro
cuarto, y separado de ellos, está la persona (P) que va a jugar y que está
unida a los dos cuartos mediante un teletipo o algo parecido. El juego consiste
en que P tiene que adivinar en qué cuarto está, pongamos, M, solamente a través
de las contestaciones que tanto M como H den a todas las preguntas que P
considere necesarias para averiguarlo. M contestará, naturalmente como M; en
cambio, H tendrá que intentar engañar a P y contestar como M. Cuanto mejor
conozca H la psicología femenina, más difícil será para P desenmascararle.
Eventualmente, y, sobre todo, si P es también una mujer, acabará por pillar a H
en un renuncio y descubrir que no es una M.
Pero vamos a suponer que haya un H que conozca tan totalmente a fondo
la psicología femenina que logre engañar, no sólo a esa jugadora, sino a todas
las posibles.
Aunque se diera este improbable caso, nunca podremos decir que el H es
una M; lo que sí podremos es convenir que conoce
el funcionamiento mental de las mujeres de tal manera que simula sus reacciones a la perfección.
La idea de Turing es que, en vez de un hombre y una mujer, en el juego
de la simulación intervengan un ser humano, en un cuarto y una máquina de las
llamadas inteligentes, en el otro; y que P adivine dónde está el ser humano.
Como en el caso anterior, todavía no hay ninguna máquina capaz de
engañar a un ser humano en este aspecto, aunque algunas máquinas lo consiguen,
a veces, si restringen el tiempo de juego o limitan los posibles temas de
conversación. Naturalmente, esto no implica que, más adelante, no se llegue a
construir una máquina de estas características, sin limitación alguna.
Está claro que el hombre que comprenda tan perfectamente a las mujeres
que pueda engañarlas a todas en este juego ha de ser creado por Dios, o una
fuerza similar. En cambio, por ahora, las máquinas son exclusivamente
creaciones humanas; por tanto, aquella persona que logre que una máquina
funcione de tal manera que simule a la perfección la mente de un ser humano,
aunque no habrá creado un ser humano,
sí que habrá comprendido de tal
manera el funcionamiento de este tipo de mente que podrá describirla
explícitamente. Esto es, podrá explicar
objetivamente su modelo (con sus representaciones y su manera de
manipularlas).
Este modelo hipotético no tiene por qué ser, por ahora, igual al
modelo que la naturaleza ha creado para nuestro cerebro; si exigiéramos este
requisito de identidad total, deberíamos esperar a que los neurobiólogos nos
dijeran cómo es realmente el cerebro, con lo que estaríamos condenados a seguir
haciendo modelos sin base sólida objetiva durante mucho tiempo. La idea es,
precisamente, que, mientras los neurobiólogos sigan buscando, puedan los
humanistas también aportar su granito de arena. Lo único que se pretende, por
ahora, es que los modelos que se propongan funcionen igual que la mente humana. Si
se logra simular algunos procesos mentales de manera que sus resultados
sean los mismos que los de la mente humana, habremos conseguido comprender cómo
podría funcionar el cerebro en ese
aspecto, por lo menos. Y si se lograra integrar todas las explicaciones, algún
día tendríamos un modelo de mente que podría
ser un modelo objetivo del cerebro.
Así, las representaciones del modelo serán estados de dicho modelo que
habrán de configurarse de manera absolutamente real, ya que si esto no fuera
así, no podrían simular los procesos mentales en donde intervienen las
representaciones individuales.
Este es, precisamente, el cambio de paradigma del COGNITIVISMO. Debajo
de él, late la idea, o el anhelo, de que los modelos así creados servirán para
aportar ideas a los neurobiólogos que, de esta manera, podrán comprobar si los
mecanismos "inventados" tienen algún tipo de realidad en el cerebro[10].
Y viceversa: los descubrimientos de los neurobiólogos indicarán a los
cognitivistas si sus modelos son, además de funcionalmente válidos, adecuados a
la naturaleza humana. De esta forma, como si del túnel del canal de la Mancha
se tratara, las investigaciones de unos y otros llegarán a encontrarse en un
mismo punto[11] y, en ese
momento, sabremos por fin, no sólo como puede
funcionar el cerebro humano, sino cómo funciona realmente.
(Caveat: es cierto que
muchos cognitivistas trabajan en sus investigaciones sin la ayuda, ni de
ingenieros, ni de técnicos de programación en informática; esto es, sin tener
en cuenta que las máquinas sufren también limitaciones con las que parece que
se debería contar a la hora de hacer los modelos.
Los modelos de los cognitivistas pretenden, por ahora, ser al menos
"lógicos", en el sentido de que no tienen por qué haber sido
forzosamente transformados en un programa para aportar una explicación
coherente y explícita.
De la misma manera que fue "lógica" la máquina que también
ideó Turing en l936 y que sirvió posteriormente como idea para desarrollar las
modernas computadoras[12],
los modelos cognitivistas sólo intentan ser tan explícitos como para que un
futuro ingeniero o programador pueda crear algún día una máquina y/o programa
que lo haga realmente efectivo[13].
Sin embargo, y tal y como las investigaciones de los neurobiólogos aportan
indicaciones de lo naturalmente plausible, el estado actual de las máquinas y
de los programas limita también a veces la concepción de los modelos posibles).
El giro copernicano cognitivista es, por tanto claro:
Para los pre-copernicanos, la tierra estaba en el centro y todo lo
demás giraba a su alrededor. Copérnico puso al sol en el centro y dejó que la
tierra y otras entidades giraran a su alrededor.
Para los pre-cognitivos, el centro de sus estudios lo ocupan las
representaciones públicas que, como tales, son objeto de la percepción y
observación (y posiblemente de análisis y estudio) por parte de los seres
humanos que "giran" a su alrededor o, al menos, convergen en ellas de
manera pretendidamente (casi) similar.
Los cognitivistas ponen la mente humana y sus representaciones
individuales en el centro de sus investigaciones, creando modelos funcionales
objetivos de las mismas, mientras que las representaciones públicas
"giran" alrededor de cada mente y tienen un determinado tipo de
relación con ella, explicable a través del funcionamiento del modelo.
En pocas palabras: las representaciones son el objeto central del
estudio; el cómo se manifiestan en cada cultura es consecuencia de la manera de
cómo las expliquemos.
Por eso, dentro de este paradigma, hay numerosas teorías que, sin
estar totalmente de acuerdo en sus planteamientos, participan de esta
presuposición inicial: la de que es posible actualmente imaginar y elaborar
modelos mentales en los que las representaciones
individuales funcionen de manera previsible
y tengan efectos comprobables objetivamente.
Aunque no sepamos todavía con claridad qué tipo de objeto o estado cerebral se
corresponde con qué representación.
II. INTRODUCCION AL ESTUDIO DE LA
COMUNICACIÓN HUMANA:
Desde antiguo, el estudio de la comunicación humana es uno de los
campos más fructíferos de investigación en las ciencias humanísticas. Y, como
acabamos de explicar en la sección anterior, esta investigación se ha hecho
centrando sus análisis en representaciones públicas; es decir, en el
comportamiento comunicativo de los seres humanos: en su lenguaje.
En el análisis lingüístico, precisamente, es donde se muestra de
manera muy patente el problema de las ciencias humanísticas precognitivas al
que aludimos antes.
En primer lugar, porque, como es evidente, al comunicarse, el ser
humano realiza un complicado conjunto de actividades, necesariamente
perceptibles (si han de cumplir su función comunicativa). Debido a ello, estos
comportamientos son representaciones "públicas" de las intenciones
comunicativas de los interlocutores en cada momento.
En segundo lugar, como el objetivo de la comunicación es intercambiar
representaciones individuales, el comportamiento comunicativo tiene por fuerza
que convertir las representaciones privadas de los emisores en representaciones
públicas para que los receptores, al percibirlas, las reconviertan en sus
propias representaciones privadas.
El proceso de convertir representaciones privadas en representaciones
públicas, que se consigue al comunicar, es el primero que recibió la atención
de los estudiosos; mejor dicho, las representaciones públicas que se podían
crear por medio del proceso comunicativo fueron los primeros objetos de la investigación en este
campo.
Se da el caso de que estas representaciones públicas "toman
cuerpo" (se hacen perceptibles) en trozos sonoros que los seres humanos
emiten como parte de su comportamiento comunicativo (y, posteriormente, en
tiras de trazos que "representan" estos sonidos).
Antes de que se inventaran los fonógrafos y los magnetofones, o sea,
hasta ayer, esas tiras de trazos eran la única representación pública de las
representaciones públicas sonoras de las representaciones privadas de los
individuos. Y esas representaciones públicas escritas quedaban separadas de los seres humanos que de
alguna manera las habían originado. Poco a poco, esa independencia les confirió
entidad y empezaron a ser analizadas per
se. Surgió, así, la ciencia de la lingüística que se ocupaba (y todavía se
ocupa en gran medida) de las características abstractas de las representaciones
públicas que están escritas, extendiéndose en algunos casos también a las
representaciones públicas que se oyen.
Como es corriente en los estudios humanísticos, las representaciones
privadas que se corresponden con las representaciones públicas lingüísticas
observadas, analizadas, disecadas y estructuradas de manera abstracta se presuponen, pero nunca se analizan, ni
se estudian.
