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El
éxito de las prácticas educativas diarias de los maestros de niños
con síndrome de Down, en régimen de integración
Gloria
Wolpert
Resumen
En este estudio se preguntó a 230 maestros
de educación ordinaria sobre sus prácticas educativas en la enseñanza
de alumnos con síndrome de Down dentro de sus clases de integración.
Los maestros contestaron encuestas que preguntaban sobre su experiencia
anterior; su preparación para un régimen de integración y el proceso
de transición; información sobre la clase (programa, organización
de la clase, terapias, servicios de apoyo); y manejo de la clase,
instrucción y estrategias de conducta. El análisis de los datos
obtenidos de 120 encuestas indicó que las mayoría de los alumnos
con síndrome de Down acudieron a sus escuelas del barrio y recibían
algún tipo de los servicios. La mayoría de las clases disponía de
un ayudante de apoyo a la integración que también trabajaba con
otros alumnos. Los profesores consideraron que el régimen de integración
de los niños con síndrome de Down tuvo éxito aunque cabía mejorarlo.
Vieron la experiencia como un desafío, gratificante y de gran valor
tanto para los alumnos regulares como para el alumno con síndrome
de Down. Señalaron que se necesitaba trabajo extra para preparar
las modificaciones en las tareas de clase, el trabajo en casa y
los procedimientos de evaluación. El modo mejor para el aprendizaje
fue el de la situación 1:1, y en ocasiones resultaron eficaces la
instrucción en grupo pequeño, el servicio de los compañeros como
tutores tutores, el uso de ordenadores y la enseñanza en equipo.
La alabanza fue la estrategia que mejor solucionó los problemas
de conducta.
Introducción
Al
ir creciendo nuestro interés por la diversidad en la educación,
se ha aceptado la inclusión o integración como el medio moral,
legal y práctico de abordar la reforma educativa. Se ha investigado
mucho sobre la eficacia de la integración, pero son pocos los estudios
que dejan a los investigadores que expresen sus opiniones sobre
el proceso de la integración (Ericson y Ellett, 1990; Gersten y
Woodward, 1990).
El
objetivo de este trabajo fue hacer preguntas prácticas a los profesores
de la educación regular o normal, que con frecuencia quedan excluidos
del proceso de conceptualización y toma de decisiones, y sin embargo
son quienes han de afrontar a diario las consecuencias de la puesta
en práctica diaria del proceso. Nos vamos a fijar de modo particular
en las estrategias y métodos que los maestros han utilizado con
éxito en su clase con todo el grupo de alumnos.
Puesto
que son tantas las variables del multiforme proceso de la educación
a lo largo del país, se eligió en este caso centrarnos en los niños
con síndrome de Down porque son fácilmente diagnosticados al nacimiento,
y con frecuencia fueron los primeros en ser integrados en clases
regulares de la escuela. Confiábamos así en restringir al mínimo
algunas de las variables características que van asociadas con la
educación de las múltiples categorías de discapacidades diferentes.
No se pretende en este trabajo englobar juntas a todas las personas
con síndrome de Down, sino reconocer que, si bien existe una amplia
dispersión en el modo de funcionar de estas personas, siempre habrá
una mayor confluencia en los parámetros a estudiar en relación con
la metodología de la educación y con las características del aprendizaje.
Los niños con síndrome de Down tienen unos estilos de aprendizaje
que por lo general requieren mayor reflexión a la hora de elegir
programas y experiencias; algo que fue lo que motivó su ubicación
en programas de educación segregada, consistentes en servicios especializados
y en grupos más pequeños. Durante los últimos veinte años, los padres
de los niños con síndrome de Down han pensado que la educación de
sus hijos en un programa más especializado era algo que los segregaba,
y contactaron con la National Down Syndrome Society para pedir información
sobre las prácticas de integración actualmente vigentes.
Métodos
La
National Down Syndrome Society ayudó a este estudio ofreciendo una
lista de entidades afiliadas en los 50 Estados y en Puerto Rico.
Se enviaron 320 cuestionarios a maestros de educación regular que
tenían un alumno con síndrome de Down en su clase. El cuestionario
tenía cuatro niveles de preguntas:
a)
experiencia anterior, lo que incluía cuánta experiencia docente,
conocimientos de educación especial, y conocimiento/actitud sobre
la integración poseían;
b)
preparación personal para la integración y para el proceso de transición;
c)
información de la clase sobre programación, organización de la clase,
terapias y servicios de apoyo; y
d)
modo de manejar la clase, instrucción y estrategias de conducta.
