SOPHIA Nº 180, Diciembre 2003
DESDE LA ATALAYA
Radha Burnier
Creatividad o Conformismo
Un pajarito posado en un árbol
puede practicar instintivamente el movimiento de las alas antes de ser capaz de
volar, pero el instinto no es la base de todas sus acciones. Podemos ver muchas
veces un pájaro cerca de su progenie, enseñándole a mover las alas, mientras
que el pequeño le imita y aprende. El aprendizaje por imitación es necesario para sobrevivir. Ocasionalmente puede
haber algún pequeño desobediente que se niega a aprender. Por ejemplo, cuando
un cervatillo quiere salir aunque su madre le indique que es peligroso, puede
que ella le castigue y entonces él aprenda a hacer lo que hace su madre:
sentarse tranquilamente o echar a correr.
Puesto que la imitación forma
parte del proceso de supervivencia, está integrada en el cerebro humano que ha
ido evolucionando durante un extenso período de tiempo. Todos estamos
profundamente condicionados para hacer lo que hacen los demás. Las lenguas
también se aprenden por imitación. Los niños copian los sonidos que hacen los
adultos. En pocos casos, cuando un niño ha sido criado en la jungla por un
animal, el niño no adquiere esa capacidad de aprendizaje de la lengua humana.
Tal vez aprenda a hablar como sus padres adoptivos, los animales.
Así pues, el comportamiento y
el pensamiento humano son generalmente mecánicos, y no reflexivos, porque la
imitación puede realizarse sin examinar los pensamientos ni las acciones. Este
es el motivo por el que la sociedad humana no cambia fácilmente. Cada
generación hereda inconscientemente unas actitudes y reflejos de la generación
anterior. Dado que la mayoría de la gente son conformistas, es muy difícil la
creación de una nueva sociedad que tenga una percepción mejor de los valores.
Las grandes reformas solamente tienen lugar en el mundo cuando algunos
individuos magnéticos inician una manera de pensar independiente.
Muchas veces resulta peligroso
no adaptarse a los esquemas de creencias y acciones religiosos, políticos y de
otro tipo. Fue peligroso para Jesús ser lo que era. Por esto, incluso los que
se dan cuenta de las desventajas que representa el conformismo siguen con la
rutina, por miedo a las incomodidades o al peligro de verse «marginados» por la
sociedad.
La imitación y el conformismo
toman formas variadas: copiar el comportamiento de los actores de una película;
intentar ser como los demás dentro del grupo al que se pertenece; o seguir
tontamente la moda, por más incómoda o inadecuada que pueda ser. La actitud
imitativa muchas veces es contraria a lo sensato y razonable. Sin embargo, en
temas de poca importancia, podemos adaptarnos conscientemente a las normas.
Rebelarse contra tonterías es una pérdida de energía; acaparamos
innecesariamente la atención hacia nosotros mismos y provocamos conflictos. Por
esto el sentido común nos dicta adaptarnos, hasta cierto punto, a nuestro
entorno y a las circunstancias normales, pero no es conveniente adaptarnos
totalmente, porque se bloquea el desarrollo del individuo y el proceso de
cambio para mejorar la sociedad humana. Lo que llamamos tradición
frecuentemente no es sino la presión que ejerce la sociedad sobre el individuo
para encajarlo en un esquema. Naturalmente, existen tradiciones y prácticas
valiosas, pero hay también supersticiones, creencias y costumbres transmitidas
con el tiempo, que no tienen ningún significado y que incluso son
perjudiciales.
El orden en la sociedad hasta
cierto punto se mantiene imponiendo lo que, después de una larga práctica, se
considera beneficioso. Los padres están justificados cuando obligan a sus hijos
a lavarse los dientes o a ducharse, a pesar de sus protestas. Pero estas
obligaciones no pueden ir más allá de un límite. El ciudadano tiene que cumplir
las leyes, pero ¿debería cumplirlas todas aunque sean perjudiciales? Por esto
es importante desarrollar la reflexión y examinar una y otra vez atentamente
todas las tradiciones y convenciones hechas por el hombre.
El eminente científico Dr.