Entre otras cosas, porque, aunque todos los seres humanos, incluidos
los investigadores, las experimentan sin ninguna dificultad, nadie sabe
exactamente cómo son y, por tanto, aunque las intuímos dentro de nuestra mente, se carece de medios para
analizarlas, disecarlas y estructurarlas.
Lo que sí puede hacerse, y de hecho se hace, es establecer ciertas
relaciones entre la representación pública analizada, disecada y estructurada
(que, a partir de ahora, llamaremos simplemente LENGUA, à la De Saussure) y nuestras representaciones privadas intuídas:
esta relación se llama el SIGNIFICADO. No es extraño que, hasta ahora, no
exista acuerdo general en qué es el significado; no puede haberlo hasta que
definamos objetivamente el tipo de entidades que relaciona.
Lo que sí se ha tomado por descontado es el cómo se relacionan esas dos entidades, las representación pública y
la privada. Se ha recurrido a la relación más sencilla, a la relación de
equivalencia: tal o cual representación pública (palabra, frase, oración, etc.)
equivale a tal o cual representación
individual. Esta relación de equivalencia es lo que se conoce como CÓDIGO.
Tradicionalmente se ha supuesto, por tanto, que, para comunicarlas,
el hablante codificaba en su lengua (i.e., hacía perceptibles con arreglo a un
modelo preacordado culturalmente que establecía las equivalencias) sus
representaciones privadas las cuales, al ser percibidas y decodificadas por el
oyente, pasaban a ser representaciones privadas suyas.
No es estrictamente cierto que no se establecieran equivalencias entre
entidades claramente definidas; porque si, en un lado tenemos las
representaciones públicas que son las palabras, frases u oraciones, en el otro,
en el de las representaciones privadas, tenemos los PENSAMIENTOS. Por tanto, es
natural considerar que la (de)codificación hace equivaler pensamientos y estructuras
lingüísticas.
Vamos a suponer, por ahora, que pensamiento es algo bien definido y
que sabemos a qué tipo de representación nos referimos al invocar el término.
Sin embargo, está claro que los seres humanos tienen otros tipos de
representaciones en su mente que no son pensamientos y que se denominan
tradicionalmente IMPRESIONES,
ACTITUDES, etc. Y, quitando a los lingüistas, a nadie se le ocurre
pensar que sea difícil, no sólo tener impresiones y actitudes privadas, sino
hacerlas públicas y comunicarlas.
)Por qué va a ser difícil para un lingüista pensar que esto sea
posible? Porque, por ejemplo, en cuanto comunicamos una impresión codificándola (p.ej., diciendo
tengo la impresión de que...), ya no comunicamos la impresión, sino el
pensamiento de que tenemos una impresión de que...; y, lo mismo, si decimos te amenazo de que si..., ya no
comunicamos nuestra actitud amenazante sino el pensamiento de que tenemos esa
actitud.
Ante esta limitación de la lingüística precognitiva,
algunos se hicieron semiólogos (como De Saussure) o semióticos (como Pierce y
Morris) y propugnaron que, como es obvio, claro está que se pueden comunicar
impresiones, actitudes y muchas más cosas que pensamientos. Que lo único que
ocurre es que el código lingüístico sirve solamente para hacer equivaler
pensamientos con representaciones públicas; pero que para las otras entidades
mentales comunicables se tienen medios similares, es decir, códigos, que no son
lingüísticos, aunque algunos sean culturales y otros, incluso, hasta innatos
del ser humano.
Los estudios semiológicos o semióticos son una parte
muy importante de los estudios humanísticos, pero su objeto es aún más inefable
que los de la lingüística precognitiva. Al menos en los estudios lingüísticos
hay un objeto claro que se puede analizar, ya sea en su versión pública
escrita, ya sea en su versión pública sonora (sobre todo, ahora que ya hay
magnetofones). Pero, )de qué trata realmente
la semiología o la semiótica? Trata, como todas las ciencias, de
representaciones. Pero sus representaciones públicas no son unitarias, puesto
que cualquier cosa y cualquier actividad es susceptible de equivaler a una
representación privada.
Sigamos suponiendo que sabemos lo que son (por
circunscribir un poco) impresiones y actitudes (o sea, representaciones
privadas distintas a los pensamientos); pero, )a qué equivalen (para los
semiólogos o semióticos) en el campo de las representaciones públicas? )A
comportamientos? )A objetos existentes? Parece que, aunque algunas de estas
entidades son efectivamente objeto de estudio de los semiólogos o semióticos,
hay una parte de la semiología o semiótica que trata de analizar las
impresiones y actitudes en términos de ... (impresiones y actitudes!
No me gustaría ser injusto, pero cuando un cierto
tipo de semiótico o semiólogo habla de la organización narrativa, por ejemplo,
indica que en su mente existe una determinada representación sobre la
narración que, presumiblemente, es pública a partir de las características
perceptibles de una clase de discurso o texto (oral u escrito). Lo que resulta
mucho más difícil es comprender qué tipo de entidad es, pongamos por caso, el actante; se trata, evidentemente, de una
categoría estructural que funciona de cierta manera (perfectamente descrita) en
la narración. Pero, aparte de esta descripción, )dónde aparece?
La contestación que este tipo de semiólogo o
semiótico podría darnos es clara y contundente: lo mismo ocurre en la lengua
humana. No hay realmente sujetos ni objetos; ni siquiera hay sustantivos o verbos. Todos estos términos corresponden a categorías
estructurales que hemos elaborado mentalmente para describir el funcionamiento
del código lingüístico. La categoría de
actante es, igualmente, una categoría del código narrativo; es tan
existente (o no existente) como las categorías estructurales del código
lingüístico.
En principio, y desde un punto de vista
precognitivo, tal argumento es impecable. O aceptamos las abstracciones de este
tipo de semiología o semiótica, igual que aceptamos las de la lingüística, o
negamos también que esta manera de enfocar la lingüística sea la adecuada.
Mientras no ha habido manera de analizar objetivamente las representaciones
privadas, se han tenido que aceptar códigos lingüísticos y códigos no
lingüísticos como un pretendido reflejo
de las representaciones individuales.
No obstante, como lo prueban los estudios
semiológicos o semióticos, los estudiosos han seguido investigando las posibilidades
de comunicación que escapan al proceso de (de)codificación lingüística.
Últimamente, ha habido dos escuelas cuya influencia ha sido, y es, tan
importante como la de la semiología o semiótica en los estudios sobre la
comunicación.
La primera, la
teoría de los actos del discurso, es un enfoque muy influido por la
semiología o semiótica, aunque alguno de sus defensores no admitiera de buen
grado pertenecer a este grupo de estudiosos, prefiriendo denominarse
"pragmáticos" (sin recordar que la noción de pragmática aparece ya en los trabajos del semiótico americano
Charles Morris). Es posible que los teóricos de los actos del discurso
consideren que sus descripciones tratan de ser algo más explícitas que las de
los semiólogos o semióticos clásicos; pero la verdad es que muchos semióticos o
semiólogos pueden aceptar esta teoría sin ningún problema, ya que lo único que
hace es completar y clarificar algunos aspectos poco desarrollados en
semiología o semiótica, sin cuestionar sus presupuestos básicos.
La segunda, la
teoría pragmática de Paul Grice, es un revulsivo en el campo de los
estudios sobre la comunicación; han sido las ideas de Grice las que han abierto
la puerta a otra manera de entender cómo se comunicaban las representaciones
privadas. Pero, por razones que desconozco, Grice no quiso adaptar su teoría al
paradigma cognitivo; sin embargo, este paradigma ya era conocido gracias a los
estudios lingüísticos de otro genio americano, Noam Chomsky.
Aunque quizá peque de repetitivo, voy a intentar
hacer un resumen de los postulados de la lingüística generativa de Chomsky,
colocándola en el marco de esta exposición, por motivos de coherencia, antes de
pasar a analizar las dos teorías a que me acabo de referir[14].
En la tradición idealista, Chomsky se planteó el
problema de las representaciones lingüísticas privadas; su idea es que la mente
es un dispositivo preparado por la evolución humana para, entre otras muchas
funciones, procesar datos lingüísticos de dos maneras:
(10) Siguiendo pautas, no bien conocidas todavía, de
un mecanismo mental que Chomsky denomina dispositivo
de adquisición lingüística (o D.A.L.), el individuo humano adapta los
sonidos que percibe (como representaciones públicas de representaciones
privadas) a sus propias representaciones privadas que ya están pre-programadas
genéticamente en dicho mecanismo (lo que él llama gramática universal, o G.U.).
De esta adaptación surge en la mente de cada
individuo la gramática particular de
su idioma materno, o sea, el código lingüístico que le permitirá descifrar una
parte de los mensajes que reciba. Esta función procesadora, que es la que
Chomsky denomina competencia lingüística,
es automática y refleja, en el mismo sentido que es automático y reflejo ver el
mundo en colores y no en blanco y negro, por ejemplo. Es decir, cuando oímos (o
percibimos de otra manera) un conjunto de sonidos estructurados según nuestra
gramática particular (es decir, en
nuestra lengua) ya
internalizada, no podemos (aunque queramos) dejar de de-codificarlos.
(20) Pero para comunicarse, el ser humano necesita
algo más que (de)codificar sonidos de manera automática y refleja. Las personas
tenemos que poder fabricar representaciones mentales que de manera general
incidan en las demás representaciones mentales que poseemos en nuestra mente,
alterando así nuestro conocimiento
del mundo.
