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La demás carne se va separando en dos baldes uno con la carne buena y otra con la mala (es la carne que tiene mas grasa y la que esta mas ensangrentada) para luego picarla. Antes se picaba a mano con unas tijeras especiales, hasta que llegaron las maquinas de picar y embutir. Una vez picados los jijos se meten en unos baños o baldes de plástico o como antes en baldes de madera. Para así proceder al adobo.
También se pican algunos huesecillos, el rabo, algún que otro cuero y partes de las costillas para los famosos botillos. Todo estos carnes se adoban con muchos ajos, pimentón dulce y picante, también con sal, todo en su porcentaje exacto. Se deja macerar hasta el día siguiente, que se prueban los jijos y si están bien sazonados se procede ha hacer los chorizos y colgarlos en la cocina, para al igual que las morcillas se curen con el calor y el humo de la lumbre.
Dos días mas tarde se hacen los botillos y se cuelgan junto con el resto en la cocina, estos botillos se siguen haciendo artesanalmente tanto en el embutido como el cosido. Y se siguen degustando también como antaño, se cuecen unas berzas con el botillo en el pote (no lo intentes en las ollas modernas no sabe igual), comiendo de primero las berzas y el botillo como buen y suculento segundo plato y todo por supuesto bañado con el vino de cosecha propia del pueblo. Que después de esta comida solo queda ir con las bacas al prao de la vega con el manto a echar la siesta de rigor.
Antiguamente de 100 familias mas o menos que tenía el pueblo, mataban como mínimo dos cochinos, cosa que hoy en día solo se hacen 4 o 5, y todo mucho mas sofisticado.
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