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Inteligibilidad
del habla en las personas con síndrome de Down: Un marco para señalar
factores específicos útiles en la evaluación y tratamiento
Libby Kumin
RESUMEN
La inteligibilidad del
habla es un problema importante para las personas con síndrome de
Down. Aunque se ha realizado investigación clínica en relación con
los factores de riesgo y con algunas de las características específicas
del habla en esta población, no se ha aplicado convenientemente
esta información para evaluar y tratar la inteligibilidad del habla.
Tanto la investigación como la bibliografía clínica han analizado
por lo general este problema como un trastorno unitario global asociado
al síndrome de Down, y han considerado el tratamiento exclusivamente
como el papel propio del logopeda o terapeuta del lenguaje. Pero
la complejidad de las dificultades que se aprecian en la inteligibilidad
del habla en las personas con síndrome de Down requiere que la evaluación
y el abordaje terapéuticas sean completos, lo que supone, que además
del logopeda, intervengan también el pediatra, el otorrinolaringólogo,
el audiólogo y el fisioterapeuta. Este artículo resume el conocimiento
actual sobre los factores anatómicos, fisiológicos y neurológicos
que aparecen en las personas con síndrome de Down. Analiza el impacto
de estos factores y de sus combinaciones e interacciones, en cuanto
afectan a la inteligibilidad del habla. Se presenta un marco para
señalar los factores específicos que influyen sobre la evaluación
y planificación del tratamiento de las personas con síndrome de
Down que muestran dificultad en la inteligibilidad de su habla.
La inteligibilidad del habla viene definida por la
claridad con que una persona se expresa, de modo que su habla sea
bien comprensible a su interlocutor (Leddy, 1999). Numerosos informes
clínicos señalan la presencia de dificultades en la inteligibilidad
del habla de los niños con síndrome de Down (Chapman et al., 1988;
Hesselwood y col.,, 1995; Horstmeier, 1990; Miller y Leddy, 1998;
Rosin y Swift, 1999; Rosin et al., 1988; Swift y Rossin, 1990; Wilcox,
1988). Lo mismo se aprecia en las encuestas a familias (Kumin, 1994a).
En una encuesta realizada a 937 familias (Kumin, 1994a), más del
95% de los padres señalaban que los niños tenían dificultad para
ser entendidos por personas de fuera de su círculo más inmediato,
a veces o con frecuencia. Cuando se analizaron los grupos por edades,
para cada edad más del 50% de los padres indicó que los niños tenían
frecuentes dificultades en la inteligibilidad de su habla. Sólo
alrededor del 5% de los padres dijeron que sus hijos mostraban rara
vez o nunca dificultad para ser comprendido. La inteligibilidad
del habla, pues, es un problema ampliamente extendido en los niños
con síndrome de Down.
Generalmente,
este trastorno ha sido considerado como algo global, y eso es darle
una categoría demasiado amplia. Aunque es posible medir globalmente
la inteligibilidad, no se la puede tratar de modo global. Viene
determinada por una combinación de factores, así como por las interacciones
de estos factores específicos en cuanto afectan a la inteligibilidad
de un individuo concreto (Kumin, 1999). La complejidad de estos
factores y de sus interacciones explica probablemente el hecho de
que no se puede predecir o determinar el grado de inteligibilidad
del habla de un individuo simplemente contando el porcentaje de
consonantes correctamente utilizadas, o incluso comparando el número
de palabras que se entienden con el de las que no se entienden.
Las mediciones que evalúan la inteligibilidad se han basado en escalas,
análisis de contrastes fonéticos,
análisis fonológicos, pruebas de inteligibilidad de palabras
e índices fonéticos a partir
de muestras de habla (Kent y col., 1994). Véase la tabla 1 para
un resumen de los tipos de mediciones que se emplean en las evaluaciones,
con ejemplos en cada uno.