Todo ello se comparó previamente con los informes de
los padres sobre los cambios observados en sus hijos en las áreas
de la comunicación, habilidades sociales, independencia y autoestima
(Wolpert, 1998). El objetivo fue descubrir lo que funciona y lo
que no funciona en la inclusión de los niños con síndrome de Down,
de acuerdo con el punto de vista del profesor de una aula ordinaria.
Se pidió a los maestros que calificaran en una escala de 1 (ineficaz)
a 5 (muy eficaz) a los diferentes tipos de organización del aprendizaje
y a las estrategias seguidas en la instrucción y en el manejo de
la conducta.
Resultados
De
los 320 cuestionarios enviados,
se obtuvieron 120 respuestas. El análisis detallado analizó la correlación
estadística entre todas las variables independientes (características
del profesor, preparación, tamaño de la clase, métodos curriculares,
estrategias formativas, etc.). Después se eligieron grupos de variables
independientes, basados en sus correlaciones individuales con la
variable dependiente que se estaba analizando (inclusión con éxito,
según informe de los padres), teniendo cuidado en eliminar las variables
independientes que mostraran alta correlación entre ellas (multicolinearidad).
A
continuación mostramos algunos datos estadísticos descriptivos de
la muestra. La media de edad de los niños fue de 9 años 3 meses
(intervalo entre 4 y 18 años). La media del nivel de curso escolar
fue de grado 3º y ocho meses (intervalo entre pre-kinder y grado
12º). El 88 % de los niños acudieron a la escuela de su barrio.
El tamaño medio de la clase fue de 25 alumnos (intervalo entre 16
y 30). El 56 % de las clases tenían integrados a más un alumno con
discapacidad, además del niño con síndrome de Down. La clase media
tenía otros dos niños con alguna forma de necesidades educativas
especiales, así como un niño con síndrome de Down. El 30% de las
clases disponía de un equipo educativo, y el 25% de ellas constaba
de un maestro de educación ordinaria y un maestro de educación especial.
El 51% de los maestros de educación ordinaria dijeron haber consultado
con los profesores de educación especial durante la experiencia
de integración. El 49% señaló que habían dispuesto de los compañeros
de los niños como tutores. El 32% de las clases utilizaron un cuarto
de recursos o de retiro para sus alumnos de integración. El 87%
de las clases dispuso de un ayudante de apoyo dentro de la clase,
que también trabajaba con los otros chicos. En el 82% de los casos,
el ayudante de integración siguió con el niño de un año a otro,
lo que dio estabilidad. El 85% de las clases tenían ordenadores
que usaban a diario. El 89% de los profesores tenían el título de
bachiller en educación, con créditos extra para un master o segundo
grado. La media de años de experiencia fue de 14 años. El 63% tenía
una cierta experiencia en impartir educación especial. El 55% de
los maestros dijeron que no habían recibido formación sobre integración
por parte del distrito escolar. El 94% de los alumnos con síndrome
de Down recibieron servicios de lenguaje, el 62% terapia ocupacional
y el 37% terapia física. El 46% señaló “otros” servicios, en su
mayoría educación física adaptada y la enseñanza de un especialista
en desarrollo del lenguaje (lectura). En el 52% estos servicios
se daban fuera de la clase y en el 48% dentro de la clase. Para
los profesores de educación ordinaria, que estuvieran fuera o dentro
de la clase no influía sobre el proceso de instrucción.
En
la tabla 1 se expone una lista de las puntuaciones por orden de
magnitud, dadas a las mejores estructuraciones de aprendizaje, lugar
más eficaz para la instrucción, materiales eficaces, mejores estrategias
para manejar la conducta, mejores métodos para calificar y peticiones
del profesor para mejorar la enseñanza. Se consideraron como mejores
estructuraciones de aprendizaje la enseñanza con relación 1:1 y
la impartida en grupos pequeños. Se mostraron eficaces a veces la
acción de los compañeros como tutores, los ordenadores y la enseñanza
en equipo. Se señaló que los grupos grandes y las lecciones impartidas
a toda la clase fueron totalmente inútiles para los alumnos con
síndrome de Down. Se realizó un t-test para asegurar que las diferencias
entre la puntuación máxima y mínima eran significativas. Esta diferencia
en relación con la estructuración del aprendizaje fue significativa
(t = 17; p < 0,01). El 49 % de los maestros constató que la integración
suponía trabajo extra en el sentido de que aumentaban el trabajo
en casa, los deberes de clase, los exámenes, los procedimientos
de evaluación y la necesidad de tener contacto con los padres. No
tuvieron que modificar sus sistemas de controlar la conducta para
conseguir un control adecuado de la clase.