Es decir, hace falta un proceso COGNITIVO que tome
en cuenta otros aspectos, otras representaciones (públicas y privadas), otros
elementos que no pueden estar codificados como la gramática particular de
nuestro idioma nativo, y las integre con las representaciones codificadas, para
así formar el conocimiento particular del mundo de cada individuo.
En pocas palabras, en la comunicación, hay que utilizar, entre otras representaciones,
las representaciones (de)codificadas del idioma, para lograr influir en las
representaciones privadas de los interlocutores; esta utilización de la lengua
es el proceso que Chomsky denomina de actuación[15].
Y esta utilización (o actuación), repito, no es que
no tenga que ser codificada; es que no
puede serlo: se trata de dos funcionamientos distintos:
(A) El de (de)codificar es un funcionamiento
inevitable[16]: opera con
reglas de equivalencia que convierten ciertas representaciones privadas en
representaciones públicas. Estas reglas de equivalencia, aunque complejas, son
finitas y, por tanto, pueden ser descritas como un algoritmo[17].
(Precisamente, la gramática generativa intenta
establecer un tipo de algoritmo gramatical[18],
que difiere claramente de las reglas que tradicionalmente se proponen para la
lengua desde puntos de vista no formales.
Además, las reglas tradicionalmente propugnadas por
los lingüistas no normativos son representaciones públicas de creencias
privadas sobre representaciones públicas a las que se ha sometido a un proceso
de abstracción.
En cambio, las reglas que proponen los
generativistas son representaciones públicas del proceso algorítmico sobre las
representaciones privadas que constituye la competencia lingüística de cada
hablante. Y, como indicaba en la primera parte de este trabajo, el modelo que
presentan no trata de copiar exactamente la realidad del funcionamiento de
estas representaciones privadas, sino de describirlo explícitamente (de manera que opere como si fuera así) aportando resultados en todo similares a los
que se producen al (de)codificar)[19].
(B) El otro proceso, en cambio, no consta de reglas
de equivalencia parecidas a las de una gramática, no ya particular, sino ni
siquiera a la gramática general que subyace en la mente de la especie humana
(como parece que creen algunos investigadores[20]).
Se trata de un proceso mental distinto al de la
decodificación por su misma manera de funcionar. En efecto, este otro proceso,
que se conoce con el nombre de INFERENCIA, no hace equivaler representaciones,
sino que crea ciertas
representaciones (que podemos llamar CONCLUSIONES, para entendernos) a partir
de otras ya existentes en la mente (que podríamos llamar PREMISAS).
)Cómo van a ser iguales un proceso que acopla dos tipos de representaciones
(las individuales y las públicas) y otro proceso que crea nuevas representaciones?
Los efectos perceptibles de estos dos procesos
pueden parecer similares, o incluso idénticos. En efecto, a menudo, las
representaciones que se usan para crear otras representaciones son
representaciones públicas (ya sea enunciados, ya sea aspectos perceptibles del
entorno); lo cual ha lleva a los investigadores que no se basan en modelos
cognitivos, sino en los efectos perceptibles de las representaciones, a
confundir niveles de descripción.
Por ejemplo, si Jaimito está subido al balcón del
piso doce de una torre, es posible que su madre, aterrada grite:
-(Se va a matar!
Y que su padre sepa instantáneamente que se se refiere a Jaimito y no a otra
persona. Pero, en ningún código lingüístico está establecido que se equivalga a Jaimito. Es una representación individual que el padre crea a
partir de una serie de elementos, entre los que está la expresión de la madre,
por un lado, su percepción de Jaimito en el balcón, y su propia representación
individual de lo loco que está Jaimito, etc., por otro.
Mucho menos parecido al resultado de hacer equivaler
elementos (propio del funcionamiento del código) sería este otro ejemplo de
inferencia, en donde a la pregunta que Jaimito le hace a su madre de si puede
irse a jugar a la calle, ésta le contesta (!!) con la siguiente pregunta:
-)Has hecho tus deberes?
Que, según sea el caso, Jaimito interpretará como
una negativa, o como un permiso condicionado, deduciéndolo de la situación en
que se encuentre, junto con lo que decodifique de la expresión materna.
Es muy posible que los super-códigos (o códigos
semióticos, no lingüísticos) sean simplemente una manera poco ajustada de
describir procesos que, aunque en sus efectos parezcan hacer equivaler
entidades (en distintos planos estructurales, como ocurría con los actantes, o como ocurre con los
llamados códigos gestuales, situacionales, etc., o con otros códigos
culturales) lo que hacen en realidad es poner en marcha el funcionamiento
típicamente cognitivo de relacionar representaciones con representaciones de
manera creativa.
Todo esto lo veremos detalladamente abajo; ahora
pasaré a indicar someramente alguna de las características más sobresalientes
de los enfoques de los teóricos de los actos del discurso y de la teoría
pragmática de Grice.
III. ESQUEMA DE LA TEORÍA DE
LOS ACTOS DEL DISCURSO[21]
El filósofo británico, J.L. Austin[22]
observó que el hablar podía definirse
como actuar de varias maneras
simultáneas: produciendo sonidos, enunciando expresiones y realizando
actividades reconocidas (lo que hemos llamado representaciones públicas,
arriba) en las interacciones humanas.
En pocas palabras: al hablar, no sólo decimos algo,
sino que, y sobre todo, actuamos socialmente.
Esto hace que, para estos investigadores, en todo
enunciado se puedan distinguir dos aspectos: una proposición (P) que es la que contiene el contenido informativo del
mensaje hablado, y una fuerza (F) que
indica el valor social de la actuación; ambos aspectos son, para ellos, el significado del enunciado. Así, por
ejemplo, el enunciado vendré mañana
puede tener un valor positivo y constituir la representación pública de una
promesa; o tener un valor negativo y constituir la representación pública de
una amenaza.
No comprendemos, por tanto, los enunciados a no ser
que identifiquemos la proposición y la fuerza; la unidad básica del evento
comunicativo es, pues, el acto del discurso, expresable en esta fórmula: AD = F
(P).
El presupuesto básico de esta teoría es el de la
expresibilidad: Todo lo que se pueda expresar se puede decir. Por tanto, para saber lo que es un acto del discurso,
necesitamos analizar las oraciones de las lenguas naturales cuya enunciación
correcta y literal, además de indicar el contenido
del mensaje, apunta a la acción que se
está realizando al enunciarla.
La literalidad
y la corrección se basan,
respectivamente, en las reglas lingüísticas y en las normas sociales que
permiten clasificar el tipo de acto que estamos realizando a partir de su
contenido lingüístico y de sus condiciones de enunciación. El conjunto formado
por el contenido proposicional y las condiciones de enunciación es lo que constituye
las condiciones de felicidad del acto
del discurso.
Por ejemplo, comparemos las condiciones de felicidad
de dos tipos de actos del discurso en el siguiente esquema:
A) PETICIONES:
A) 1) Contenido proposicional: Acto (A) futuro del oyente (O)
A) 2) Condiciones de felicidad:
A) 2) a) PREPARATORIAS: (10) El hablante (H) cree que el O puede realizar A; (20) No es obvio
que el O haga A si no se le pide.
A) 2) b) DE SINCERIDAD: H quiere que O haga A
A) 2) c) ESENCIAL: La enunciación cuenta como un intento para conseguir que O haga A.
B) ADVERTENCIAS:
B) 1) Contenido proposicional: Evento (E) futuro
B) 2) Condiciones de felicidad:
B) 2) a) PREPARATORIAS: (10) H cree que E va a suceder y no va a ser para el bien de O; (20) H
no cree que sea obvio para O que ocurra E.
B) 2) b) DE SINCERIDAD: H no cree que E sea algo en interés de O.
B) 2) c) ESENCIAL: La enunciación cuenta como una premonición de que E no va a ser algo en
interés de O
Hay cinco maneras de utilizar el lenguaje[23]:
cinco categorías generales de fuerzas (o, como también se llaman, actos ilocutivos): (1) asertivos, (2)
directivos, (3) co(mpro)misivos, (4) expresivos y (5) declaraciones.
Las distintas clases de condiciones de felicidad
tienen el siguiente fundamento:
Las preparatorias
apuntan a las diferencias en la dirección de la relación entre palabras y
mundo; así, algunos actos ilocutivos están concebidos de manera que las
palabras se ajusten al mundo (p.e., los asertivos), mientras que en otros, lo que
se pretende es que el mundo se ajuste a las palabras (p.ej., directivos,
compromisivos, etc.)
Las de sinceridad
tienen que ver con las diferencias en las actitudes o estados psicológicos
expresados. Los distintos actos ilocutivos expresan, p.ej., creencias, deseos,
intenciones, sentimientos.
Las esenciales
se relacionan con el objetivo del acto ilocutivo, o sea: decir cómo son las
cosas (asertivos), intentar que se hagan cosas (directivos), comprometerse a
hacer cosas (compromisivos), expresar sentimientos y actitudes (expresivos) y
conseguir cambios en el mundo (declaraciones)
La investigación en el campo de esta teoría se
centra en lo siguiente: según ellos, los actos ilocutivos son conceptos naturales (es decir,
representaciones privadas quizá innatas) y, por tanto, no están ajustadamente
expresados en ninguna lengua humana (es decir, no hay representaciones públicas
claras que se correspondan con las privadas de manera automática). Por esta
razón, el estudio tiene que centrarse en el tipo de correspondencia que podría
establecerse entre (11) los actos ilocutivos (representaciones privadas que, de
alguna manera se definen a base de otras representaciones privadas
constituyentes que se presuponen, como ocurre en el cuadro de arriba, en donde,
p.ej., cree, es obvio, quiere, etc.
no se analizan) y (21) las distintas construcciones sintácticas
(representaciones públicas abstractas) de una lengua determinada.