Tabla
1. Métodos clínicos tradicionales para cuantificar la inteligibilidad
| Método |
Ejemplo |
Métodos de escalas
Análisis de contraste fonético
Análisis fonológico
Tests de inteligibilidad de palabras
Índices fonéticos a partir de muestras
de habla |
Escala de 1 a 7 sobre la cualidad
del habla
Test de inteligibilidad del habla
del niño
Test de evaluación de procesos
fonológicos
Medición de la inteligibilidad
del habla, preescolar
Porcentaje de consonantes correctas |
Adaptada de Kent et al., 1994
Todos estos instrumentos de evaluación estiman lo comprensible
que resulta el que habla para el que le escucha, es decir, lo fácil
o difícil que resulta para el que escucha comprender lo que está
diciendo el que habla. Por lo general se emplean como jueces de
inteligibilidad a personas que no estén familiarizadas con lo que
escuchan, pero para las escalas de bondad y para el análisis de
muestras de habla, se emplean aveces como jueces a logopedas familiarizados
con el habla del niño o a familiares. Lo que estos instrumentos
de evaluación no hacen es analizar qué factores físicos, neurológicos, lingüísticos, no verbales o
externos forman la base de la dificultad para producir un habla
inteligible.
Hay
una clara necesidad de información que ayude a los clínicos a identificar
las dificultades específicas que están afectando a la inteligibilidad
del habla en las personas con síndrome de Down. Basándose en la
investigación y en la experiencia clínica, disponemos de información
sobre algunos de los resultados físicos y sobre las dificultades
de planificación neuromotora y motora que ejercen su impacto sobre
la inteligibilidad del habla, y sobre los factores de riesgo que
puedan afectar a una persona determinada.
La inteligibilidad
no sólo es importante porque ayude o dificulte la comprensión del
mensaje de una persona, sino también porque desempeña un papel principal
en nuestro juicio sobre su habla , y a veces incluso sobre sus habilidades.
Incluso cuando los niños con síndrome de Down aumentan sus habilidades de lenguaje expresivo, su eficacia para comunicarse con los demás
depende, en buena parte, de si su habla puede ser comprendida (Chapman
et al., 1998). Cuando resulta duro entender lo que alguien está
diciendo, quien escucha puede deducir
que la persona es menos capaz y está más intensamente afectado.
Cuando la gente no puede entender lo que estás diciendo, es posible
que subestime tus posibilidades. Muchas personas con síndrome de
Down tienen un habla que les hace parecer menos capaces de lo que
son. Algunos clínicos e investigadores piensan que algunos problemas
de conducta nacen de la incapacidad para hacerse entender, terminando
en la frustración y en una conducta violenta (Reichle y Wacker,
1993).
Factores
de riesgo anatómicos y fisiológicos
En
los niños con desarrollo normal, se espera que desarrollen un habla
100% inteligible hacia los cuatro años de edad (Weiss et al., 1981).
Es raro que el de las personas con síndrome de Down sea 100% inteligible
a cualquier edad, por lo que el problema no está basado en un retraso
del desarrollo. Los clínicos y los investigadores han identificado
diferencias anatómicas y fisiológicas en las personas con síndrome
de Down que hacen que el habla sea más difícil (Miller y Leddy,
1999; Miller et al., 1999). Existen diferencias estructurales como
es el estrecho arco palatino (paladar ojival), la dentición irregular,
la mordida abierta, o una lengua que es relativamente grande.
Hay también diferencias
fisiológicas como son la hipotonía (tono bajo) de los músculos orofaciales
y la laxitud de los ligamentos de la articulación temporomandibular.
La hipotonía contribuye a la dificultad de para articular. La mayoría
de los niños tienen además una historia de otitis media con efusión
que afecta al procesamiento fonético conforme el niño aprende el
lenguaje. En la tabla 2 se resumen los actuales hallazgos sobre
las diferencias anatómicas y fisiológicas.
