SOPHIA 179,
NOVIEMBRE 2003
DESDE LA
ATALAYA
Surendra
Narayan
"Crece como lo hace la flor, de manera inconsciente"
Este
hermoso aforismo se encuentra en la Regla N.8 de esa joya de librito que es Luz
en el Sendero. Nos dice que crezcamos de forma inconsciente como una flor, pero
intentando abrir nuestra alma a lo Eterno. Es evidente que la palabra
"inconscientemente" no significa con indiferencia, con inercia o sin
atención. Sin embargo, no deberíamos sentir el deseo de crecer. Más adelante se
habla de este deseo como de una pasión por alcanzar una estatura personal, algo
que hay que trascender si queremos crecer como lo hace una bella flor. Esto me
recuerda un pasaje parecido en el libro A los Pies del Maestro cuando, hablando
de la necesidad de estudiar, nos aconseja "trabajar pacientemente con
vuestro estudio, no para que los hombres os consideren sabios, ni siquiera para
poder tener la satisfacción de la sabiduría, sino porque sólo los sabios pueden
ayudar de forma sabia".
Lo
importante es crecer sin deseos de hacerlo y abrirse como una hermosa flor de
la Naturaleza. Este tipo de crecimiento no tiene como objetivo el yo personal,
sino el bien de todos. Algunas de las Reglas siguientes insisten en este mismo
punto y, aunque nos dicen que deseemos el poder ardientemente, que deseemos la
paz fervientemente, que deseemos las posesiones por encima de todo, también
añaden, para que no se entiendan o se interpreten mal estos aforismos, que la
riqueza, por ejemplo, tiene que acumularse "para ese espíritu unido de la
vida que es vuestro único y verdadero yo". El deseo de poder se explica de
forma similar a la de ese poder "que le hará aparecer como nada a los ojos
de los hombres".
El obispo
Leadbeater en sus Charlas sobre el Sendero del Ocultismo nos dice que la
existencia de una flor no se explica "por el fin de obtener el fruto para
sí misma, porque el fruto no nace hasta que la flor ha muerto. Todo su
crecimiento no es para ella sino para las plantas futuras".
No hay,
pues, en ella, ningún sentido de éxito, ni de orgullo. En cambio, hay
delicadeza, ternura y equilibrio; hay una pureza exuberante y un indescriptible
resplandor en toda ella.
Esta
metáfora que relaciona el crecimiento y la floración de una flor con el
crecimiento y la iluminación espiritual de un ser humano ha sido muy utilizada
por los Maestros. Una de ellas aparece en las Cartas de los Maestros a A.P.
Sinnett, cuando dicen que "el adepto es una floración excepcional de una
generación de investigadores; y para convertirse en uno de ellos, tiene que
obedecer al impulso interno de su alma, independientemente de las
consideraciones prudentes de la ciencia o de la sagacidad mundanas".
En las
tradiciones religiosas orientales encontramos frecuentes referencias a la flor
del loto. Madame Blavatsky ha hablado también de la flor del loto muchas veces
en sus escritos y, como sabemos, cada año se celebra el aniversario de su
muerte como el Día del Loto Blanco. El loto asciende desde el fango del fondo
de un estanque, empujando hacia arriba a través del lodo y después, creciendo
por encima del agua, nos da una hermosa flor. Ni la flor ni sus hojas se mojan,
porque las gotas de lluvia resbalan inmediatamente, como el mercurio. Este
estado se describe como el de "estar en el mundo pero sin pertenecer a
él". Tiene que existir una abnegación total. Se nos aconseja que nos
elevemos por encima de la "conciencia del yo" y que superemos incluso
el deseo de aspirar a nuestro propio desarrollo espiritual.
Al final de
Luz en el Sendero, encontramos un texto sobre el "Karma", que dice:
No desees
sembrar ni un solo grano para tu propia cosecha; desea únicamente sembrar
aquella semilla cuyo fruto alimente al mundo... Pero incluso en esta misma idea
está oculto un gran peligro... Puede que un hombre no quiera ni pensar en la
recompensa. Pero en esa misma negación se ve el hecho de que se desea la
recompensa.
Tenemos la
historia del encuentro entre un Maestro Zen y su discípulo, al que se le había
pedido que abandonara cualquier sentimiento de posesividad. El discípùlo volvió
a ver al Maestro al cabo de un tiempo, muy eufórico con sus méritos, y tuvieron
la siguiente conversación:
Discípulo:
Maestro, me acerco a vos esta mañana sin nada.
Maestro:
Abandónalo.
Discípulo:
Pero Maestro, os digo que he venido sin nada.
Maestro:
Entonces llévatelo y vuelve dentro de un tiempo.
Resulta
significativo que en una de sus cartas a A.P. Sinnett, el Maestro alerte a
Sinnett de esta manera: "Tu entusiasmo por nuestro estudio está teñido por
cierto egoismo; incluso tus sentimientos por KH tienen un toque confuso."
Sin
embargo, podemos añadir que el crecimiento y la floración implican la
comprensión y sublimación del yo inferior, pero no el abandono, porque ese yo
tiene también un papel que desempeñar en nuestra vida. Cuando se abre la flor
interna, los sentidos, incluyendo la mente, también, se imbuyen de la pureza y
del poder de la conciencia más profunda. Rabindranath Tagore, en uno de sus
poemas del Gitanjali, dice:
No, nunca
cerraré las puertas de mis sentidos. Las delicias de la vista, del oido y el
tacto, me traerán Tu gozo.
Sí, todas
mis ilusiones arderán con la iluminación del Gozo y todos mis deseos madurarán
con frutos del amor.
El
crecimiento es algo inherente en la Naturaleza; es arte y parte del plan de la evolución de Dios, del que
nos habla A los pies del Maestro, como
de algo "tan glorioso y hermoso".
Usando la
imagen del jardín, hay veces en que crece una espesa crosta de
"yoidad" encima del suelo, tal vez por falta de lluvia del cielo, y
eso dificulta que la semilla germine y crezca. Muchas veces crecen los
hierbajos, hierbajos del orgullo, de la ambición, del deseo de cosas efímeras,
que bloquean el crecimiento y la floración. Como mencionó la Sra. Radha Burnier
en una de sus conferencias para una Convención internacional, un jardinero no
puede hacer crecer una planta, pero sí que puede ayudar a crear las condiciones
favorables para su crecimiento, permitiendo que las cualidades divinas ya
existentes en las profundidades de nuestro ser se manifiesten en todo su esplendor.
¿Por qué
crece y florece una flor? Nos gustaría contestar que florece para difundir la
alegría, extendiendo inconscientemente su fragancia a los demás. Muchas veces
esa fragancia resulta inspiradora, en pequeña o en gran medida, para quienes
pasan por su lado y les ayuda a crecer en bondad. Y algunos de ellos, a su vez,
extienden esta fragancia a otros con los que están en contacto, generando así
amor y buena voluntad entre un número de personas cada vez mayor.
Cada uno de
nosotros puede desempeñar un papel, por más humilde e insignificante que sea,
extendiendo esta fragancia, contribuyendo así un poco a promover el plan divino
de la evolución. Una flor diminuta que crecía en un muro lleno de grietas
desempeñó inconscientemente un buen papel cuando inspiró a un poeta místico:
¡Alfred, Lord Tennyson!
(The Theosophist, Septiembre 2003.)