Educación
de la sexualidad: cómo construir
los cimientos de
actitudes sanas
Tercera parte: Adolescencia
y adultez
Terri Couwenhoven,
MS.
RESUMEN
En las dos primeras partes expliqué la importancia de los padres
como educadores principales de la sexualidad. Cuando inician pronto
la formación en los conceptos de la sexualidad, proporcionan la
base sobre la que ha de cimentarse una sana sexualidad en la edad
adulta. Los artículos ofrecían estrategias para que los padres,
como educadores, introduzcan criterios clave a lo largo del tiempo.
Conforme nuestros hijos con síndrome de Down crecen y se desarrollan,
es importante seguir reforzándoles sus primeros aprendizajes, al
tiempo que añadimos nuevos conceptos y nueva información. Como sucede
con los demás niños y jçovenes, serán las escuelas, las parroquias
y otras instituciones las que empezarán a desempeñar también un
papel cada vez más importante a la hora de hacer progresar su formación
en materia sexual. En esta última parte se aborda el momento crítico
de la pubertad y el despertar sexual, el comienzo de las relaciones
afectivas. Se exponen las líneas fundamentales que se han de seguir
en el conocimiento y cuidados del propio cuerpo, la formación de
habilidades sociales que han de facilitar el establecimiento de
estas relaciones con compañeros, el establecimiento de la orientación
sexual, el sentido de seguridad y reafirmación en sí mismos para
que sus conductas sean claras y eviten situaciones difíciles. Se
exponen las líneas fundamentales de cómo se debe desarrollar la
educación sexual en la escuela y en la familia.
Adolescencia
y adultez
Citas
y desarrollo de relaciones
Más allá de los conceptos sobre relaciones
que se suelen enseñar, he hecho una lista de temas que dentro del
contexto de las relaciones, surgen de forma repetida en los clientes
a los que enseño y en los padres que tienen adolescentes y adultos
con discapacidad intelectual. No tengo repuestas mágicas para algunos
de estos temas pero creo que cobrar conciencia de los temas es el
primer paso para ver el modo de abordarlos.
Acceso
a compañeros
Hace ya tiempo en su visita a nuestra clínica, una madre nos comentó sobre
su hijo de 19 años que tenía síndrome de Down. Estaba preocupada
por su interés reciente y creciente (y por lo que pude colegir era
mutuo) hacia una chica que estaba en su clase especial para discapacidades
cognitivas de la escuela. La madre nos vino pidiendo algunas ideas
sobre cómo podría interferir la relación antes de que se convirtiera
en algo serio. Este hecho real todavía me obsesiona por una serie
de razones. Afrontémoslo: la soledad y el aislamiento son problemas
frecuentes en las personas con discapacidad.
En los programas que dirijo, los participantes
con discapacidad comparten con frecuencia su frustración por las
dificultades que encuentran para encontrar un amigo, un acompañante,
o un compañero. Las limitaciones para el transporte, la falta de
intimidad, las menores oportunidades para la socialización, y
a menudo los estereotipos sociales y las actitudes peyorativas
hacia la gente con discapacidad y su sexualidad, hacen mucho más
difícil encontrar un compañero, citarse
y desarrollar sus relaciones.
El deseo de tener una relación significativa
con un compañero es una necesidad que tenemos todos. Dejar que se
convierta en un obstáculo para nuestros hijos es inaceptable. En
cambio, podemos facilitar el proceso:
l Asegurar que nuestros hijos viven una vida
social activa a lo largo de su adolescencia (y de toda su vida).
El participar en clubs, aficiones, actividades de recreo y diversión
aumenta sus oportunidades de encontrar amistades que puedan posteriormente
convertirse en una relación estable.
l Escuchar y atender a lo que nuestros hijos nos
están diciendo. Con frecuencia
ignoramos, o sutilmente desaconsejamos, o suprimimos o esperamos
oportunidades para que conecten con otros, a causa de los problemas
que nosotros, como padres, tenemos.
l
Seguir enseñando y reforzando las habilidades sociales que son necesarias,
según se vayan necesitando.
Muchos padres se sienten mal cuando
su hijo adolescente o adulto expresa su deseo de desarrollar una
relación sexual con un compañero sin discapacidad. Conforme las
nuevas generaciones de chicos crecen en ambientes de integración,
este fenómeno será lógicamente más frecuente. Necesitamos recordar
que la gente con discapacidad intelectual ven los mismos modelos
que los demás, tanto en los medio (cine, TV) como en la vida real.
