SOPHIA OCTUBRE 2003  Nº 178

 

DESDE LA ATALAYA
Radha Burnier (agosto 2003)

 

Hacia lo eterno

El gran poema épico El Mahabharata describe el entreno de los cinco príncipes pandavas en las artes marciales. La mayoría de la gente recuerda un incidente por encima de todos los demás, tal vez porque tiene un significado especial para la vida espiritual. Los príncipies pandavas tenían como entrenador al célebre y muy respetado guerrero Drona. En cierta ocasión, éste puso un pájaro artificial en un árbol y llamó a los príncipes, uno por uno, y les preguntó: ¿Qué veis? Ellos, por turno, contestaron: “Veo el árbol, el pájaro, veo a mis hermanos y os veo a vos”, y entonces él les dijo que se pusieran a un lado. Pero cuando le tocó el turno al héroe Arjuna, éste contestó: “Veo el pájaro”. Cuando Drona le pidió que lo describiera, Arjuna tuvo que confesar que sólo veía la cabeza del pájaro. “Dispara”, dijo el Maestro. Arjuna era, naturalmente, el mejor de los arqueros, porque, tal como señala Annie Besant en sus interesantes conferencias sobre el Mahabharata (TPH), era capaz de prestar la máxima atención a lo que estaba haciendo. Esta es una de las cualidades que necesitamos cultivar en el sendero: la capacidad de atención.

En Oriente nos queda una tradición que relaciona simbólicamente la arquería con la vida espiritual, pero el objetivo tiene una naturaleza totalmente distinta para el estudiante de temas espirituales, por ser algo trascendente. El Mundaka, uno de los más hermosos Upanishads importantes, dice claramente que para el aspirante del sendero espiritual el objetivo es lo Eterno (Brahman) aquello que es siempre un todo ilimitado, que no está sujeto a la destrucción ni a la disminución.

La Luz de Asia, que relata, de forma inspiradora, la vida del Buda, describe la forma cómo los distintos príncipes fueron invitados a una competición para obtener la mano de la Princesa Yasodhara y cada aspirante tuvo que demostrar su habilidad en la arquería y en otras artes marciales. Devadatta, el primo de Siddartha, el futuro Buda, puso un tambor más lejos que todos los demás, de modo que parecía una caracolina, y disparó una flecha que lo atravesó. Pero cuando le tocó el turno a Siddharta, todos los arcos que doblaba se rompían, excepto uno muy especial que se guardaba en un templo. Siddharta lo levantó y disparó su flecha, que atravesó todos los tambores colocados en fila, simbolizando con ello la fuerza y determinación necesarias para superar los obstáculos del sendero espiritual.“

Dicen que los indios americanos que habían adquirido estas habilidades sabían disparar no sólo a pequeños objetos colocados a una gran distancia, sino atravesar varios objetos en fila con una flecha muy bien hecha. Una de las pruebas para ser un gran arquero era la de disparar, digamos, cinco flechas al cielo tan rápidamente que las cinco estuvieran todavía en el aire antes de que la primera cayera al suelo. Sólo era posible hacerlo si el arco y las flechas estaban muy bien hechos.“

Volviendo al Mundaka Upanishad, lo Absoluto, lo Eterno (Brahman) se halla más allá de la palabra y del pensamiento, y por eso no son una diana fácil. Es la fuente y la causa de todo, tanto en el mundo más material como en las dimensiones más sutiles. Es la vida (prana), la palabra, la mente, la verdad, la inmortalidad. Cada nombre que le damos a esta Causa sin causa, como la llamaba HPB, reduce lo inmesurable a los confines de la mente conceptual. Por esto, no podemos conocerlo en el sentido ordinario. Hemos de penetrar en él como hace la flecha del arquero con la diana, usando la habilidad y las mejores armas.

El arma o el arco poderosos que lanzan al aspirante espiritual en el camino es la enseñanza esencial de los Upanishads, destilada en el significado esotérico de la sílaba sagrada Om. La flecha es el yo individual, refinado y bien preparado por la devoción y la meditación (upasana). Esta flecha lanzada con el arco sagrado de las enseñanzas Upanishádicas, enviada con una mente fija, solamente atenta a la sabiduría eterna (brahmavidya) alcanza rápidamente lo Imperecedero y se integra en él. No puede volver atrás ni ser extraida, porque se ha convertido en una con la Vida Universal. “La gota de rocío se desliza y entra en el brillante mar”.