Se
analizó también la organización de la clase. Indicaron que el lugar
más eficaz para la enseñanza era el área de la mesa del alumno (94%).
Los maestros de cursos superiores (7º a 12º grados) preferían el
encerado y el proyector de transparencias, mientras que los de educación
infantil y 1º grado usaban preferentemente sistemas informales de
instrucción en la propia mesa del niño. Cuando se les pidió que
puntuaran los materiales que mejor servían para la enseñanza de
los estudiantes con síndrome de Down, consideraron que los más eficaces
eran los materiales “reales” o los “apuntes”. El ordenador, las
tareas de papel y lápiz y los libros de texto eran eficaces a veces
(para los cursos más superiores), mientras que los manuales resultaban
inútiles. Las diferencias entre los materiales más y menos útiles
fueron estadísticamente significativas (t = 12; p < 0,01). El
74% de los maestros comprobó que el trabajo en casa era útil por
dos razones: 1) para informar a los padres de lo que el hijo estaba
haciendo en la escuela, y 2) para dar al niño la necesaria práctica
complementaria en los conceptos básicos. De todos los adultos implicados
con el alumno con síndrome de
Tabla 1. Lista por orden de puntuación obtenida de las mejores
estrategias utilizadas en la integración de alumnos con síndrome
de Down (1: ineficaz; 5: muy eficaz)
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|
Media
|
Desviación standard
|
Valor de t
superior/inferior
|
|
Mejor organización de la enseñanza
Individual
Grupo pequeño
Compañero-Tutor
Ordenador
Enseñanza en equipo
Grupo grande
Toda la clase
|
4,4583
3,8583
3,3917
2,9833
2,9500
2,4667
2,0500
|
1,0603
1,1174
1,3429
15664
1,9440
1,1071
1,1585
|
t = 16,7990*
|
Instrumentos
más eficaces
Actividades concretas
Ordenador
Papel y lápiz
Libro de texto
Manual
Otros
|
4,2833
3,4250
2,9750
2,6667
2,1167
1,0353
|
1,2035
1,6786
1,4288
1,7166
1,5674
1,9606
|
t = 12,0103*
|
|
Mejores estrategias para manejar las conductas
Alabanza
Premios materiales
Contacto con padres
Pérdida de privilegios
Tiempo de descanso
Presión del compañero
Reprimenda
Ignorar
Castigo
Descender de clase
|
4,6417
3,4000
3,3000
3,1500
3,1083
2,6417
2,4500
2,2083
1,6583
1,3500
|
0,5768
1,6109
1,6933
1,5912
1,5492
1,4883
1,2425
1,3652
1,3750
1,1714
|
t = 27,6152
|
|
Mejores métodos para evaluar
Esfuerzo
Trabajo diario
Participación física
Participación verbal
Exámenes
Tareas en casa
|
4,4833
4,2000
4,0833
3,5917
2,0917
1,8000
|
0,9872
1,1924
1,2063
1,5584
1,4260
1,2873
|
t = 18,1197*
|
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Peticiones de los maestros para mejorar
Instrucción individual
Más tiempo para planificar
Características de aprendizaje
informático
Ayuda adicional
Tutoría por compañeros
Apoyo de la administración escolar
Información por parte de los padres
Menos papeleo
|
3,9583
3,8917
3,7083
3,4500
3,2833
2,8750
2,5583
2,5333
|
1,3182
1,5173
1,2990
1,6493
1,2911
1,5260
1,5107
1,6750
|
t = 7,3235*
* p < 0,01
|
Down, se consideró que los más eficaces instructores
para el niño eran el profesor de educación ordinaria y el auxiliar
para la integración. Sin embargo, el 44% de los profesores indicó
también que los compañeros de clase intervinieron en el proceso
de instrucción de manera extraordinariamente eficaz.
Los
maestros indicaron que la alabanza fue la mejor estrategia o elemento
motivador para manejar la conducta. A veces sirvieron los premios
materiales, el tiempo de descanso, la presión del compañero, la
pérdida de algún privilegio y el contacto del maestro con los padres.