Tabla
2. Resumen de la investigación sobre los factores de riesgo antómicos
y fisiológicos
| Hallazgos físicos |
Investigadores |
Repercusión en el lenguaje |
| Hipotonía muscular que afecta a los músculos de la
boca, lengua y faringe. |
Borea et al., 1990; Borghi, 1990;
Desai, 1997, 1999; Fraiser y Friedman, 1996; Kumin y Bahr, 1999; Miller et al., 1999; Nowak, 1995; Pueschel,
1984; Rogers y Coleman, 1992; Rynders y Horrobin, 1996; Van
dyke et al., 1995. |
Problemas en la articulación, inteligibilidad,
imprecisión del habla, voz, resonancia. |
| Laxitud de ligamentos en la articulación
témporo-mandibular |
Desai, 1997; Rynders y Horrobin,
1996 |
Articulación, habla imprecisa. |
| Pobre desarrollo de los huesos
de la parte medial de la cara (perfil facial chato, puente
nasal plano) |
Desai, 1997, 1999; Kavanaugh, 1995; Nowak, 1995. |
Articulación, habla imprecisa. |
| Hipertrofia de amígdalas y adenoides
/ débil bloqueo de las vías respiratorias nasales |
Kavanaugh, 1995; Shott, 2000 |
Hiponasalidad |
| Estrechez del maxilar superior |
Nowak, 1995; Miller et al., 1999 |
Hipernasalidad, inteligibilidad |
| Reducción de la altura palatina,
arco palatino ojival |
Nowak, 1995; Desai, 1999 |
Hipernasalidad |
| Configuración de la escalera palatina
en forma de V |
Desai, 1997 |
Hipernasalidad, inteligibilidad |
| Anomalías en las uniones neuromusculares
de la lengua |
Yarom et al., 1986 |
Articulación |
| Otitis media con efusión y pérdida
fluctuante de la audición conductiva |
Gravel y Wallace, 1995; Kavanaugh,
1995; Kile y Beauchaine, 1991; Roberts y Medley, 1995; Balkany
et al., 1979; Maurizi et al., 1975 |
Retraso en el habla y desarrollo
del lenguaje, en la discriminación auditiva, en la localización
auditiva, dificultades en la asociación auditiva |
| Impactos de cerumen |
Kavanaugh, 1995; Roizen, 1997; Roizen el at., 1992;
Shott, 2000 |
Retraso en el desarrollo del habla
y del lenguaje, en la asociación auditiva, en la localización
auditiva |
| Irregularidades de dentición |
Kavanaugh, 1995; Rogers y Coleman,
1992; Balkany et al., 1979; Maurizi et al., 1985; Roizen, 1997;
Roizen et al., 1992; Shott, 2000 |
Percepción del habla, procesamiento
fonético |
| Mordida abierta |
Nowak, 1995 |
Problemas de articulación, en especial
para s, z, sh, t, d, f, v |
| Maloclusión Clase III de Angle
con prognatismo |
Borea et al., 1990; Desai, 1997;
Nowak, 1995 |
Articulación, inteligibilidad |
Factores
de riesgo neurológicos
El
funcionamiento neurológico ejercerá su efecto sobre la producción
de los sonidos del habla, así como sobre la respiración, la voz,
la resonancia y la fluidez. Los problemas en cualquiera de estas
áreas repercutirán sobre la inteligibilidad del habla. Devenny y
Silverman (1990) y Devenny et al., (1990) habían sugerido que existe
una ruptura en la organización neural en el ámbito de las consonantes,
lo que origina dificultades de fluidez verbal. Elliott y sus colaboradores
formulan la hipótesis de que en las personas con síndrome de Down,
existe una disociación entre la percepción del habla en el hemisferio
derecho y la producción del habla en el hemisferio izquierdo, lo
que hace difícil completar cualquier tarea que implique a ambas:
percepción y producción del habla (Elliott et al., 1987; Heath et
al., 2000), y ello afecta a la capacidad de producir un habla fluida
(Heath y Elliott, 1999). Clínicamente, los dos patrones neurofuncionales
que afectan directamente a la inteligibilidad del habla en las personas
con síndrome de Down son la dificultad neuromotora (disartria) y
la dificultad en la planificación motora (apraxia del habla propia
del desarrollo) (Kumin, 1994b; Rosin y Swift, 1999). La disartria
afecta a la fuerza y la precisión del movimiento muscular, produciendo
un habla que suena como “engrosada” o imprecisa. Cuando la función
muscular se ve afectada, el problema abarca a todas las actividades
que impliquen a ese músculo; de ese modo, si se afectan los músculos
labiales, se verán afectados el comer o el mantener cerrados los
labios tanto como el habla. Las dificultades de inteligibilidad
que se ven en los niños con síndrome de Down han sido frecuentemente
consideradas, evaluadas y tratadas de modo exclusivo desde una perspectiva
disártrica. Se presta atención a los ejercicios motores orales,
al tono muscular global y al fortalecimiento. Aunque la hipotonía,
especialmente en el área oral, es un probado factor que contribuye
a los problemas de inteligibilidad (Kumin y Bahr, 1999), la el abordaje
disártrico contempla sólo una parte de la dificultad.