Desde el papel televisivo de Chris Bourke en la serie Life goes on no ha habido otros modelos
para los jóvenes con síndrome de Down. Todavía prevalecen los estereotipos
y actitudes negativas sobre las personas con discapacidad. En consecuencia,
nuestros hijos consideran frecuentemente el encontrar y el citarse
con una persona normal como una opción más atractiva y aceptable.
Intimidad
En una conferencia sobre sexualidad hace
unos poco años, estaba tomando el lunch con un grupo estupendo de
educadores de la sexualidad especializados para trabajar con personas
con discapacidad. Uno de mis amigos nos comentaba sobre cómo provocaba
de manera rutinaria a los padres de hijos con necesidades especiales
a que pensaran sobre cómo se manejaban en una actividad sexual consensuada
cuando les había llegado su oportunidad. Para quienes no tienen
discapacidad, hay cantidad de sitios privados para tener actividad
sexual: una habitación, un apartamento, una tienda de campaña en
el campamento. Para las personas con discapacidad que rara vez conducen
un coche y a menudo viven en su domicilio familiar hasta bien avanzada
la adultez, resulta más comprometido encontrar un sitio privado
en donde puedan expresar sus afectos.
Cuento esta historia porque he sido
llamada “a tratar” con parejas o con sujetos a los que se les había
descubierto que mostraban su afecto o participaban en actividades
sexuales en lugares públicos. Después de hablar con ellos, lo que
parece evidente es que las normas de las casas en que viven en grupo,
o las actitudes de los padres o del personal, etc., les impiden
estar juntos en lugares privados en donde sería más apropiado. Necesitamos
recordar que cuando se ponen límites o restricciones a la expresión
sexual en sitios privados, la actividad sexual se traslada frecuentemente
a la área pública.
Consentimiento
Uno de los dilemas con los que más frecuentemente
se enfrentan los padres y cuidadores es cómo equilibrar tanto la
necesidad de proteger como la de apoyar a las personas con discapacidad
en su derecho a tomar decisiones relacionadas con su sexualidad.
A menudo, el factor clave para determinarlo es saber si el individuo
tiene capacidad para consentir la actividad sexual. Los factores
que alteran o contribuyen a la confusión en relación con la capacidad
de una persona para dar legalmente su consentimiento incluyen.
-
La
falta de información o de conocimiento sobre la sexualidad, como
son los conceptos de los límites o fronteras, la información sobre
cómo protegerse de las consecuencias de la actividad sexual, y
-
La
capacidad para tomar decisiones de forma voluntaria y sin coacción.
Orientación sexual
La adolescencia es el periodo de la vida
en el que empieza a materializarse la comprensión de la orientación
sexual. Aunque hay muy poca bibliografía sobre la incidencia de
la homosexualidad en las personas con discapacidad intelectual,
debemos ser conscientes y estar abiertos a esa posibilidad. Puesto
que estas personas disponen de un acceso limitado a elegir sus compañeros
y formas de vida, el determinar su orientación sexual puede resultar
más complicado de lo que es para quien no tiene esa discapacidad.
Por ejemplo, en la gente con discapacidad que viven en casas segregadas
en función del sexo, es más frecuente que existan relaciones sexuales
entre ellas (como ocurre en las cárceles). En estas situaciones,
los residentes tiene frecuentemente menos oportunidades de elegir
las personas con las que desean formalizar relaciones. En el campo
de la sexualidad, se refiere a este fenómeno como homosexualidad
de situación. Cuando a esos mismos residentes se les permite el
contacto heterosexual, con frecuencia pasan a mantener una relación
heterosexual.
Al igual que ocurre a los homosexuales
sin discapacidad, los que la tienen se arriesgan frecuentemente
al ridículo y al prejuicio que a veces surge. Hace unos años me
pidió una asistente social que diera información sexual segura a una de sus clientes-
una joven homosexual con discapacidad del desarrollo. Aunque estaba
interesada en la información, lo que de verdad necesitaba era apoyo
y aceptación. Sus esfuerzos por encontrar ayuda en un personal que
no la apoyaba habían provocado restricciones sociales más rígidas
(impidiendo ver a su amiga), alienación por parte de la familia,
y aislamiento por parte de sus compañeras de habitación.
Otros puntos importantes a recordar
en relación con la orientación sexual son:
- Una cita con persona del mismo sexo,
un calentón, un sueño no significa necesariamente que su hijo es
gay o lesbiana. Las experiencias homosexuales ocasionales son un
fenómeno bastante frecuente en los adolescentes y no predictores de la orientación sexual.
