SOPHIA OCTUBRE 2003  Nº 178

DESDE LA ATALAYA
Radha Burnier (julio 2003)

 

¿Cuál es nuestra prioridad?

Su Santidad el Dalai Lama ha dicho claramente que es esencial que todos aprendamos a vivir correctamente en lugar de esforzarnos por alcanzar el nirvana. Si no aprendemos a tener relaciones compasivas, íntegras, generosas y cordiales y a cuidarnos de los demás, todos los objetivos “espirituales” que proyectamos mentalmente no nos llevarán a ninguna parte. Dice el Dalai Lama:

Hay muchas filosofías distintas, pero lo que tiene una importancia básica es la compasión, el amor por los demás, la preocupación por el sufrimiento de los demás, y la reducción del egoismo. Estoy convencido de que el pensamiento compasivo es la cosa más preciada que existe. Es algo que sólo nosotros, los seres humanos, podemos desarrollar. Y si tenemos un buen corazón, un corazón cálido, unos sentimientos cálidos, nos sentiremos felices y satisfechos con nosotros mismos, y nuestros amigos experimentarán también ese ambiente cordial y sereno. Es algo que puede experimentarse de nación en nación, de país en país, de continente en continente...

Lo importante es que en vuestra vida diaria practiquéis las cosas esenciales, y a ese nivel casi no existe diferencia alguna entre el budismo, el cristianimso o cualquier otra religión. Todas las religiones insisten en mejorar, en perfeccionar a los seres humanos, en un sentido de la fraternidad, del amor, todo esto es algo común. Así pues, si hablamos de la esencia de la religión, no hay mucha diferencia.

Yo mismo siento y también les digo a otros budistas que la cuestión del nirvana viene después. No hay mucha prisa. Pero si en la vida del día a día lleváis una vida correcta, honrada, llena de amor y compasión, con menos egoismo, entonces automáticamente todo eso os conducirá al nirvana.

El mundo cambiará solamente cuando la virtud sea una parte reconocida de la vida de las personas, pero, en general, eso es algo que la gente se niega a ver. Se concentran en sus propios objetivos personales y egoistas o buscan solaz para sus problemas en la espiritualidad, tanto si se llama moksha, nirvana o salvación. Pocos están dispuestos a creer que nuestra manera de vivir y de comportarnos es importante, y que si vivimos correctamente, a su debido tiempo, llegaremos a comprender verdaderamente la forma de seguir el Sendero espiritual; moksha o nirvana vendrán por su propio pie.

Hemos de ver que la mente que se utiliza para disfrutar de los beneficios materiales de este mundo sigue pensando solamente en términos de los beneficios que puede obtener en un mundo espiritual, beneficios tales como una sensación de seguridad, de serenidad o de verdadera felicidad. Todo esto no se valora porque sea bueno en sí, sino como medios para obtener una satisfacción personal. También hay escépticos que no creen que una vida correcta aporte la paz o la felicidad. Quieren tener pruebas de que esto va a ocurrir y sólo en el caso de ser así estarían dispuestos a hacer un esfuerzo por comportarse correctamente; evidentemente, ninguna de estas cosas puede demostrarse. Para esta clase de personas, los resultados de una acción egoista son evidentes y están al alcance de la mano, mientras que los del altruismo casi nunca son visibles.

Krishnamurti afirmó categóricamente que, sin una vida correcta, no puede haber meditación. Para poder levantar una buena estructura, hay que poner unos buenos cimientos. Los cimientos por sí solos no son suficientes para construir el templo, pero sin ellos el templo no puede construirse. Por consiguiente, se ha insistido en la rectitud en muchas tradiciones como base verdadera de la vida. Aunque no es fácil saber lo que es correcto en las situaciones complejas de la vida diaria, no hemos de desesperar. Si estamos firmemente asentados en la aspiración de vivir correctamente y determinados a descubrir la naturaleza de la virtud, puede que nos equivoquemos, pero iremos desarrollando la comprensión progresivamente. Un deseo absoluto y sincero de encontrar el camino adecuado para relacionarnos con todo lo del mundo es como un toque mágico que nos conduce hasta la sabiduría.

En los primeros años de la Sociedad Teosófica, los Maestros que guiaban su formación insistieron en que lo que ellos querían era ver cómo la gente practicaba la fraternidad universal, sin prejuicios ni barreras mentales de ningún tipo. La universalidad de espíritu que no busca sino el bien físico, moral y espìritual, de todos los seres tiene el poder de resolver muchas situaciones complicadas de la vida. Esto exige examinar inequívocamente todas nuestras motivaciones y actitudes.

Annie Besant menciona, en un pasaje autobiográfico, que cometió un gran error al publicar y vender el Knowlton Pamphlet sobre la planificación familiar. “Era algo terriblemente fuera de lugar, considerado desde el punto de vista de la gente”. Significaba la desgracia social y la ruina para una mujer. Pero su motivación no era otra que un ardiente deseo por aliviar los grandes sufrimientos de los pobres que habia observado tan de cerca. Madame Blavatsky le dijo que aquella compasión, que le hacía dejar de lado todas las demás consideraciones, la había conducido hasta al Portal de la Iniciación.

