Web de Joaquín de Alba

Caricatura política, dibujo y pintura de Joaquín de Alba Santizo (Cádiz, 1912 - Palma del Río, 1983)

Pintura y cerámica de sus nietas Teresa y Beatriz de Alba Fuentes

 

Caricaturas de "Kin" 

 

Caricaturas de "De Alba" 

 

Pintura 

 

Dibujos 

 

Semblanza de Joaquín de Alba Santizo

 

  

Madrid, 1935

Infancia y años de formación en Palma del Río y Sevilla.

Joaquín de Alba Santizo, de familia sevillana,  nació en Cádiz el 15 de abril de 1912 (él solía recordar que aquella misma madrugada se hundió el “Titanic” en su viaje inaugural hacia Nueva York). Era el cuarto de doce hermanos.   

A los dos años de vida, le nacieron dos hermanos gemelos, motivo por el cual su tía Vicenta de Alba se llevó el niño a Palma del Río, para pasar una temporada, mientras la madre, Carmen Santizo, se ocupaba de la primera crianza de los recién nacidos. Esta señora la tía Vicentita, según la llamaba Joaquín estaba casada con don Mariano Taberner Galea, que era a la sazón jefe de Telégrafos en Palma. El matrimonio no tenía hijos y vivía en la casa de Telégrafos, situada entonces en la calle Cigüela. Estaban también las dos hijas que don Mariano tuvo de su primer matrimonio, Rosario y Concha.

La que iba a ser una estancia de unos meses con sus tíos, se prolongó durante toda su infancia y adolescencia. Joaquín se crió en Palma, en donde, junto con Sevilla, se educó su temperamento artístico. Cultivó la música, la literatura y, especialmente, el dibujo. Había ya entonces en Palma hablamos de los años ´20 un exaltado culto al arte, y en especial a la música, en la que destacaban familias como los Bailly y los Viro.

La barbería de Juanito y Manolito Valle, o Bailly, y la de Manolito Caamaño, ambas en la calle Feria, eran lugares de reunión de los jóvenes palmeños que cultivaban la música. Aquellas barberías estaban presididas por el piano y el violín, más que por la navaja, la brocha y la bacía. La zarzuela, entonces en su segunda época de esplendor creativo, era el género preferido de aquellos jóvenes, hoy octogenarios o desaparecidos en su mayor parte.

Nos referimos a nombres como Ángel Angulo, barítono excelente, que estudió canto en el Real Conservatorio de Madrid junto con Marcos Redondo, becados ambos por la Diputación cordobesa; los hermanos Juanito y Ramoncito Valle, cultivadores, respectivamente, del piano y el violín; los hermanos Santiago y Purita Carmona, que interpretaban medianamente bien al violín y al piano, respectivamente; Antoñito Delgado, la bandurria; Rafael García Ruiz, quien, para rondar a su pretendida Pepita Molero, trasladó su piano a la calle Feria de madrugada  frente a la casa de don Paco Molero, hoy propiedad del arquitecto César Egea—y entonó aquella canción cómica del maestro Jacinto Guerrero: "Si no me quieres oir / lo que aquí vengo a cantarte / me voy a tener que ir / con la música a otra parte..." La serenata, naturalmente, no tuvo éxito alguno y la señorita Molero, a pesar de su gran belleza, permaneció soltera el resto de su vida.

Detalle de la estudiantina palmeña, fotografiada el 4 de marzo de 1935, con motivo de los carnavales. Pueden reconocerse: en la fila superior, Rafaelito Carrasco, con pandereta, y Ángel Bejarano. En la fila segunda, Mariano Esteve. En la tercera, Joaquinito Alba es el tercero por la izquierda, entre Antoñito Rodríguez (a su derecha) y Ángel Angulo (a su izquierda). En la fila cuarta, Juanito Valle junto a Eloy Viro, ambos con guitarra. En la fila inferior, Jesús Morales Carmona y Francisco Ruiz Durán.

 

Joaquín, que era contertulio asiduo de ambas barberías, cultivó el violín, que estudió en el Conservatorio de Sevilla, y fue violín concertino o solista de la  citada estudiantina palmeña, que aparece en detalle junto a estas líneas, famosa en su tiempo en toda la comarca.

También interpretó, como segundo violín, en la Orquesta Bética, fundada por el compositor sevillano Joaquín Turina, con la que intervino en el estreno en Sevilla de Noches en los Jardines de España, de Manuel de Falla, cuyo estreno mundial había tenido lugar en París.

Pero, a pesar de la afición sentida por la música, la pasión por el dibujo era primordial. El primer dibujo publicado por Joaquín de Alba lo fue en el diario "ABC" de Sevilla en el año 1926, a los catorce de edad. Representa a un típico alcarreño, vendedor ambulante de miel, con un claro sentido humorístico que revela su temprana tendencia a la caricaturización de los personajes.

También de esa época, es decir, de sus catorce años, son sus dos primeras pinturas al óleo, dos cabezas de muchachas pintadas en tabla, copias de Romero de Torres.