La mente alerta no se deja atrapar por las ilusiones y atracciones de lo no eterno. Cuando se ve totalmente atraida hacia lo Eterno por el estudio y la meditación, las cosas menos importantes adquieren poco significado. Todos los objetivos excepto uno desaparecen, como escribió Tomas a Kempis. La energía que se consume a nivel físico, emocional y mental en las cosas inútiles, que parecían antes importantes, está a nuestra disposición para avanzar firmemente y rápidamente hacia adelante.

Este tipo de mente, liberada y tranquila, nos permite actuar a un nivel práctico, sin implicaciones. Samsara es la implicación psicológica, en la pareja, en los niños, en los negocios y en otras cosas. Pero aquél que se siente libre internamente puede cunmplir con sus deberes y su trabajo para el bien del mundo sin apegarse ni implicarse en nada. El librito A los Pies del Maestro aconseja cumplir con los deberes, pero sin adquirir otros nuevos de forma artificial; y el Bhagavadgita habla del sabio Janaka, que cumplía con sus deberes de rey en beneficio del mundo.

Todos los Upanishads tienen un único mensaje, el mensaje teosófico de que la vida está infragmentada y es indivisa. La ilusión nos hace percibir todas las cosas como separadas entre sí. Pero “tú” eres Brahman, lo Eterno, que está en todas partes, porque no hay otra cosa sino eso. Meditad sobre frases como “Tú eres Eso” (tat tvam asi) “Yo soy Brahma” (aham brahmasmi) y fijaros en que “yo”, en el sentido ordinario, no existe. Sólo Eso (lo Imperecedero) existe.

La sílaba sagrada Om representa la quintaesencia de esa enseñanza, porque no tiene un significado literal y por eso señala Aquello que tiene un significado supremo, la Realidad Una dentro de lo conocido, lo cognoscible y lo incognoscible a todos los niveles. El Yoga Sutra dice: Medita en el Om (Pranava) con toda tu atención y tu corazón. Intenta experimentarlo cada vez más profundamente.

No podemos convertirnos en inmortales en el aspecto físico. Todo cuanto existe en el mundo de la forma es perecedero. Hacerse inmortal significa fundirse con lo que existe siempre y que es la Vida Universal y Eterna.

Cambiando la tendencia

Peter Singer, Catedrático de Bioética de la Universidad de Princeton, menciona, en su artículo del The Guardian Weekly (22-28 Mayo 2003) de qué forma están cambiando las ideas sobre la relación entre el hombre y los animales, en parte porque la ciencia está empezando a colaborar con ese cambio. Algunos científicos e investigadores empiezan a reconocer que los animales no deberían ser tratados como objetos inanimados e incapaces de sentir, para utilizarse solamente en provecho del hombre o por su placer. En el Roslin Institute de Edimburgo, Lynne Sneddon y otros científicos han realizado investigaciones convincentes para demostrar que los peces sienten dolor; hasta ahora los pescadores de caña preferían creer que a los peces no les importaba llevar un anzuelo atravesado en la boca, aunque es evidente que mientras mueren se retuercen y se esfuerzan por quitárselo. Es una teoría conveniente que tal vez sigan defendiendo los aficionados a la pesca, porque su propio “placer” es mucho más importante que el tremendo dolor que puedan sufrir los peces. Sin embargo, la tendencia al egoismo se ve actualmente minada por los movimientos recientes, de amplia difusión, en contra de deportes como la pesca con caña y la caza.

La literatura sobre los animales y la ética es cada vez más extensa también y se cuestiona cada vez más el aspecto ético del enorme sufrimiento que se les inflige a los animales en las granjas fábrica, en los laboratorios y en otros sitios parecidos. Puesto que el genoma del ratón, como el del mono, demuestra la relación tan estrecha que hay entre estas criaturas y el ser humano, ¿no es del todo inmoral experimentar con ellos y torturarles en ese tipo de granjas? Todo esto desemboca en una pregunta cada vez más insistente. Como dice el Profesor Singer:

Ahora la planimetría y la secuenciación del genoma humano y del genoma del chimpanzé nos demuestra lo íntimamente relacionados que estamos con ellos. Para las personas acostumbradas a dividir el mundo en “humanos” y “animales” resulta asombroso darse cuenta de que las diferencias genéticas entre los humanos y los chimpancés son más pequeñas que las que existen entre los chimpancés y los gorilas.