Como se ve, esta teoría se acerca al problema de las
relaciones entre ambos tipos de representaciones; lamentablemente, los
estudiosos que siguen este enfoque piensan que las fuerzas, lo mismo que las
proposiciones, están codificadas. Por tanto, la única relación que estudian es
la de equivalencia en sus aspectos sociales y lingüísticos, con lo que, como
los semióticos, crean una serie de
supercódigos que tratan de especificar con todo lujo de detalles[24].
IV. RESUMEN DE LA TEORÍA
PRAGMÁTICA DE PAUL GRICE[25]:
Esta teoría se centra en el estudio de cómo utiliza el lenguaje la gente al
comunicarse. O sea, trata de explicar qué se quiere decir cuando se utiliza P,
en vez de averiguar qué es lo que significa P (que sería labor del lingüista).
Entendámosnos: no se niega que hallar el significado de P sea irrelevante en la
comunicación; al revés, es muy importante saber decodificar correctamente P, ya
que sólo así conoce el oyente el hecho de que el hablante tiene una determinada
intención informativa (por lo que se puede decir que P funciona como un indicio
de esa intención informativa). A este proceso se le llama descubrir lo que el
hablante dice.
Pero hace falta algo más para lograr un acto de
comunicación con éxito: el oyente tiene que averiguar cuál es esa intención,
basándose, además de en lo que ha decodificado, en cómo funciona ese
significado en tal o cual situación. Es decir, el oyente ha que tener en
cuenta, no sólo lo que el hablante dice, sino lo que el hablante implica (al decir lo que dice -en cada
momento).
Pongamos un ejemplo en el siguiente diálogo:
A: - )Le molesta el humo?
B: - Por mi, puede Vd. fumar
Es evidente que (como hubiéramos hecho nosotros probablemente en el caso de ser B) B ha
averiguado la intención comunicativa de A a partir de, por lo menos, dos
fuentes:
(1) Su conocimiento del código del español, por lo
que sabe que A le ha hecho una pregunta en la que inquiere si un determinado
objeto es, o no, desagradable para B.
Saber esto, al decodificar el enunciado de A,
funciona como parte de la sospecha (o, más bien, certeza) de que A tiene una
intención informativa. Pero esta intención puede ser múltiple; por motivos de
claridad, vamos a suponer que solamente haya dos posibles intenciones: (a) que
se trate de una pregunta genuina cuya intencionalidad sea la de recabar
información por parte de B sobre un posible desagrado de A; (b) que se trate de
una petición de permiso indirecta (esto es, en
forma de pregunta) para poder realizar alguna actividad que produzca
humareda.
(2) Por tanto, el oyente B tiene que recuperar del
contexto en donde se le hace esta pregunta algo que A no ha dicho, sino que ha
implicado (a este algo lo llama
Grice, la implicatura del enunciado).
Sólo si se recuperan las implicaturas apropiadas se conseguirá un acto de
comunicación con éxito.
Nótese que la recuperación de implicaturas no está determinada (como podría
estarlo un enunciado que no fuera ambiguo); más arriba he dicho que B ha creído
que, probablemente, A tenía la intención de pedirle permiso para realizar esa
actividad que produce humareda, por lo que le contesta dándole el permiso que
cree que A ha solicitado.
Pero, naturalmente, es perfectamente posible que A
conteste:
- Gracias, pero yo no fumo.
con lo que podría seguir este otro diálogo:
B: - Entonces, )por qué
pregunta?
A: - Me refería al humo de
aquellas fábricas.
En este caso, B, que ha sido incapaz de averiguar la
intención de A, inquiere de A que clarifique su intención; lo cual hace A al decirla, en vez de implicarla.
Grice distingue entre dos clases de implicaturas:
(10) La implicatura
convencional es aquella que,
si no codificada en el código lingüístico, al menos está fuertemente asociada a
algunos elementos lingüísticos como, por ejemplo, la que está asociada con el
tiempo pasado de los verbos. Así, si C dice:
- Andrés fumaba
existe la implicatura convencional de que ahora ya
no fuma, por lo que, si D mostrase su alegría ante el hecho de que Andrés haya
dejado de fumar, se sentiría en cierta manera engañado por la primera frase de
C, si éste le dijera esta otra:
- No, no: Andrés fumaba y
sigue fumando todavía[26].
De hecho, muchos chistes e historietas juegan con
estos errores de identificación de implicaturas convencionales, en los que se
confunde a los receptores del enunciado. En cambio, parece poco probable que
nadie pueda jugar con las contradicciones que surgirían en la siguiente
respuesta:
- No, no: Andrés fumaba y
Andrés no fumaba,
Si C contestara esto, creeríamos que está loco, pero
no que nos está tomando el pelo, porque la decodifiación de una expresión
afirmativa y de la misma expresión negativa en un solo enunciado hace que se
contradigan de manera absoluta, sin posibilidad de juego alguno[27].
(20) La implicatura
conversacional, al revés de lo
que le ocurre a la convencional que acabamos de ilustrar, no está asociada a
ningún elemento lingüístico; surge, precisamente, del esfuerzo que supone
comunicarse. Dicho de otra manera, se trata de la(s) hipótesis que el oyente
recupera (o crea) partiendo de la idea de que él y su interlocutor están
cooperando para lograr comunicarse. Esta es la parte de teoría de Grice que ha
tenido mayor aceptación e influencia en el mundo de la pragmática, por lo que
voy a desarrollarla un poco.
Grice considera importante determinar claramente qué
representa cooperar en este sentido, por lo que alude, en primer lugar, a un
principio cooperativo general (que sirve para toda cooperación), cuya
formulación es:
Principio cooperativo: Haz tu
contribución al acto cooperativo tal y como se espera de ti, con arreglo al
objetivo aceptado por los cooperantes, o a la dirección en la que se mueve la
interacción en la que estáis comprometidos los cooperantes.
P.ej., si estamos cocinando de manera
cooperativa, y en un momento dado necesito un ingrediente cualquiera, espero
que me lo des, y no que me ofrezcas, pongamos, un libro de poesías.
De este principio general, Grice hace una
especificación más ajustada para el acto cooperativo comunicativo,
desarrollándolo en cuatro máximas (o normas de conducta):
1. Máxima de la calidad: trata de que tu
contribución sea veraz y, en especial, (a) no digas lo que crees ser falso, (b)
ni afirmes aquello de lo que no tengas pruebas razonables.
2. Máxima de la cantidad: no hagas que tu
contribución sea ni más ni menos informativa de lo que se requiera en el
momento.
3. Máxima de la relación: sé relevante.
4. Máxima de la claridad expositiva: sé claro en la
construcción de tu enunciado y, en especial: (a) evita lo farragoso, (b) evita
la ambigüedad y (c) sé ordenado.
Alguien[28]
ha comparado estas máximas con las del boy
scout o buen chico comunicador, lo
cual no deja de tener cierto sentido, incluso para el mismo Grice, como vamos a
comprobar seguidamente:
En efecto, la idea de Grice es que el
proceder comunicativo funciona, a grandes rasgos, de la manera siguiente:
En primer lugar, de la gran variedad de
intenciones que pueda tener el hablante al decir un enunciado, el oyente boy scout ha de eliminar todas aquellas
que serían incompatibles con la idea de que el hablante es también un buen
chico comunicador[29];
por tanto, presume que está observando el principio de cooperación, en general,
y las cuatro máximas, en especial. Si, por lo que sea, el hablante violara
estas normas, el acto de comunicación resultaría fallido, como podemos ver en
la siguiente batería de ejemplos:
e.1. La religión
cristiana es la única verdadera, pero yo no me la creo.
(Se está violando la máxima de la calidad,
especialmente por decir aquello que creo que es falso; )cuál es, pues, el mensaje?).
e.2. La bandera
española es roja.
(Se está violando la máxima de la cantidad,
porque se ofrece menos información de la necesaria: que la bandera española es
también gualda; luego la comunicación falla en el mensaje).
e.3. Las variables
intermedias median, o intervienen, entre los conceptos de naturaleza
rigurosamente observacional.
(Se está violando la máxima de la relación,
porque el enunciado carece de relevancia en este momento y es, por tanto,
difícilmente interpretable como mensaje).
e.4. El ranchero
solitario galopó hacia poniente y saltó sobre su caballo.
(Se está violando la máxima de la claridad
expositiva, concretamente la necesidad de ser ordenado en la organización de
lo que expresa el enunciado: uno salta sobre el caballo para galopar después hacia alguna parte, no alrevés;
este mensaje resulta ininterpretable).
En segundo lugar, y esta es otra idea
absolutamente nueva de Grice que ha tenido gran aceptación, hay veces que un
hablante puede violar ostensiblemente alguna de las normas comunicativas que
hemos llamado máximas, pero si se sabe que se mantienen las ganas de seguir
cooperando, por parte de los interlocutores, se produce un efecto comunicativo
distinto al que se podría haber accedido sin violar las máximas. A este segundo
mecanismo de violación de máximas sin perder, por ello, valor comunicativo lo
denomina Grice explotar las máximas.