Históricamente,
en los niños con síndrome de Down no se ha considerado que tengan
una apraxia del habla propia del desarrollo (AHD) porque los estudios
iniciales que identificaron y describieron la AHD contemplaban sólo
personas con inteligencia normal (Morley, 1974), audición dentro
de los límites normales (Williams et al., 1981), y ausencia de debilidad
o parálisis muscular (Shriberg et al., 1997a, 1997b). Sus resultados
y definiciones de AHD no se generalizaron más allá de los grupos
originales de sujetos. Algunas definiciones actuales de dificultades
en la planificación motora están empezando a incluir niños con síndrome
de Down (Hall et al., 1993).
El diagnóstico
de AHD, o cualquier otra etiqueta sinónima, describe la incapacidad
de un niño para programar, combinar, organizar y secuenciar voluntariamente
los movimientos necesarios para realizar tareas de lenguaje y de
no lenguaje (Williams et al., 1981; Jaffe, 1984). En un estudio
reciente, Kumin y Adams (2000) examinaron a siete niños con síndrome
de Down que mostraban dificultad para ser entendidos mediante The
Apraxia Profile (Hichman, 1997). El estudio demostró que todos
los niños mostraban características de AHD. Las características
más comunes de AHD mostradas por ellos fueron la reducción de la
inteligibilidad conforme se alargaban las emisiones verbales, inconstancia
en los errores del habla, menor capacidad para realizar tareas voluntarias,
en comparación con las tareas no voluntarias, dificultad para secuenciar
movimientos y sonidos orales, y un perfil de lenguaje receptivo
superior al expresivo. Clínicamente, parece necesario preguntarse
si los déficits en la planificación motora suponen un factor que
contribuye a las dificultades de inteligibilidad que encontramos
en un niño con síndrome de Down.
Clínicamente,
algunos niños con síndrome de Down muestran un patrón neurofuncional
de disartria, otros muestran apraxia, y otros muestran ambos. No
hay información sobre la incidencia de disartria o de AHD en esta
población, pero no hay duda de que, cuando están presentes, afectan
a la inteligibilidad del habla. El aprendizaje motor, incluidas
las habilidades para producir el habla, se desarrollan mediante
la experiencia y la práctica (Caruso y Strand, 1999). Los primeros
movimientos, como son los realizados en el lloro, el chupeteo y
el mamar, son los precursores de los movimientos y habilidades que
se necesitan para la producción inicial del habla (Kumin y Bahr,
1999; Square, 1999). Por ejemplo, el patrón de chupeteo que los
niños utilizan proporciona la práctica de movimientos que se usarán
después para poner redondos los labios y para retraer la lengua,
movimientos que serán necesarios para ciertos sonidos del habla.
Es importante
tener una adecuada información e integración auditiva, kinestésica
y propioceptiva, para poder desarrollar con precisión los planes
motóricos (Caruso y Strand, 1999). Si uno no es capaz de integrar
toda la información sensorial que le llega, será difícil organizar
y secuenciar los movimientos necesarios para producir un habla precisa
y articulada (Square, 1999). Es necesario procesar toda la información
sensorial que penetra, si se quieren desarrollar los planes motores
exigidos para realizar los actos motores del habla. El aprendizaje
motor depende del desarrollo de fuertes esquemas (o planes motores)
en el cerebro, y esos planes se desarrollan mediante la experiencia.