R.A. Mashelkar, escribiendo sobre los Resortes de la Creatividad Científica (The
Theosophist, Marzo 2002) dice:
Las barreras
mentales obstaculizan la creatividad. Reconocerlas y superarlas es algo crucial
para impulsar la creatividad científica... Un elemento se queda fijado en el
paisaje mental. Lo que está al otro lado de la barrera resulta no solamente
desconocido sino inimaginable. Los impulsos importantes de la creatividad
pueden conseguirse desarrollando el valor necesario para reconocer y superar
las barreras mentales... La capacidad de ver lo que ven los demás, pero de pensar
lo que nadie más piensa, es la señal que define a un gran científico.
Los científicos son expertos
en no dar nada por sentado, y en cuestionarlo y examinarlo todo, cien veces o
más si fuera necesario. Incluso entonces, los esquemas mentales siguen fijos y
todo el mundo cuestiona en las mismas líneas; por esto no se obtienen
respuestas nuevas para un problema. Algunos descubrimientos notables han tenido
lugar porque una vez alguien planteó una pregunta inesperada o incluso
ridícula.
En el campo espiritual es
todavía más importante que la mente esté completamente abierta y no fija en
unos esquemas conocidos. Los problemas más serios del mundo surgen cuando una
falta de comprensión de las relaciones, así como los conceptos convencionales
de la relación entre gurú y discípulo, entre padres e hijos, entre una
comunidad y otra, van pasando de una generación a otra sin cuestionar. Esta es
una base de los antagonismos y conflictos que se está haciendo endémica en la
sociedad humana.
Todos los miembros de la ST aceptan
sus objetivos, indicando con ello su concienciación de la necesidad de crear
una nueva sociedad humana, donde prevalezcan la cooperación y la fraternidad.
Pero si siguen teniendo la mente condicionada por la tradición y las ideas
convencionales procedentes del entorno, tal vez lo que hagan sea perpetuar las
diferencias en vez de promocionar la fraternidad. Por consiguiente, tenemos la
obligación de examinar nuestra manera de pensar. ¿Imitamos al mundo en general
y separamos los intereses de mi familia de los de otras familias, de mi nación
de los de otras naciones etc? Para liberarnos de los hábitos que están impresos
en nuestro cerebro hemos de aprender a ser cada vez más conscientes de que el
conformismo y el pensamiento imitativo son la causa del estancamiento de la
sociedad y de la falta de creatividad en el individuo.
¿Quien es el verdadero culpable?
Hemos de admitir que algunos
rasgos de la sociedad actual han sido esenciales para el progreso a nivel
material. Estas mejoras incluyen, por ejemplo, el poder tener agua caliente y
fría y los aparatos de calefacción en los países fríos. El alcantarillado
moderno a nivel mundial es indudablemente un enorme avance si lo comparamos con
la época en que se tiraba el agua sucia a la calle y otras prácticas que
existían antes. Estas comodidades forman parte de los beneficios materiales de
los que disfruta el hombre y la mujer moderna y que son motivo de engaño en
cuanto al alto nivel de nuestra cultura.
Pero también hay muchas cosas
que van mal en nuestro estilo de vida; hay muchos síntomas de la enfermedad
moral del mundo. En el London Financial Times del 13 de Julio de 2003,
nos informan del crimen cometido por un chico de doce años de Nagasaki, Japón,
que confesó haber muerto a un niño de cuatro años, cuyo cuerpo arrojó desde un
edificio de siete pisos. Hace seis años, un niño de 14 años de Kobe, Japón,
decapitó a otro de 11 y puso la cabeza de la víctima en la puerta de la entrada
de su escuela. A raíz de los hechos, se enmendó la Ley del Menor para poder rebajar
la edad en la que pueden considerarse responsables de sus acciones de los
dieciséis a los catorce años. Ahora se pide una mayor reducción que permita
juzgar y castigar a los “delincuentes” jóvenes.
Y esto no es un problema que
se limite al Japón. La muerte reciente de un niño pequeño en Inglaterra, a
manos de dos estudiantes mayores, conmocionó y enfureció de tal forma al
público que tuvieron que proteger a los jóvenes “asesinos” de la multitud y al
final tuvieron incluso que cambiarles la identidad. También fue en el Japón, y
a raíz del hecho anterior, donde un ministro del gobierno encargado de los
temas juveniles, pidió que “se
arrastrara y se decapitara” al culpable de doce años.