Ilustremos estos casos con otra batería de ejemplos:
e.5. La pluma del
escritor es su arma.
(No es verdad que una pluma sea un arma, como
una escopeta o una navaja; sin embargo, esta clara falsedad es interpretable de
otra manera porque se supone que está en marcha la cooperación comunicativa por
encima de la evidente violación de la máxima de la calidad).
e.6. La guerra es
la guerra.
(Se trata de una tautología, o sea de un
aporte de información nulo; sin embargo, ante la evidencia de que se está
violando la máxima de la cantidad pero manteniendo en pie la cooperación
comunicativa, es posible sacar otra información (no tautológica) de esta
expresión).
e.7. A: - )Dónde
está mi caja de bombones?
B: - )Dónde están las nieves de antaño?
(La respuesta de B es absolutamente
irrelevante, pero de manera tan evidente que, si suponemos que B no ha querido
romper el principio de la cooperación, está diciendo otra cosa que una pregunta
sobre un fenómeno atmosférico).
e.8. La cantante
de potentísima garganta increíble realizó una cadena verdaderamente asombrosa
de múltiples gorgoritos que algún afortunado mortal provisto de inteligencia
preclara podría haber identificado con el aria final de Tosca.
(Si este enunciado, evidentemente farragoso,
se emplea, violando la máxima de la claridad expositiva, para decir que la diva
cantó dicha aria, está claro que expresa algo más que ese simple hecho).
Grice ha tenido, repetimos, una enorme
influencia en los estudios de pragmática modernos; sus ideas originales son
muchas, pero las más sobresalientes son las dos que hemos apuntado aquí:
(1) Que, en la comunicación humana, además de
decodificar enunciados, hemos de averiguar las intenciones comunicativas de los
hablantes.
(2) Que estas intenciones comunicativas se sacan, no sólo del enunciado, sino
conjuntamente de éste y de ciertas normas de comportamiento cooperativo que se
suponen en marcha en toda comunicación; e incluso del no cumplimiento de
algunas de estas normas, si se piensa que la cooperación comunicativa está en
marcha de manera general.
Dije anteriormente que el problema de la
teoría pragmática de Grice era que no se basó en las posibilidades que aportaba
el nuevo paradigma cognitivo. Cualquiera puede darse cuenta de sus fallos, a
pesar de la importancia de sus intuiciones, si las observaciones que he hecho
en la primera sección de este trabajo han logrado ser claras y pueden, por
tanto, aceptarse sin demasiados problemas. Mencionaré algunos muy obvios:
Existe una clara confusión de niveles en la
descripción de Grice que, como ocurre en muchas descripciones de las ciencias
humanísticas, no distingue entre representaciones públicas y representaciones
privadas. Parece que el principio de la cooperación es una representación
pública que se percibe en un comportamiento específico (el de realizar una actividad
de manera conjunta con un fin determinado); pero es evidente que ese fin determinado es, la mayor parte de
las veces, una representación privada que no se explicita la mayor parte de las
veces. Por ejemplo, )cuál es el fin determinado del siguiente intercambio?
A: -)Es tan
amable?
B: -Sí, dígame.
A: -)Por dónde se
va a El Rocío?
B: -)Al Rocío? Pues
no sé, no soy de la zona, lo siento.
A: -Ah, perdone.
Gracias.
B: -De nada.
Adiós.
C. -Adiós.
Cada uno de los participantes tiene un fin
determinado individual que el otro desconoce; el único fin determinado claro es
que están hablando y tratando de comunicarse; y éste se ve (en este caso), o se
oye, por lo que es, por tanto, público. Pero, entonces, si el único fin
determinado que se percibe es que están comunicando, )cómo se distingue esa
conversación perfectamente "normal" de esta otra evidentemente
inusual?
A: -)Es tan
amable?
B: -Ser o no ser,
ese es el problema
A: -Pongamos que
me llamo Evaristo, )no cree?
B: -Cuando como
tarde me duelen las meninges.
A: -No, me niego.
B: -Tres catorce
dieciséis.
Lo que se percibe, la representación pública,
es que estos dos interlocutores están actuando con el fin de comunicarse; pero sabemos que en esta actuación no hay
ninguna cooperación. Y lo sabemos porque ... )qué? Dejo al lector contestar
esta pregunta[30].
El principio cooperativo es algo que saben
(representación privada, basada en... )?) los interlocutores. Esta indefinición
incide en la carencia de potencia explicativa del concepto. )Cómo saben los
interlocutores cuando se violan las máximas y cuando se explotan, si el
mecanismo perceptible es el mismo? Lo saben, y punto; como lo sabemos nosotros,
de manera personal e intuitiva. Y, además, sin ningún género de dudas.
Entonces, )para qué necesitamos explicar algo que ya sabemos?
Por otra parte, esas máximas, )qué son? Si no
son (como no parece que sean) reglas codificadas en un determinado
"supralenguaje" social o cultural, )qué supone eso de violarlas ((nada menos!), o eso de explotarlas ((en fin!) en realidad? Es
decir, )qué hace que podamos siquiera pensar que algo que no sabemos en dónde
existe (si es que existe) pueda utilizarse de alguna manera tan específica?
Seguimos construyendo castillos conceptuales
en arenas teóricas, no ya movedizas, sino inexistentes; eterno problema de las
ciencias humanísticas no cognitivas. Como anteriormente he apuntado, sin
embargo, estas arenas movedizas inexistentes no son tales en nuestra mente:
todos hemos entendido lo que quería decir Grice con sus máximas, y una gran
serie de investigadores ha funcionado y continua funcionando utilizando estas
ideas de manera intuitiva, sin encontrar problemas en su aplicación, ya que
para eso están representadas individualmente en nuestra mente, una vez
descritas por Grice. Lo que lamentablemente ocurre es que cada persona tiene su
propia representación individual del tema y así, por ejemplo, hay
investigadores que señalan que debe de haber más máximas de las cuatro que ideó
Grice[31].
Igualmente, podría haber menos; no hay verdaderas razones; sólo la existencia
inexplicada de ciertas representaciones individuales en cada uno de los seres
humanos que tengan este tipo de ideas.
Todo esto indica que, a pesar de estos
fallos, las representaciones públicas que se hacen privadas sirven para
construir entramados conceptuales que luego podemos hacer públicos y ponerlos
en tela de juicio, para así seguir investigando. Lo que quiero decir es que
muchas de estas ideas, aunque no hayan sido claramente descritas y fallen a veces
en su potencia explicativa, son útiles para fijar nuestra atención en algunos
fenómenos, cuya intuición (antes de nombrarlos) la mayor parte de las veces ni
siquiera teníamos.
En la última parte de este trabajo, en la
teoría cognitiva de la comunicación humana que han desarrollado Dan Sperber y
Deirdre Wilson, observaremos cómo se han definido y hecho funcionales algunos
de los conceptos de las teorías no cognitivas que acabamos de comentar.
Probablemente, sin esas intuiciones, el enfoque cognitivo que seguidamente
esquematizaré sería distinto.
V. TEORÍA
COMUNICATIVA DE LA RELEVANCIA:
No es mi intención hacer una exposición
detallada sobre la teoría de la relevancia[32],
ya que existen suficientes fuentes para aquellos que tengan interés en conocerla
a fondo[33].
Mi idea, en la última parte de este trabajo,
es mostrar cómo algunos viejos conceptos quedan formalmente explicados y son,
por ello, candidatos a elementos funcionales de, pongamos, un programa de
ordenador futuro; a la vez, se plantean otros de nuevo cuño cuya descripción se
intenta explicitar de la misma manera. En lo que sigue, por tanto, haré un
esquema de la teoría, por una parte, y definiré los conceptos de manera
objetiva y funcional, por otra.
10) Esquema de la teoría:
Si queremos entender lo que es un acto de
comunicación humano, hemos de distinguir:
A) Qué se
comunica: se comunica una
representación privada de un evento o estado del mundo (real o imaginado) que
puede ser:
A) 1) Un PENSAMIENTO que es una representación
privada formada a base de una (o un esquema de varias) hipótesis fuertemente
manifiesta(s) en el contexto mental del individuo en un momento dado.
A) 2) Una IMPRESIÓN: que es una representación
privada formada a base de un conjunto de hipótesis débilmente manifiesta(s) en
el contexto mental del individuo en un momento dado.
A) 3) Una ACTITUD: que es la indicación sobre cómo
se deben procesar los pensamientos o las impresiones, según dos parámetros
básicos: (1) el tipo de relación que el hablante mantiene con lo expresado (actitud proposicional); (2) el tipo de
relación que el hablante se adjudique en el intercambio comunicativo (fuerza ilocutiva)[34].
B) Cómo se
comunica A: se comunica
convirtiendo las representaciones privadas de A en representaciones públicas,
lo cual se consigue de dos maneras básicas:
B) 1) Explícitamente: que se consigue:
B) 1) a) CODIFICANDO la representación privada del
hablante en una representación pública de la misma que denominaremos FORMA
LÓGICA; esto es, una estructura perceptible que se relaciona con la
representación privada del hablante de manera lógica: es decir, compartiendo los mismos ENTRAÑAMIENTOS[35].
Esto es lo que sería el mundo de la SEMÁNTICA en sentido estricto.
Está claro que, para entender al hablante, el
oyente tiene que reconvertir esta forma lógica en una representación privada
suya que comparta los mismos entrañamientos, con lo que se consigue adecuar la
representación privada semántica del hablante con la representación privada
semántica del oyente de manera (casi) total, si la codificación funciona sin
problemas.