Según los filósofos griegos, nuestra naturaleza superior, la naturaleza inmortal del alma, se expresa como virtud. La virtud no puede equipararse a una idea. Si un acto amable no es sino una idea de la mente, eso no significa lo mismo que la virtud. Pero si la amabilidad se manifiesta espontáneamente desde dentro de una manera total, la acción resultante será la correcta y será una manifestación de nuestra naturaleza espiritual y más profunda. Por esto, se dice “Ama y haz lo que quieras”. La compasión de la que habla el Dalai Lama puede considerarse como la luz del alma que se abre paso a través de los velos de la materia y aparta las nubes oscuras del egocentrismo, al menos de momento. Después la mente-cerebro, condicionada a través de muchas encarnaciones para promocionar su propio interés, deja paso al omnipresente Yo de nuestro interior más profundo, que nunca está separado de ninguna otra cosa que existe en el cosmos.

C. W. leadbeater, cuando habló en el Congreso Europeo de 1930, señaló también que, aunque los miembros de la ST estén de acuerdo sobre los valores de sus Objetivos declarados, también pueden discutir sobre su interpretación y su práctica.

Probablemente nadie discutirá que la idea de intentar por todos los medios promover la Fraternidad de la Humanidad no sea una buena cosa, y que formar un núcleo de esa Fraternidad no sea un paso adelante para aumentar extraordinariamente su influencia. Pero el mejor modo de conseguirlo es, naturalmente, una pregunta sobre la cual puede haber muchas opiniones legítimas y no se puede poner la más mínima objeción a la existencia de esas opiniones. Es eso lo que mantiene viva a la Sociedad y lo que confiamos impida su cristalización...

Pero ser bueno tiene muy poco que ver con nuestras creencias. Está muy relacionado con el modo en que lo llevamos a la práctica... Dejad que el amor fraternal os guíe. Podéis tener divergencia de opiniones tanto como queráis, pero no debéis dejar que eso os cree malos sentimientos ni ningún tipo de orgullo por vuestro discernimiento superior que os capacita para ver lo que consideráis el camino correcto... Actuemos todos juntos en Fraternidad y llevemos a cabo nuestro trabajo, sea cual sea. Ya tendremos tiempo más adelante para discutir sobre lo que esto o aquello significa.

Todo lo que divide es contrario a la ley de la compasión y a la fraternidad universal. Si les dejamos seguir su propio ritmo, todo el mundo llegará a la verdad sobre todo a su debido tiempo; nadie puede ser verdaderamente convertido ni cambiado a la fuerza. Sólo la luz del interior de cada persona puede iluminar el sendero.

Por esto, no puede reservarse la compasión solamente para los que consideramos buenas personas. Tiene que ser algo universal y que no esté sujeto a nuestra elección. Cuando se priorice la fraternidad universal y la comprensión de los demás, podremos observar el verdadero progreso en esta tierra. Con este objetivo en mente, estudiamos, escuchamos conferencias y meditamos. De otro modo, ¿cuál sería el propósito de todas estas actividades?

¿Unidos o divididos?

Es una perogrullada decir que la tecnología ha unificado esta tierra, creando una aldea global. Porque al mismo tiempo, la población humana sigue una ruta ya trazada, impulsada por sus viejos hábitos, por una actitud conservadora y por la indiferencia respecto a la tierra y a sus habitantes como un todo. Como resultado del desarrollo tecnológico, los sucesos ocurren ahora mucho más rápidamente y a una mayor escala. Por ejemplo, los seres humanos siempre han estado cortando árboles, matando a otras criaturas, quemando madera etc., durante siglos y milenios. El impacto no había sido muy grande hasta ahora, pero estas actividades han aumentado enormemente debido a la capacidad tecnológica y al crecimiento de la población. El clima y la vida de las criaturas, humanas y no humanas, están siendo gravemente afectadas.

Según una organización científica e industrial de investigadores australianos, las emisiones de las industrias de Norte América y de Europa son responsables de la grave sequía constante de Sahel y del extenso y árido cinturón del sur del Sáhara, desde Guinea en el oeste hasta Etiopía al este. Parece que las condiciones de esta dura sequía mejoraron un poco en los 1990, cuando se aprobaron unas leyes en Norte América y en Europa respecto a la contaminación del aire, lo cual vendría a demostrar la conexión. Parece que las partículas de los aerosoles recorren grandes distancias y el estilo de vida alto de los países ricos está reduciendo continuamente los míseros recursos de distintas partes del mundo subdesarrollado.“

Sin embargo, hay un cierto “quid pro quo” inconsciente. Por ejemplo, las tormentas de polvo son cada vez más frecuentes y fuertes, a medida que aumenta el nivel de sequedad. Dicen que estas tormentas del Sahel seco se levantan hasta cuatro kilómetros en el cielo y viajan por el Atlántico hasta Florida, donde depositan enormes cantidades de polvo. Llevan microbios al otro lado del océano, afectan a las cosechas e irritan la piel humana. La combustión de la madera y otros artículos combustibles que ocurre en los paises pobres produce, de vez en cuando, una neblina en zonas muy amplias, algo con lo que la gente está ya familiarizada. Es sólo un ejemplo del prejuicio que se hacen mutuamente distintas partes de la población del mundo, inconscientemente, insensiblemente o, incluso, inevitablemente: millones de pobres no tienen combustible, excepto lo que puedan obtener recogiendo madera o carbón para quemar y sobrevivir.

Las organizaciones internacionales hacen débiles esfuerzos por coordinar e integrar globalmente programas importantes que beneficiarían a todos por igual. Pero las organizaciones internacionales no están libres de los intereses del poder, como demuestra su actitud respecto a las patentes, a las exportaciones e importaciones de material biológico, y a cuestiones similares de amplias repercusiones. El mundo está dividido y la humanidad funciona, en general, según esquemas de pensamiento prefijados. La cooperación todavía queda lejos.

Hace falta una perspectiva global para seguir el ritmo de los cambios producidos por nuestro mundo tecnológico.

(The Theosophist, julio 2003)