Los planes motores le permiten a uno producir un habla rápida, precisa,
secuenciada, casi automáticamente. Los niños con síndrome de Down
tienen muchos déficits sensoriales y motóricos que les deben frenar
su capacidad para obtener esa experiencia. Por tanto, la dificultad
en las habilidades de planificación motórica pueden estar relacionadas
con los déficits sensoriales y motores, y con la consiguiente falta
de experiencia para producir sonidos. El modelo de disociación cerebral
propuesto por Elliott y colaboradores representa otra explicación
de las dificultades para la producción del habla. En cada persona
con síndrome de Down, se necesita examinar los patrones neurofuncionales
que están afectando la producción e inteligibilidad de su habla.
En la tabla 3 se resumen los resultados de investigación sobre los
procesos neurológicos que ejercen su impacto sobre el habla.
Tabla
3. Resumen de la investigación sobre los patrones neurológicos en
las personas con síndrome de Down
| Hallazgos neurológicos |
Investigadores |
Repercusión
sobre el habla |
| Dificultades en el procesamiento
secuencial |
Rosin et al., 1988; Fowler, 1995,
1999. |
Procesamiento fonémico, memoria
auditiva, morfosintaxis (gramática) |
| Dificultades en la coordinación
muscular, la precisión y el ritmo |
King et al., 1993; Miller, 1987;
Miller y Leddy, 1998; Miller et al., 1999. |
Articulación, inteligibilidad |
| Dificultades en el procesamiento
auditivo-motor y auditivo-vocal |
Fowler, 1995; Fowler, 1999; Hopmann y Wilen, 1993;
Pueschel et al., 1987 |
Procesamiento fonémico, memoria
auditiva, morfosintaxis, disminución de longitud de frases |
| Disociación cerebral en la percepción
y producción de habla |
Elliott et al., 1987; Heath y Elliott, 1999; Heath
et al., 2000. |
Dificultades en los movimientos
motores simultáneos y habla |
| Sensibilidad al tacto, sonido o
movimiento |
Frazier y Friedman, 1996; Kumin
y Bahr, 1999; Nelson y DeBenebib, 1991 |
Dificultades motoras orales, dificultades
de retroalimentación sensorial para la articulación |
|
Dificultades motoras orales
Apraxia o planificación motora
|
Kumin y Bahr, 1999; Rosin et al.,
1988
Hesselwood et al., 1995; Kumin, 1994; Kumin y Bahr,
1999; Miller et al., 1999; Strand, 1999.
|
Inteligibilidad, sonidos imprecisos
Retraso en el habla, vacilación
y esfuerzo orales, problemas de inteligibilidad, inconstancia
en los errores
|
Síntomas
secundarios
Los problemas físicos, tanto anatómicos
como fisiológicos, y la dificultad en la función neuromotora y neurosensorial
inducen síntomas secundarios que afectan directamente el habla.
Por ejemplo, las amígdalas grandes y los adenoides, que ejercen
un cierto bloqueo de las vías aéreas nasales, en combinación con
el bajo tono de los músculos del paladar y faringe, provocan hiponasalidad,
es decir, los sonidos suenan como si la persona estuviera acatarrada.
El bajo tono muscular y la respiración por la boca favorecen que
la boca permanezca abierta, lo que afectará a la capacidad de articular,
por ejemplo, la capacidad de que el niño emita correctamente los
sonidos /p, b, m, f/. La tabla 4 resume los resultados sobre los
síntomas secundarios y sus consecuencias sobre el habla. Aunque
no existe una directa correspondencia entre síntomas específicos
del habla y la intensidad global de la perturbación del habla que
percibe quien escucha, hay todo un conjunto de síntomas del habla,
presentes en las emisiones verbales del individuo, que habrán de
influir sobre la inteligibilidad.