B) 2) b) INFIRIENDO una representación pública, que
denominaremos FORMA PROPOSICIONAL, a partir, por un lado, de la forma lógica y,
por otro, de elementos del contexto mental de los interlocutores. Ambos tipos
de representaciones (las formas lógicas y los elementos del contexto mental)
funcionan como hipótesis de las que se deducirán conclusiones que formarán el
contenido de la forma proposicional.
El resultado de estas operaciones de
inferencia, en las que entran como hipótesis, tanto la forma lógica
decodificada, como los elementos contextuales de los interlocutores, es lo que
se conoce con el nombre de EXPLICATURAS; las cuales son de tres tipos: (1) las
que se requieren para resolver las posibles ambigüedades que pudieran surgir al
(de)codificar, (2) las que se realizan para asignar referencias a los
elementos (de)codificados que lo
necesiten y (3) las que hace falta hacer para determinar el ámbito específico
de ciertos elementos genéricos del código lingüístico. Mucha SEMÁNTICA tradicional amplía su cometido a este
tipo de significado proposicional.
Pongamos un ejemplo ilustrativo con el
siguiente enunciado:
Esos bancos se
encuentran muy lejos
En este caso, si conocemos el código del
español, sabemos que:
1. ALGO se
encuentra muy lejos
2. Esos bancos
ESTÁN muy lejos
3. Esos bancos se
encuentran EN ALGUNA PARTE DISTANTE
4. EXISTE UN
ESTADO DE COSAS,
etc.
Estas expresiones están entrañadas en el enunciado; es decir, forman parte del análisis de su significado[36].
La negación de cualquiera de esas expresiones entrañadas acarrearía una
consecuencia lógica: la contradicción. Por eso denominamos al resultado de la
(de)codificación, la "forma lógica",
ya que conocemos sus relaciones de este tipo con otros posibles enunciados.
Para ir más allá en el proceso de
comprensión, hemos de realizar otro tipo de operaciones que no se basan
solamente en la decodificación, sino que toman elementos del contexto mental.
Así, por ejemplo, si tomamos alguna hipótesis
del contexto y la hacemos coincidir con la palabra (de)codificada banco, podremos concluir si nos estamos
refiriendo a un sitio para guardar dinero o uno para sentarse; si hacemos lo
mismo con esos, llegaremos a imaginar
a qué bancos nos estamos refiriendo; por último, la expresión muy lejos ha de concretarse de la misma
manera (muy lejos )para qué, con arreglo a qué?, etc.). Estas deducciones son
las que consiguen enriquecer la forma lógica (de)codificada con explicaturas, con lo que ya podemos
decir que conocemos la forma proposicional del enunciado.
B) 2) Implícitamente: que se consigue únicamente mediante el proceso inferencial[37]
de sacar conclusiones de las hipótesis que son manifiestas, en varios grados,
dentro del contexto mental (la forma proposicional de los enunciados procesados
es una de las hipótesis contextuales,
ya que está procesada y se halla en la mente).
Estas conclusiones son las IMPLICATURAS que,
a diferencia de lo que ocurría en la teoría de Grice, no están divididas en dos
grupos (convencionales y conversacionales) demasiado vagamente definidos para
ser funcionales en el sentido cognitivo.
Lo que sí distingue unas implicaturas de
otras es la manera de cómo se representan en la mente. Al ser conclusiones, las
implicaturas son más o menos potentes: desde las que son casi inescapables,
hasta las absolutamente inefables. En principio, el hablante ha de responsabilizarse
de las implicaturas recuperables de manera obvia; su responsabilidad se va
diluyendo a medida que la fuerza de las conclusiones disminuye, llegándose al
caso de que algunas conclusiones muy débiles son de responsabilidad exclusiva
del oyente.
Si continuamos con el ejemplo anterior, y
suponemos que el enunciado Esos bancos
están demasiado lejos se ha dicho en un entorno en donde hay una persona
mayor que está cansada y quiere sentarse, la implicatura más fuerte (y, por
tanto, querida por el hablante) será que No
vamos a intentar llegar a esos bancos. Una implicatura muy débil, en
cambio, podría ser La culpa de todo la
tiene el gobierno que, naturalmente, es de la exclusiva responsabilidad del
oyente (y que, por ello, el lector tendrá dificultad en imaginar cómo pudo ser
derivada).
C) EL PRINCIPIO DE
LA RELEVANCIA (P1R0):
C) 1) Razón de su
existencia: Así como la
(de)codificación es un proceso que se acaba al (de)codificar la última señal
que aparece en el enunciado, el proceso inferenciador carece de un límite lógico, por lo menos en lo que a las
implicaturas menos potentes se refiere. Si esto fuera así naturalmente, entonces jamás se podría terminar de interpretar los
mensajes; por ello, es preciso que exista un límite establecido por la
naturaleza humana que haga viable la comunicación. Este límite es la
relevancia: en efecto, solamente se procesan las hipótesis que a los interlocutores
les parezcan relevantes en un momento dado.
Intuitivamente, la afirmación anterior es
comprensible; sin embargo, si queremos un modelo objetivo de lo que es o no es
relevante, hemos de definir más ajustadamente el concepto[38].
Consideraremos que la relevancia es una
función de EFECTOS CONTEXTUALES y ESFUERZO DE PROCESAMIENTO. Es decir, si todo
lo demás se mantiene igual, cuantos más efectos contextuales logre un mensaje,
más relevante será. Si todo lo demás se mantiene igual, cuanto menos esfuerzo
cueste procesar un mensaje, más relevante será.
Debemos ahora definir lo que son los efectos
contextuales, si queremos que nuestro modelo siga siendo operativo. Llamamos
efectos contextuales a: (1) las IMPLICACIONES CONTEXTUALES que se consiguen al
derivar conclusiones con información nueva de un conjunto de premisas que no la
contienen; (2) el REFORZAMIENTO de hipótesis; y (3) el DEBILITAMIENTO de
hipótesis y su eventual CANCELACIÓN.
Por ejemplo: de la hipótesis contextual Si llueve no voy a trabajar, y del
enunciado que me dice X: Está lloviendo,
como premisas, es posible sacar la conclusión No voy a trabajar, que no era información contenida en ninguna de
las dos premisas, sino en la síntesis de las dos[39].
O, si creo que está lloviendo por el ruido que oigo en la ventana y X me dice: está lloviendo, se refuerza mi
hipótesis, mientras que si X me dice: tu
padre está regando el jardín, se debilitará la hipótesis de que llueve y,
eventualmente, podrá desaparecer de mi contexto mental.
Del ESFUERZO PROCESADOR no podemos aportar
una descripción tan tajante y estrictamente operativa. Sin embargo, es posible
apuntar algunas de sus características: (1) es intuitivamente (y lógicamente,
también) cierto que procesar más información en un mismo contexto, o la misma
información en un contexto más amplio o menos accesible cuesta más esfuerzo;
(2) la frecuencia de utilización de una representación (palabra, concepto,
hipótesis, regla, etc.) reduce la cantidad de esfuerzo que se requiere para
reutilizarla; (3) la proximidad de utilización tiene un efecto similar; (4)
existen también conclusiones experimentales que prueban que algunas construcciones
lingüísticas son más fácilmente procesables que otras; (5) finalmente, un
indicio que se puede emplear es el del tiempo que se tarda en procesar una
determinada información, aunque esto no es siempre fiable.
C) 2)
Funcionamiento individual del P1R0: Si la relevancia se midiera solamente por la
cantidad de efectos contextuales, cuantos más se consiguieran, mejor. Pero
estaríamos, de nuevo, ante la imposibilidad de (acabar de) comunicar nunca.
Precisamente, el esfuerzo procesador es el
que determina cuándo nos paramos y dejamos de buscar más efectos contextuales.
Se produce, por tanto, el efecto de optimización
de la relevancia que, contrariamente a lo que supondría el efecto de maximización de la relevancia, tiene en
cuenta el equilibrio justo entre cantidad de efectos contextuales y cantidad de
esfuerzo procesador que se producen en un acto de comunicación; o sea, en
cuanto el receptor crea que ha conseguido suficientes efectos, con el esfuerzo
mínimo, se parará y no seguirá procesando hipótesis.
Por tanto, y esto es importante, la primera
interpretación que ocurra que cumpla este equilibrio será la única interpretación posible en
cada caso. Lo cual significa que la relevancia puede cambiar, según las expectativas
de relevancia del receptor y los esfuerzos que esté preparado para hacer.
Este es básicamente el esquema de la teoría
de la relevancia; existen todavía algunos problemas de descripción operativa
que hay que resolver. En la última sección de este trabajo intento mostrar
algunas posibilidades en este sentido:
21) Descripción de algunos conceptos de la
teoría:
A) Contexto: Da la impresión de que muchas veces se
utilizan como (casi) sinónimos las palabras contexto
y entorno. Tenemos que tener claro
que contexto es un constructo mental formado por (la estructura de) las
representaciones privadas de cada individuo; en este sentido se identificaría
más bien con lo que se denomina VISIÓN DEL MUNDO personal.
Este concepto de contexto es demasiado amplio
ya que todas nuestras hipótesis sobre
el mundo no están todas accesibles en
todo momento. Por ello hay que
limitar el ámbito del contexto al conjunto de hipótesis sobre el mundo que son
accesibles o que pueden ser accesibles (o, como se dice en la terminología de
la teoría de la relevancia, que son MANIFIESTAS o POTENCIALMENTE MANIFIESTAS).