Su presencia en la vida palmeña de aquellos sus años mozos fue constante y notoria. Por ejemplo, el día 28 de noviembre de 1927, teniendo quince años, terminó de dibujar un cartel de caricaturas, a plumilla y tinta china, e iluminadas a la acuarela, en el que aparecían veintiuna muchachas de lo más granado de aquella sociedad. Las caricaturas no tenían ni un punto de misericordia; eran de un humor verdaderamente implacable. El cartel se expuso en el escaparate del famoso y acreditado comercio de Antonio Ruiz “el Cuco”, que por entonces estaba en la calle Castelar, en donde luego se instaló el de Antonio Delgado, en donde continúa, para ir el primero de ellos a su actual emplazamiento de las calles Feria y Barbera (transformado hoy en tienda "todo a cien" de Pepe Tirado).

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Cartel de 28 de noviembre de 1927, dibujado cuando Joaquín tenía quince años. De arriba abajo, y de izquierda a derecha, representan a las siguientes jóvenes: Ana Fernández Henst; Adela Calvo de León Aceña; Rosario Taberner Junco; Mercedes Morales Carmona; Pura Carmona Morales; Rosario Gómez; Concha Tarberner Junco; Tránsito Martín; Ana Jiménez; Concha Téllez; Engracia Jerez; Ángela Ortiz; Ángeles Jerez; Manuela Gamero; Matilde Sola; Belén Díaz; Joaquina Blanco; Rosario Caro; María Rodríguez; María Rosa; Belén Moreno.

Esta imagen puede verse ampliada pulsando en ella con el puntero

Aquel cartel provocó tanto regocijo entre la población palmeña, deseosa siempre de motivos de guasa, como consternación entre las doncellas damnificadas por la plumilla insolente de aquel Joaquinito Alba que tan temprano hacía gala de la misoginia humorística del varón español. Algún indignado padre, como Manolito Carmona, quien años después sería su suegro, anduvo buscando al atrevido chaval por el pueblo con el bastón bien dispuesto en la mano, aunque lo más probable es que su indignación fuera simulada y, en el fondo, sólo estuviera representando su parte en la comedia.

Otro dato que se conserva de la actividad de Joaquín de Alba en aquellos años de formación en Palma, recordado por “Tribuna palmeña” en su número de agosto de 1983, es el cartel de feria de agosto del año 1929, pintado a los diecisiete años de edad.

 

Madrid: la 2ª República y la guerra Civil (1931-1939).

Por aquellos años que van de la caída de don Miguel Primo de Rivera a la proclamación de la 2ª República, Joaquín publicaba esporádicamente sus dibujos y caricaturas en los periódicos “ABC” y “El Liberal”. Hasta que en 1931, contando diecinueve años, viajó a Madrid para allí tratar de publicar sus trabajos. A ello le animaba Julio Muñoz de Aguilar, marqués consorte de Salinas, que aportó cien pesetas para los gastos del viaje. 

Era el comienzo de la 2ª República, y la vida política se animaba; pero, sobre todo, las posiciones conservadoras y monárquicas necesitaban activar una política que, tras el largo período de la dictadura de don Miguel Primo de Rivera, el derrocamiento del rey Alfonso XIII y la forzada proclamación de la 2ª República, se encontraba sumida en una profunda desmoralización.

En Madrid comenzó a publicar, el día 3 de octubre de 1931, en la revista de humor político “Gracia y Justicia”, donde alcanza pronto notoriedad por lo atrevido e incisivo de sus dibujos. Su seudónimo como caricaturista político, Kin, se consagra en aquellos agitados años. Dos años más tarde, en 1933, pasó también a publicar sus caricaturas diarias en el rotativo “La Nación, que dirigía don Manuel Delgado Barreto. 

Salamanca, 1938

Al ser quemada “La Nación” en febrero del 36, tras la victoria electoral del “frente popular, pasa a publicar en “El Mentidero” y "La Época", hasta que estalla la guerra en julio de ese mismo año.

La guerra civil le sorprende en Madrid. Aunque durante los primeros días pudo pasar desapercibido en su domicilio de la calle de Lagasca, a primeros de agosto de 1936 fue detenido por un grupo de milicianos y conducido a la cárcel de San Antón, en la calle de Hortaleza. Compartía celda, entre otros, con don Pedro Muñoz Seca, de quien pudo admirar su gran humanidad y simpatía, el gracejo andaluz y la fina ironía que dedicaba en todo momento a sus carceleros. El asesinato de D. Pedro, el 27 de noviembre de aquel mismo año 36, a pesar de su condición de preso político del Gobierno y de su relevancia intelectual y social, entristeció profundamente a Joaquín de Alba, quien siempre recordaría al  dramaturgo gaditano con enorme emoción.

Tras un mes de cautiverio político, a primeros de septiembre es liberado por la mediación de su hermano Nicolás de Alba ante Santiago Carrillo, Jefe de Seguridad del Madrid abandonado por el Gobierno republicano. Hubo nuevos intentos de detención, por lo que en junio de 1937 huye de Madrid por la sierra de Ávila y logra pasar a la zona nacional el día 1º de julio, donde trabaja en los servicios de prensa bajo la dependencia de Dionisio Ridruejo. Burgos, Salamanca y Sevilla son las ciudades donde transcurre su vida durante la contienda. Publica sus dibujos en el diario “El Norte de Castilla”, de Valladolid.