En algunos países no se pueden
controlar las clases en los colegios y los maestros son amenazados por simples
niños. La crueldad infligida por los alumnos mayores sobre los pequeños, en la
India y en otras partes, ha llegado a tales extremos que de vez en cuando una
de las víctimas acaba suicidándose. Ante este panorama, surgen algunas
preguntas: por ejemplo, un portavoz del gobierno, respondiendo sobre la última
tragedia de Japón, pregunta a su vez: “¿Es un delito cometido por un niño o es
algo sobre lo que toda la sociedad tendría que reflexionar?”
Es indudable que los niños se
pelean a veces o se provocan entre sí, pero recorrer a la violencia homicida no
es normal. ¿Qué factores de nuestra sociedad incorporan la agresión y la
violencia al esquema mental de los niños a una edad tan temprana? En la
antiguedad, los niños que crecían en la miseria de las sociedades
industrializadas acababan siendo unos delincuentes porque se veían obligados a
competir agresivamente, a mentir y a robar migajas de comida para poder
sobrevivir. Como Dickens mostró en sus obras, había gente cruel dispuesta a
reclutar huérfanos indefensos y otros niños para enseñarles el oficio de la
delincuencia.
Sin embargo, los ejemplos de
delincuencia juvenil mencionados antes proceden de sociedades afluentes. ¿Será
el efecto de la inmoralidad, de la violencia y de la obscenidad que se ofrecen
continuamente en la televisión y en otros medios? Tal vez los niños que ven
todo esto acaben por pensar, inconscientemente, que el crimen y la inmoralidad
forman parte de la vida normal. Hubo recientemente un caso en un país europeo
en el que unos estudiantes violaron a una compañera porque pensaban que eso era
lo que se les hacía a las niñas. Cuando los niños reciben muy poco cariño y
atención por parte de sus padres, que están demasiado ocupados con su profesión
o sus aficiones para preocuparse de su progenie, pueden absorber conceptos de
la vida de esas imágenes visuales tan poderosas que les presentan los medios.
Cada vez hay más mujeres que
van a trabajar y dejan a sus hijos en casa, comiendo solos y haciendo cuanto quieren.
Quedarse en casa para cuidar de los hijos ya no se considera un quehacer
importante de una madre. En el Japón, a la mayoría de los padres les llaman
“los ausentes” de la casa, porque se pasan casi todo el día fuera de casa,
entre el trayecto al trabajo y la larga jornada laboral. En estos casos, casi
no hay comunicación entre los padres y los hijos.
En las sociedades
tradicionales como las que todavía existen en Asia y en el mundo desarrollado,
las tías, las abuelas, e incluso los vecinos, actúan muchas veces en lugar de
los padres. Las familias muy unidas tenían siempre alguien dispuesto para
ayudar en un momento dado y hacerse cargo de todo tipo de situaciones
domésticas. Pero como los países pobres se están modernizando y son cada vez
más sofisticados y con tendencias más comerciales, las relaciones van cambiando
dentro de la familia. El problema de los asesinos y de los delincuentes
infantiles puede ser el resultado del deterioro de la red de relaciones humanas
en una cultura en declive. Es un mal que tiene que atajarse de raíz, en vez de
intentar solucionarlo simplemente rebajando la edad de la culpabilidad o
decapitando a los delincuentes inmaduros.
La opinión del mundo es cada
vez más contraria a la pena capital. Está demostrado que terminar con la vida
de los delincuentes no reduce la delincuencia. Por otra parte, de vez en cuando
se descubre que han juzgado y ejecutado a alguna persona inocente a causa de
prejuicios o de pruebas equivocadas. Acabar con la vida de unos jóvenes
inmaduros que no son capaces de entender las implicaciones de sus actos es
también un delito. Lo único que hace la pena capital es mandar almas a un nuevo
cuerpo con las mismas características que tenían previamente. Desde el punto de
vista teosófico, la educación, aunque pueda ser un proceso difícil y largo,
además del ejemplo y de la comprensión por parte de sus tutores, es la única
forma de redimir a los delincuentes y de librar a la sociedad de la
delincuencia. Hay experimentos recientes realizados por oficiales progresistas
en las cárceles, en los que usaban sesiones de meditación y otros programas
educativos, que han sido todo un éxito. La ira del público no deberia ser el
factor decisivo, porque esta ira es siempre irracional.
The Theosophist. Octubre 2003