Precisamente, el objetivo de la comunicación
humana es hacer mutuamente manifiestas algunas de estas representaciones,
utilizando representaciones que, como las (de)codificadas son mutuamente
manifiestas; o que, como las premisas, pueden ser consideradas mutuamente
manifiestas o, si no lo son, conseguir que lo sean para servir de entrada a las
inferencias con las que pretendemos hacer mutuamente manifiestas las
conclusiones. Como este párrafo puede resultar un tanto pesado de digerir,
sigamos ilustrando con ejemplos lo que quiero decir:
1) Para los que hablamos español es
mutuamente manifiesto que la palabra sí
es una representación pública de una aquiescencia que, probablemente sea la del
hablante en un momento dado.
2) En la situación en donde alguien nos acaba
de preguntar sobre si vamos a dejar el aparcamiento, es mutuamente manifiesta
la hipótesis de que en efecto, vamos a irnos; mutuamente manifiesta la
hipótesis de que el que pregunta va a aparcar, etc.
3) En la misma situación, es manifiesta la
hipótesis de que sabemos conducir y desaparcar; es manifiesta la hipótesis de
que el coche en donde nos encontramos funciona, etc.
4) En la misma situación, es potencialmente
manifiesta la hipótesis de que el coche no es robado; es potencialmente
manifiesta la hipótesis de que no estoy desnudo de la cintura para abajo, etc.[40]
El contexto es algo que se va creando a
medida que interactuamos con el entorno; en el proceso comunicativo, por tanto,
creamos contexto a medida que nos vamos adentrando en él. La creación del
contexto depende de diversas fuentes: (1) del entorno situacional en donde
tiene lugar el evento comunicativo; (2) de los enunciados que preceden a cada
enunciado determinado (y que algunos llaman cotexto);
(3) de los conceptos al que apuntan las palabras que aparecen en el enunciado
mismo[41].
Esto último requiere una explicación, siquiera somera, de lo que es, en este
modelo, un concepto.
B) Los conceptos: Es cierto que tenemos un concepto muy poco
claro de lo que es un CONCEPTO. Intuimos que los conceptos son los
constituyentes de las representaciones privadas, pero no sabemos todavía a qué
responden estas representaciones privadas. Solamente podemos empezar a
aclararnos si integramos el concepto concepto
en la memoria[42]. En efecto,
nada es un concepto a no ser que conecte con otras cosas que también son
conceptos; la propiedad de ser concepto es la CONECTIVIDAD, una cualidad que
proviene de estar incrustado en un tipo complicadísimo de red: la red que
constituye la memoria.
Los conceptos son, por tanto, las propiedades
ESTRUCTURALES o TOPOLÓGICAS de esa red que es la memoria.
En la teoría de la relevancia, los conceptos
son topológicamente los nudos de la
red que imaginamos como casillas. Estas casillas están estructuradas en tres entradas con distinto tipo de información
cada una: (1) una ENTRADA LÉXICA que asocia el concepto con una determinada
representación (de)codificable, o palabra; (2) una ENTRADA FORMAL que indica
qué tipos de operaciones lógicas (analíticas, sintéticas, etc.) se pueden
realizar con él; y (3) una ENTRADA ENCICLOPÉDICA que es la que indica las
relaciones de esta casilla con las demás de la red.
C) La intención: Hasta ahora, hemos ofrecido un modelo
objetivo de la comprensión de mensajes; en efecto, una posible máquina futura
que incorporara los mecanismos que hemos descrito sabría interpretar, en
principio, cualquier mensaje.
De esta manera, hemos dejado pensar que la
producción de mensajes era un proceso similar y simétrico, aunque esto no es
obvio. Por ejemplo, )qué es lo que impulsa al hablante a enviar un mesaje? En
pocas palabras, si queremos un modelo objetivo de emisor de mensajes hemos de
comprender qué es la INTENCIÓN, o cómo se programaría una máquina que en un
momento determinado intentara enviar
mensajes.
No vamos a entrar en polémicas y abusar de la
paciencia de los lectores[43],
pero queremos apuntar a una posible idea de lo que sería considerado
"intencion(alidad)" en un modelo objetivo con posibilidad de
realizarse algún día: se trataría de una ingente cantidad de pequeñas
prioridades, tendencias, accesibilidades, etc. (todas programables) que, al interactuar todas juntas, se podrían considerar
DESEOS en otro nivel de descripción.
Es decir, si logramos hacer máquinas lo suficientemente complejas, es posible
llegar a considerarlas como si estuviesen intentando
realmente conseguir algo; mientras que, por ahora, su excesiva simplicidad no
nos permite describirlas más que como ejecutoras de los deseos de las personas
que las utilizan[44].
Con estas puntualizaciones y teniendo en
cuenta que este trabajo introductorio es muy extenso ya, terminaremos por ahora
con la esperanza de que se vislumbre la cualidad objetiva y funcional del
modelo propuesto.
No se traen nuevas ideas, realmente, sino una
nueva manera de encararse con viejos problemas; quizá el cambio de enfoque
ayude a solucionar algunos de ellos.
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[1] Quiero agradecer al profesor e investigador, Dan
Sperber (director del grupo de investigación Raisonnement del Centre de Recherches Epistémologiques Appliquées,
organismo dependiente del Centre National de la Recherche Scientifique francés)
su inestimable ayuda durante mi estancia en París el año l994, así como a su
colaborador, el Dr. Francesco Cara, sin cuyas ideas y apoyo en todos los
órdenes mi trabajo hubiera resultado mucho más difícil de realizar. Igualmente,
agradezco a la Conserjería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía y
al Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Cádiz por haberme
concedido una beca con la que pude afrontar mi desplazamiento a Paris para
realizar mi trabajo.
[2] Un tratamiento muy interesante
de los tipos de representaciones mejor estudiados de manera fenomenológica (es
decir, con arreglo a lo que a nosotros nos parece que representa nuestra mente)
está en LEVELT (1993), pgs 72 y ss.
[3] Algunos investigadores piensan que se trata de
buscar objetos, que podríamos denominar sistemas
simbólicos, realizables de manera física y cuyos cambios de estado
estuvieran determinados por procedimientos de manipulación sobre su
estructuración física (NEWELL, A. & SIMON, H.A., 1976); sin embargo, no
está muy claro si todas las representaciones mentales son o no son simbólicas (Cfr. RIVIÈRE, A., 1991).
[4] Cfr. ATLAN, H. (1986): p.49. Concretamente, las palabras de Niels Bohr son
las siguientes: Physics is not about how
the world is, it is about what we
can say about the world. (citado en
DAVIES, P. & GRIBBIN, J. (1991), p.21). No obstante, ver la nota
siguiente.
[6] Ya Oscar Wilde se dió cuenta de
esta necesidad cuando afirmaba (cito de memoria) que las cosas físicas existen
por sí mismas, mientras que las cosas espirituales ()nuestras
representaciones?) solamente existían cuando hablábamos de ellas.
[7] Aunque estas interpretaciones puedan jugar también
un papel importante en la creación de representaciones válidas para los seres
humanos (Cfr. SPERBER (1985a) y (1990))
[8] Es apropiada en este punto, la siguiente idea:
Primeramente, la mente humana, incluyendo la
conciencia y el pensamiento reflexivo, pueden explicarse como actividades del
sistema nervioso, el cual, a su vez, puede reducirse a la estructura y la
función biológica de este sistema fisiológico. En segundo lugar, los fenómenos
biológicos en todos los niveles pueden ser totalmente entendidos en términos de
física atómica; es decir, a través de la acción e interacción de los átomos de
carbono, nitrógeno, oxígeno, etc. que componen la materia. En tercero y último
lugar, la física atómica, que actualmente se comprende, sobre todo, a través de
la mecánica quántica, debe formularse teniendo en cuenta la mente como un
componente primitivo del sistema. (MOROWITZ, 1980).
El autor apunta a la posibilidad de que, debido a
esta última exigencia de incluir la mente en la física, los enfoques materialistas
sean, después de todo, incompletos, ya que una ciencia tan "material"
como la física necesita incorporar algo tan "evanescente" como la
mente para lograr explicaciones adecuadas. Mi impresión es que si tenemos la
posibilidad de crear un modelo de la mente que funcione de manera
"material", como el que propugnan los cognitivistas, está claro que
este círculo no implica nada de lo que infiere el autor, sino, exactamente lo
contrario: que toda explicación, no sólo puede, sino que tiene que ser causal y,
por tanto, de carcater materialista si quiere ser apropiada.
[10] Por ejemplo, cuando Fodor hizo la descripción de la
teoría modular de la mente (FODOR, l983), sus ideas se vieron en parte corroboradas
por los hallazgos neurobiológicos (Cfr.
DAMASIO & DAMASIO, 1993; KANDEL & HAWKINS, 1993), pero se quedó
"corto" en la extensión de la modalidad en la mente (Cfr. DENNETT, 1991); es por ello por lo
que otros cognitivistas han ampliado el concepto modular, haciéndolo mucho más
acorde con los descubrimientos de la nerobiología (Cfr. SPERBER, 1994).