No fueron eficaces en absoluto el ignorarlos, las reprensiones o
el castigo, posiblemente por la incapacidad del alumno para asociar
estas consecuencias con su conducta incorrecta. Las diferencias
de puntuación entre las estrategias de modificación de conducta
más y menos eficaces fueron estadísticamente significativas (t =
28; p < 0,01). Las calificaciones se dieron en función de la
participación en la clase, el esfuerzo y el trabajo diario. Las
tareas en casa y las puntuaciones en los exámenes no se tuvieron
en cuenta para las tarjetas de calificación en los alumnos con síndrome
de Down. Las diferencias de puntuación entre el esfuerzo del estudiante
(que obtuvo la mejor valoración) y el trabajo en casa (lo que peor
servía para calificar) fueron estadísticamente significativas (t
= 18; p < 0,01).El hecho de que el alumno fuera considerado un
estudiante activo o pasivo no influyó significativamente sobre la
selección de estrategias educativas. Tampoco percibieron los maestros
que se prestara peor atención a los alumnos con síndrome de Down.
El profesor tenía altas expectativas en relación con sus alumnos
con síndrome de Down, y éstas no guardaron relación ni con la preparación
del profesorado, el modelo de puesta en marcha de la integración,
o si el alumno presentaba o no problemas de conducta. Cuando se
les pidió sus recomendaciones para mejorar, en orden de mayor a
menor los profesores deseaban: más tiempo de enseñanza con una relación
1:1, más tiempo para preparar la planificación, y más información
sobre las características del aprendizaje de los niños con síndrome
de Down. Estos resultados fueron significativos (t = 7; p < 0,01).
El 66% calificó la experiencia como más gratificante de lo que habían
esperado, tanto para ellos mismos como para los compañeros de clase.
Consecuencias para la
práctica
Para
concluir, este estudio indica que la integración de los alumnos
con síndrome de Down, tal como ahora existe, tiene éxito según los
profesores de enseñanza ordinaria, aunque queda mucho por mejorar.
Los profesores calificaron la experiencia como ilusionante, gratificante
y de gran valor para los alumnos de enseñanza ordinaria y para el
alumno con síndrome de Down. Indicaron la necesidad de realizar
trabajo extra para preparar la modificación de las tareas, el trabajo
en clase y las evaluaciones. Ha de tenerse cuidado en que los profesores
de educación ordinaria prioricen los objetivos del PEI del estudiante
integrado (que pueden ser de naturaleza más social), y no determinen
la eficacia siguiendo fundamentalmente los mismos patrones que sirven
para los estudiantes de enseñanza ordinaria (Dover, 1992; Hardman
et al., 1996). Sin embargo, la investigación realizada sobre la
eficacia de la integración ha demostrado ya que los alumnos integrados
alcanzan mayores objetivos académicos que los que se mantienen en
ambientes segregados (Bierne-Smith et al., 1994; Blatt, 1981; Boss
y Vaugn, 1998).
Los
métodos más eficaces fueron la enseñanza individual y la enseñanza
en grupos pequeños, especialmente en las mesas de los alumnos. Los
instrumentos más eficaces fueron las actividades sobre hojas de
papel o la enseñanza asistida por ordenador. Para motivar a los
alumnos, los mejores métodos fueron la alabanza y los pequeños premios,
y los mejores parámetros de evaluación fueron la participación y el esfuerzo desarrollados
en la clase, más que la tarea hecha en casa o los tests de evaluación.
Los compañeros tutores fueron a veces útiles para enseñar en un
ambiente agradable, como ya se había descrito en anteriores estudios
(Fields et al., 1994; Turnbull et al., 1999). (Véase también el
trabajo de Rynders y en Rev. Síndrome de Down, septiembre 2001).
Las
peticiones más frecuentes para mejorar el modelo de integración
fue mayor tiempo para la planificación, para incorporarlo en los
horarios de trabajo, y mayores posibilidades de realizar una enseñanza
con relación 1:1. Esto puede exigir la reducción del número de alumnos
por clase y/o la incorporación de más profesores. Es probable que
estos resultados sean particulares para los alumnos integrados con
síndrome de Down, y es posible que los resultados tengan el sesgo
impuesto por los maestros que decidieron responder al cuestionario.
Bibliografía
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Blatt
B. In and out of mental retardation:
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University Park Press 1981.
Bos
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Needham Heights, Mass: Allyn & Bacon 1998.
Dover
W. The inclusion facilitator.
New York: The Master Teacher, Inc 1992.
Ericsson
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Hardman
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Society, school and family, 5ª ed. Needham Heights, Mass: Allyn
& Bacon 1996.
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A, TurnbullR, Shank M, Leal D. Exceptional lives: Special education
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Wolpert
G. The meaning of inclusion and Down Syndrome. En: Hassold TJ, Patterson
DP. Down Syndrome: A Promising Future, Together.
New York: Wiley-Liss 1998.
Gloria
Wolpert es Profesora Adjunta de educación Especial en la Escuela
de Educación de Manhattan College, Riverdale, N.Y., USA. E-mail:
DrWolpert@aol.com.
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