- Aunque muchos individuos que son
homosexuales dicen haberse sentido diferentes en etapas tempranas
de su vida, es en la edad adulta cuanto se da generalmente la aceptación
de su identidad.
- Los pensamientos y las fantasías
son mejores indicadores de la orientación sexual que la conducta.
Si sospecha que su hijo pueda ser gay, necesitará información
y apoyo como cualquier otro. Busque la información y recursos existentes
tanto a nivel nacional como en su comunidad y prepárese para ayudar
a su hijo a que acuda y acceda a los materiales que necesita para
aceptarse y sentirse bien tal como es.
Educación
de la sexualidad en las escuelas y en la comunidad
Conforme los chicos se aproximan a
la adolescencia, tengan o no síndrome de Down, las escuelas empiezan
a ofrecer oportunidades de formación para aumentar y reforzar lo
que han aprendido sobre los temas de sexualidad. Sin embargo, si
bien hemos progresado en el hecho de que los adolescentes sin discapacidad
son sexuados y necesitan una educación sobre la sexualidad que tenga
calidad, cuando llegamos al hecho de tener que impartir educación
sexual a adolescentes con discapacidad nos queda un largo camino
por recorrer.
Va siendo cada vez más frecuente que
los alumnos con síndrome de Down se eduquen en clases con régimen
de integración. Pero la educación de la sexualidad dentro de los
currículos ordinarios parece diferente de la formación que normalmente
se ofrece a las personas con discapacidad. Entre los beneficios
que supone el incorporar a su hijo adolescente en una programación
específicamente dirigida a personas con discapacidad, se encuentran
los siguientes:
·
Grupos
más pequeños de alumnos.
·
Menor
cantidad de información ofrecida en cada sesión.
·
Destacar
mejor el contenido, centrándose en los temas y problemas más frecuentes.
·
Utilización
de material docente especializado y más concreto.
·
Más
oportunidades de repetición y reforzamiento.
·
Contextos
de “práctica” que son más seguros, a la hora de revisar y aplicar
habilidades entre compañeros.
Aun
en el caso de que la escuela de su hijo ofrezca instrucción dirigida
a las necesidades de los individuos con discapacidad intelectual,
existe una gran variabilidad en la calidad de los programas. Esta
calidad se ve afectada normalmente por las actitudes y creencias
de la comunidad, la capacidad y el grado en que el profesor se siente
cómodo en la clase, el nivel de financiación y recursos y el apoyo
de los padres. He aquí algunas cuestiones e información básica que
pueden ser útiles a la hora de evaluar y promover un programa que
sea global.
¿Qué temas
se han de exponer?
Los conceptos y la información que
se debe enseñar en un programa deben comprender: Partes del cuerpo
humano. Maduración y cambios corporales. Aseo personal que incluya
la higiene, los cuidados femeninos, los exámenes médicos, etc. Reglas
sociales, como es el arreglo personal y las habilidades sociales.
Las relaciones. Manera de impedir los abusos. Desarrollo de citas
y relaciones. Expresión sexual dentro de las relaciones. Prevención
del embarazo. Enfermedades por transmisión sexual y modo de evitarlas.
Derechos y responsabilidades en la conducta sexual.
¿Quién
enseña el programa?
Me he encontrado con profesores que
se encuentran muy cómodamente en su trabajo con personas con discapacidad
pero no en los temas relacionados con la sexualidad. Esta situación
frecuentemente acaba en una programación incompleta y centrada en
problemas (información diseñada para arreglar un problema más que
para cultivar la sexualidad), que incluye temas de sexualidad “seguros”
y que no susciten controversia (por ejemplo, prevención de abusos,
partes del cuerpo, higiene corporal). En otras situaciones, los
educadores son expertos y se sienten cómodos explicando los temas
sobre sexualidad, pero tiene poca o ninguna experiencia en el trabajo
y enseñanza a alumnos con discapacidad. La consecuencia entonces
es que los programas son demasiado sofisticados y complejos, lo
que reduce la capacidad para destacar lo realmente importante. Lo
ideal es contar con un educador de la sexualidad que esté titulado
y tenga experiencia en trabajar con personas con discapacidad.
Valores inherentes
al programa
Por lo general, cuando nos referimos
a los valores que deben incorporarse a los programas, lo hacemos
en referencia a los valores universales sobre los que todos estamos
de acuerdo en que son importantes. Ejemplos de ello son:
·
La
sexualidad es parte natural y saludable de lo que somos.