[11] Esta es la impresión que se
tiene si se observan los esfuerzos de los investigadores desde la altura, como
algo que sucederá en el futuro inevitablemente. Sin embargo, para los que están
trabajando en cada uno de los campos directamente relacionados con el tema de
la mente, el cuadro que acabo de pintar es demasiado "idílico"; su
"realidad" está quizá mejor expresada en este pasaje:
")Por qué (...), pregunta
la gente de Inteligencia Artificial, perder el tiempo con esos
neurocientíficos? Hacen gestos grandielocuentes sobre el "procesamiento de
la información" y se preocupan de dónde sucede todo, qué neurotransmisores
se ven envueltos en ello y esas cosas tan aburridas, pero no tienen ni idea de
los requisitos computacionales de las funciones cognitivas elevadas. )Por qué, preguntan los neurocientíficos,
perder el tiempo con las fantasías de la inteligencia artificial? Se inventan
la maquinaria que les da la gana y dicen cosas imperdonablemente ignorantes
sobre el cerebro. Los psicólogos cognitivos, mientras, se ven acusados de
elucubrar sobre modelos sin plausibilidad biológica ni potencia computacional
probada; los antropólogos no sabrían lo que es un modelo ni aunque lo vieran, y
los filósofos, como todos sabemos, sólo se ocupan de la colada de los colegas,
poniendo en guardia sobre las confusiones que ellos mismos crean en un ruedo
desprovisto, a la vez, de datos fiables y de teorías comprobables
empíricamente. Con tantos idiotas trabajando sobre el problema, no es extraño
que la conciencia siga siendo todavía un problema." (DENNET, D.,
1991:254/5)
[13] Como hizo John von Neumann con la máquina de
Turing, convirtiéndola en la base de los modernos computadores. Cfr. DENNETT (1991): 210 y ss.
[14] Es imposible citar aquí la extensísima bibliografía
de este prolífico autor sobre el tema; estas ideas aparecen ya en CHOMSKY
(1965), si no antes, y se repiten en varias obras posteriores.
[15] En inglés,
performance, carece de traducción exacta al castellano; actuación es una de las posibilidades;
otra, más arriesgada, es la de llamarlo performancia,
que no suele agradar mucho a los puristas de la lengua.
[16] Para algunos investigadores se trata incluso de un
proceso reflejo (GRUNBACH, 1994);
opinión, sin embargo, no compartida por FODOR, 1983.
[17] Algoritmo significaba originariamente cálculo, pero hoy en día se refiere a
cualquier procedimiento de computación que sea, a la vez, efectivo y mecánico;
efectivo, porque, si se aplica ajustadamente, aportará un resultado definitivo;
mecánico, porque no se requiere más que seguir los pasos preestablecidos de antemano,
sin saltarse el orden de los mismos. (Cfr.
GUTTENPLAN, 1986).
[18] Incidentalmente, he de apuntar que los famosos
"cambios de teoría" de Noam Chomsky, con los que se pretende
descalificarle a veces, no son tales; se trata, más bien de cambios en los
algoritmos descriptivos de las operaciones mentales, algunos de los cuales
puede que transformen algo la concepción básica del funcionamiento del código
lingüístico, pero no alteran en absoluto la teoría chomskyana que sigue siendo
cognitiva en este sentido que estamos apuntando.
[19] Por ello me parece que la discusión de si los
modelos generativistas son psicológicamente reales o no carece de sentido en el
momento presente.
[21] Parte de este resumen está basado en las notas
mecanografiadas que la profesora Robyn Carston, del University College of
London, repartió en su seminario sobre la teoría de la relevancia en Vitoria en
1989, aunque aquí los he adaptado al contenido del trabajo.
[24] Cfr.
WIDDOWSON, H. (1979) tiene una buena descripción de las maneras de imaginar
estos códigos por diferentes investigadores que siguen este enfoque; por no
alargar esta exposición me remito a este autor.
[25] Cfr.
GRICE, P. (1975) y (1978), sobre todo. Parte de este resumen es una adaptación
de una clase de la profesora Deirdre Wilson, policopiada para sus estudiantes
en el University College of London.
[26] El que es una implicatura indica que en ciertos
casos puede no funcionar así en absoluto. Por ejemplo, si alguien nos ofrece un
cigarrillo preguntando: Tú fumabas, )no?,
el pasado en este caso no indica que ya no se fume de manera clara.
[27] Esto no es enteramente verdad, como veremos más
adelante, ya que esa expresión, en algún contexto, podría ser interpretable de
varias maneras que dejo al lector imaginar. Precisamente, este es uno de los
fallos de la teoría de Grice que enseguida ilustraremos con más razones.
[29] Soy consciente del sesgo machista de esta
expresión; parece que el "buen chico comunicador" es la expresión
genérica menos marcada en este contexto; la "buena chica
comunicadora" limitaría mucho el ámbito de la representación que quiero
inducir; mientras que la "buena persona comunicadora" resulta menos
apropiada, ya que no apunta exactamente a lo mismo. Por ello, y sin que sirva
de precedente, por esta vez lo dejaré tal cual está.
[30] Es evidente que en ciertos momentos incluso este
diálogo podría ser comunicativo: comunicando otra cosa de la que aparece dicha.
Es decir, si consideramos que se violan las máximas y se mantiene en pie el
principio de la cooperación. Si esto no fuera así, los surrealistas no
comunicarían nada de nada; y aunque ésta sea una impresión muy extendida en el
común de los mortales, está claro que los discursos surrealistas tienen un
público nada desdeñable. Se necesita una teoría que explique estos efectos (el
rechazo mayoritario y la aceptación de los iniciados); y, como acabamos de
comprobar, esta teoría explicativa no
es la de Grice.
[32] Sé que teoría
de la pertinencia sería mejor
aceptado, desde el punto de vista terminológico del español (de hecho, el
propio Dan Sperber ha traducido el nombre de su teoría al francés como théorie de la pertinence). Sin embargo,
pienso que, al ser una teoría que es también un cambio de paradigma, un nombre
un tanto ajeno a la jerga lingüística tradicional
no me parece descabellado. Por otra parte, lo no pertinente en español se
convierte a veces en impertinente, lo
cual acarrea connotaciones no deseadas, mientras que irrelevante es algo perfectamente asumible sin dobles intenciones.
Contra esta opinión, ver PORTOLÉS, en este mismo número de la Revista de Pragmalingüística.
[33] En especial, evidentemente, la obra de los dos
creadores de la teoría (Cfr. SPERBER, D. & WILSON, D., 1986) que, a veces,
resulta de difícil lectura para los no iniciados en modelos explícitos del tipo
que se pretenden crear en las ciencias cognitivas. Mucho más sencillo de leer,
sin perder por ello ni un ápice de interés y rigor es BLAKEMORE, D. (1992), que
recomiendo vivamente a los interesados.
[34] Nótese que aquí utilizamos, por primera vez en este
apartado, un término no muy bien definido de otra teoría, la de los actos del
discurso, dándole un contenido objetivo y funcional muy claro dentro de este
modelo explicativo. El lector se percatará que esto ocurre en varias otras
ocasiones.
[35] Un entrañamiento es una relación lógica de tipo analítico; es decir: describe una
proposición a través de sus relaciones con otras proposiciones que la
"analizan".(Cfr. más
abajo).
[36] Estas expresiones entrañadas (o implicaciones
analíticas de todo enunciado) están organizadas de manera estructurada en los
códigos lingüísticos (Cfr. SMITH, N.
& WILSON, D., 1979)
[37] La comunicación no verbal o, por lo menos, la que
se realiza sin ayuda de ningún código, es, obviamente, siempre implícita (y,
por consiguiente, inferencial); se rompe así la tradición de buscar códigos
supra o infra lingüísticos en todos los campos de la cultura o de la psicología
humanas, y no son de recibo las expresiones como competencia comunicativa que quieren "ampliar" la competencia lingüística establecida por
Chomsky y su escuela cognitiva.
[38] El mismo Grice reconoció que su concepto de relevancia no estaba claro y que,
vaticinaba, quizá fuera la única máxima necesaria si se lograba definir bien
algún día. Esto ha hecho que muchas personas consideren que la teoría de la relevancia de Sperber y
Wilson no sea más que un desarrollo de la teoría de Grice; en realidad es una
teoría cualitativamente distinta, por estar basada en otro paradigma: Grice se
mantuvo en el paradigma "social" de la comunicación; Sperber y
Wilson, en cambio y como hemos apuntado. han preferido el paradigma psicológico
"cognitivo".
[39] Por eso estas implicaciones, las IMPLICATURAS, son
operaciones sintéticas y analíticas . Sintéticas porque ponen en
relación distintas proposiciones de las que "sintetizan" la
información, y "analíticas" porque, como proposiciones, se
"analizan" en sus entrañamientos.
[40] No hay un límite claro de manifestabilidad (como en el entorno en el que nos movemos
no lo hay tampoco: )Cómo es de manifiesto el color de la mesa en que
escribimos, antes de haberlo dicho?)
[41] Esto también podría considerarse cotexto, sobre todo si algunos de los
conceptos determina el contexto de otras palabras del mismo enunciado. Por
ejemplo, en el enunciado he arreglado el
pinchazo con el gato negro parece estar claro que gato negro no se refiere aquí al felino doméstico, sino a la
herramienta; por tanto, las palabras arreglado
y pinchazo serían el cotexto en este
sentido. Como la noción de cotexto es poco ajustada y, en realidad, no aporta
nada explícito y objetivo, preferimos no emplearla.