 

Madrid: la posguerra (1939-1954). Tras la guerra, pasa a trabajar para “Ediciones Españolas”, donde traba amistad con artistas tan consagrados como Joaquín Valverde, Carlos Sáenz de Tejada o Agustín Segura, de quienes recibe honda influencia. Especialmente, de Valverde, en cuyo estudio trabaja y aprende con inmensa admiración hacia el maestro. Joaquín de Alba consideraba a Joaquín Valverde uno de los más grandes pintores españoles de todos los tiempos. Admiraba en él su sinceridad estética, en todo momento al margen de tendencias pasajeras, y su enorme maestría profesional, su dominio del dibujo y la pintura. Valverde, además, carente de propósito lucrativo, trabajaba con la generosidad e independencia con que todo artista sueña. 

El astronauta Charles Conrad, al regreso de su alunizaje a bordo de la nave Apolo 12, en noviembre de 1969, muestra el original de una caricatura de "De Alba" relativa a su hazaña espacial.

 

En 1940 entra a trabajar en el diario "Arriba" por encargo directo de Dionisio Ridruejo. Hasta 1952, publica a diario sus caricaturas políticas en el periódico “Arriba” y en la cadena de Prensa del Movimiento. Hubo entendimiento ideológico y humano con los hombres que dirigieron aquellos periódicos en la inmediata posguerra Xavier de Echarri y Lucio del Álamo, sobre todo, pero no con quienes se incorporaron al "Movimiento" tras la guerra europea, con un claro sentido de la oportunidad; los conversos de la neo-falange franquista. Hubo entre tales conversos quien se había casado con una ciudadana alemana, ejerciendo de entusiástico corresponsal en la Italia de Mussolini, para acabar repudiando a su mujer y confinándola en un convento tras el hundimiento de Italia y Alemania.

En 1952 se produce la ruptura con la dirección de "Arriba" y pasa a publicar en el diario vespertino “Madrid”, dirigido por el excelente periodista que fue don Juan Pujol.

En esta etapa de quince años que media entre el final de la guerra y su marcha a América en la primavera de 1954, Joaquín dedica sus afanes a la pintura al óleo. La política española de aquellos años daba poco de sí para publicar una caricatura original diaria y comprendía que tendría que abandonar la caricatura, o bien abandonar España. Por este motivo, Palma reaparece en su vida profesional. En los años 45 y 46 regresa a su pueblo para dedicarse exclusivamente a la pintura durante dos largas temporadas de trabajo intenso e ilusionado. Aquel extraño palacio de cemento que se llamó “Zúñiga”, de Pedro Almenara, le sirvió de inmenso y desnudo estudio en este período, que resultó feliz en su vida y fecundo en su evolución como pintor.

 

Etapa americana (1954-1978). En 1954 decide pasar a América. Primero, a Nueva York y Washington, con una exposición de grandes dibujos al pastel con escenas de la vida rusa, que había conocido en 1941 y 1942 como enviado del diario “Arriba” a la guerra europea. A continuación, a Santo Domingo, como profesor de colorido en la Escuela de Bellas Artes. En esta etapa dominicana, entre 1955 y 1960, Joaquín de Alba cultiva intensamente el retrato al óleo.

El aprecio del Presidente Lyndon B. Johnson por Joaquín de Alba fue continuo y creciente a lo largo de su mandato. Una de sus muestras de amistad consistía en felicitarle las Navidades de forma personal, como en esta fotografía dedicada en diciembre de 1967.

Vuelve a Washington en 1960 para trabajar como caricaturista político del diario  “The Washington Daily News”. Es la época agitada del mandato presidencial de John F. Kennedy, el desembarco en Bahía de Cochinos, la escalada en la intervención norteamericana en el Viet-Nam, el asesinato de Kennedy, los mandatos de Johnson y Nixon, y la tragedia final de la guerra vietnamita.

Joaquín, que firma ahora sus caricaturas como De Alba, adquiere enorme prestigio en el periodismo norteamericano. El “National Right to Work Commitee le otorga su prestigioso premio en 1965, y en 1966 el jurado del premio Pulitzer lo selecciona en primer lugar para el más preciado de los premios periodísticos.

El presidente Johnson, a pesar de la constante crítica que el caricaturista ejerce por la continuidad e incremento de la guerra en el Viet-Nam, solicita 72 originales de caricaturas para su rancho-museo de Texas, donde actualmente se exhiben.

Tras esta etapa, la más brillante de Joaquín de Alba como caricaturista político, vuelve a la pintura. Trabaja en Nueva York, Puerto Rico y Caracas hasta su definitivo regreso a España en 1978.

En esta última etapa de su vida, reside con frecuencia en Palma, además de Madrid y Sevilla.

El tránsito final se produce en Palma, el día 5 de noviembre de 1983. Joaquín de Alba reposa en la tierra en que creció y consideró siempre suya.

 

 

© J. de Alba Carmona, 2002