·
Todos
nosotros somos sexuados.
·
La
actividad sexual implica asumir responsabilidades.
·
El
abuso o la lesión a otros están mal.
Evaluación del
aprendizaje
El aprendizaje del estudiante en relación
con el programa de sexualidad se evalúa con pruebas de papel y lápiz
(marcar, elegir la respuesta correcta, elegir un dibujo), juegos
de tablero, pruebas orales, evaluación de la conducta (role
play, observación de habilidades en contextos ajenos a la clase,
valoración in situ).
Momentos críticos de la programación
dentro de la escuela son los programas de entrenamiento de tareas.
Si su hijo está en una etapa de transición de la escuela a la comunidad,
la educación de la sexualidad habrá de ser, de alguna forma, un
componente del curriculum. Si su hijo ya no está en la escuela,
proponga programas sobre sexualidad en otros contextos. En los talleres
ocupacionales, en los programas de formación laboral dentro de las
instituciones sobre discapacidad, en los clubs, o en otros grupos
a los que pertenezca su hijo, se puede integrar de manera eficaz
la formación de la sexualidad dentro de sus programas habituales.
Con frecuencia, los programas que yo dirijo son iniciados por grupos
de padres o profesionales que simplemente se mantienen atentos y
responden a las necesidades de las personas con discapacidad.
Cuando
no basta la educación sobre la sexualidad
Por el hecho de participar en el mejor
programa sobre sexualidad no se garantiza que queden resueltos los
problemas sexuales. En general es un buen comienzo y una primera
etapa a la hora de ayudar a las personas con discapacidad a que
comprendan mejor quiénes son y cuál es el modo más apropiado de
interactuar con los demás. Pero a veces, y a pesar de nuestros mejores
esfuerzos, las cosas van mal. Es importante recordar que los problemas
sexuales portan a menudo un equipaje extra y una incomodidad que
termina en una serie de reacciones en escalada por parte de los
padres y demás personal que trabaja con su hijo. Manejar y resolver
conductas problemáticas exigirá el trabajo en colaboración y la
comunicación entre todas las personas que están apoyando a su hijo.
Si la conducta problemática del individuo está originando una disfunción
y haciendo que broten sentimientos desagradables, pueden ser necesarios
la ayuda y el apoyo por parte de asesores y terapeutas que estén
especializados en realizar programas terapéuticos que tengan que ver con el manejo de los sentimientos.
Estos sentimientos pueden salir a la superficie como resultado de
un desarrollo normal o como experiencias traumáticas pasadas, como
puede ser el abuso sexual. Un consejero experimentado puede ayudar
al individuo a sortear a través de sus sentimientos y a desarrollar
estrategias para afrontar la conducta problemática.
Para muchas familias, no resulta fácil
encontrar un asesor cualificado. Aunque la mayoría de las comunidades
tienen acceso a asesores, es todo un problema encontrar a alguien
que esté formado en los temas sobre sexualidad y
al mismo tiempo se sienta cómodo trabajando con una persona
que tiene limitadas sus habilidades verbales o cognitivas.
Conclusión
En
esta serie de tres partes he tratado de identificar una lista de
conceptos clave que, cuando se abordan pronto en la vida, ofrecen
un buen fundamento para desarrollar unas actitudes sexuales sanas
desde las que se puede construir conforme su hijo va madurando.
Los conceptos y temas que he identificado en esta serie en absoluto
son los únicos, pero creo que constituyen un buen inicio pata entender
los problemas que tan frecuentemente se observan tras años de represión
y negación sexual.
Puede que en algunas familias nunca
se puedan enseñar todos estos conceptos. Para los niños con discapacidad
severa, se dará menos importancia a las habilidades sociales y más
a que se sienta bien con lo que es. Lo más importante es que reconozca
usted que su hijo tiene necesidades sexuales y de información como
cualquier otro. ¡Suerte en su empeño!
Bibliografía
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Pueschel S, Sustrova M. Adolescents with Down syndrome: toward a more fulfilling life. Baltimore,
Paul H Brookes Pub Co, 1997.
Terri Couwenhoven, M.S., es madre de dos
hijas, una de las cuales tiene síndrome de Down. Es consultora para
la educación sexual (Título AASECT) y es coordinadora clínica en
la Down Syndrome Clinic de Wisconsin. E-mail: tcouwen@execpc.com
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