Dicen que la Unión Europea está en el proceso de prohibir algunas de las prácticas más brutales de este tipo de granjas. “En 2012, cientos de millones de gallinas tendrán más espacio, más pértigas y ponederos, y las terneras y los cerdos ya no estarán encerrados en celdas individuales demasiado estrechas para darse la vuelta o siquiera unos pasos”. Gracias a la incesante actividad de los compasivos amantes de los animales, la actitud tan egoista de los seres humanos, que se traduce en el encarcelamiento, la tortura y la matanza de millones de criaturas a nivel mundial, se está poniendo en entredicho, aunque, desgraciadamente, sea despacio y de forma insuficiente, por parte no sólo de las nuevas investigaciones, sino gracias a la difusión de información que habla de los riesgos para la salud de los humanos que consumen indirectamente los antibióticos y las vacunas inyectados en los animales para obligarles a sobrevivir en condiciones intolerables.

Es triste decirlo, pero la nueva tendencia del pensamiento de la Unión Europea no ha tenido más que un ligero impacto en el mundo desarrollado, donde ganar el dinero extranjero es un imperativo. La práctica intensiva de las granjas está muy extendida por Asia, Africa y otras zonas del mundo. La industria avícola de la India es la cuarta más importante del mundo y se guardan y se transportan unos ciento veinte millones de gallinas en las peores condiciones posibles, sin la menor consideración a las reformas racionales que se están haciendo en Europa. Tal vez sólo cuando los consumidores sufran un brote de enfermedades peligrosas, esta “industria” se vea obligada a tomar cartas en el asunto.

Los investigadores modernos nos están revelando también muchas más cosas sobre el modo de pensar y sentir de los animales. Un artículo publicado en The Reader’s Digest, en Diciembre de 2001, nos hacía un delicioso relato de la manera en que Chantek, un orangután, se comunicaba con su madre adoptiva y con los visitantes. Había conseguido aprender un gran número de palabras, pero al no tener cuerdas vocales como nosotros, tenía que expresarse con el lenguaje de los signos. El informe decía “es un ejemplar de un grupo escogido de grandes monos que incluye a los bonobos o a los chimpancés pigmeos, criados en un ambiente culto, con increibles resultados”. A Chantek le gusta pintar y le daban papel y unos pinceles para que se dedicara a su afición preferida. Otros bonobos “trabajan con ordenadores, escuchan música y miran la televisión”. Si estos monos y otros animales inteligentes pueden despreciarse por ser criaturas inferiores con las cuales es lícito realizar experimentos dolorosos, como señala el profesor Singer, siguiendo la misma lógica, los seres humanos inferiores también podrían torturarse o matarse. La inferioridad no puede calcularse solamente en base a la actividad cerebral. Aunque puede que las criaturas no humanas no tengan la capacidad de razonar del hombre, en algunos otros aspectos importantes superan a los seres humanos. Jeffrey Masson, en libros tan populares como Dogs Never Lie about Love y The Nine Emotional Lives of Cats, nos habla de proezas de gran valor, llenas de auto sacrificio, lealtad y otras cualidades que poseen muchos animales.

Para quienes entienden la Ley del Karma, resulta claro que tiene que cambiarse esa cruel actitud de los seres humanos hacia otras criaturas. No puede existir el bienestar en la tierra sin ese cambio, porque todos estamos entrelazados inextricablemente por la vida una que todo lo anima todo y que asegura la evolución. Todas las cosas vivas experimentan placer y dolor, y consideran la vida que se les ha dado como algo precioso. La ciencia está solo empezando a percibir lo que es obvio para quienes responden con sensibilidad a toda la vida y no están motivados únicamente por el pensamiento egocéntrico.

(The Theosophist, agosto 2003)