Tabla 4. Síntomas
secundarios y sus consecuencias sobre el habla y lenguaje
| Hallazgos neurológicos |
Investigadores |
Repercusión
sobre el habla |
| Posición
de boca abierta |
Kavanaugh, 1995; Kumin y Bahr, 1999; Nowak, 1995; Strome
y Strome, 1992. |
Articulación,
especialmente para p, b, m, f, v. Inteligibilidad |
| Babeo |
Desai,
1997; Kavanaugh, 1995; Kumin y Bahr, 1999 |
Dificultad
en percepción y retro-alimentación sensorial para la articulación |
| Respirar
por la boca |
Borea
et al., 1990; Desai, 1999; Kumin y Bahr, 1999 |
Hiponasalidad,
articulación, inteligibilidad |
| Protrusión
de la lengua |
Desai,
1999; Kavanaugh, 1995; Kumin y Bahr, 1999; Miller et al., 1999;
Nowak, 1995 |
Articulación,
especialmente para t, d, s z, sh, l, n. Inteligibilidad |
| Macroglosia
relativa |
Borghi,
1990; Kavanaugh, 1995; Nowak, 1995 |
Articulación,
especialmente para t, d, s z, sh, l, n. Inteligibilidad |
| Limitación
en distancia e intervalo de movimientos de la lengua |
Miller
y Leddy, 1998 |
Imprecisión
de la articulación |
| Pobre
control o coordinación en la precisión y compás de los movimientos
motores orales |
Desai,
1999; Devenny y Silverman, 1990; King et al., 1993; Miler, 1987;
Miller y Leddy, 1998; Miller et al., 1999. |
Articulación,
tartamudez, inteligibilidad |
| Incompetencia
velofaríngea |
Kavanaugh,
1995; Kumin, 1994 |
Hipernasalidad,
articulación |
| Dificultad
para mantener una exhalación suave |
Kumin
y Bahr, 1999 |
Reducción
de volumen, tartamudez,
inteligibilidad |
Articulación
y procesos fonológicos
Resulta difícil frecuentemente para
los niños con síndrome de Down producir sonidos correctos y combinaciones
de sonido. Cuando se preguntó a los padres que explicaran si sus
hijos tenían dificultad en áreas específicas del habla, el 80% contestó
que tenían dificultad con la articulación (Kumin, 1994a). Se ha
centrado la investigación sobre la articulación y la producción
de sonidos, y sobre los procesos fonológicos, las normas simplificadas
que los niños utilizan cuando van aprendiendo los sonidos del habla.
Se ha demostrado que la articulación, y especialmente la de las
consonantes, es un problema para muchas personas con síndrome de
Down. Según Dodd (1970), alrededor del 95% de los niños con síndrome
de Down presentan problemas de articulación. El mismo autor señaló
que estos niños mostraban dos veces más errores de articulación
y casi dos veces más sustituciones inconstantes que otros niños
con retraso mental de la misma edad mental (Dodd, 1977). También
Rosin y sus colaboradores hallaron que los adolescentes con síndrome
de Down mostraban significativamente más errores en la articulación
de consonantes a nivel de palabra que otros con otro tipo de deficiencia
mental de la misma edad (Rosin et al.,1988). Stoel-Gammon (1980)
analizó el habla de cuatro niños con síndrome de Down y vio que
más del 90% de los errores de sonido se debía a los sonidos de consonantes.
No tenían dificultades con las vocales. Los errores no eran constantes, es decir, a veces el niño podía producir el sonido correctamente
en una palabra y no en otra. La dificultad aumentaba cuando las
emisiones verbales se alargaban. Y los errores de articulación eran
más abundantes en la conversación que cuando se producían palabras
de forma aislada (Stoel-Gammon, 1980, 1997).
La articulación se centra en los movimientos
específicos y en la coordinación que se necesitan para producir
los sonidos del habla. Otra línea en la investigación y en la práctica
clínica es la identificación de los patrones de producción de sonidos.
Se trata de un abordaje basado en el lenguaje que mira al sistema
basado en las reglas del niño para producir los sonidos; las simplificaciones
que el niño realiza cuando no produce los sonidos correctos se denominan procesos fonológicos. Los que
más frecuentemente hacen los niños con síndrome de Down son los
siguientes:
·
Supresión
de la consonante final (pa en lugar de pan)
·
Reducción
de grupos de consonantes (pata en lugar de plata)
·
Stopping
·
Fronting
·
Backing
·
Supresión
de sílabas débiles (jama en lugar de pijama)
Se
ha comprobado que los procesos fonológicos que los niños con síndrome
de
Down
emplean más frecuentes (regla de simplificación) entre las edades
de 13 a 22 años es la supresión o deleción de la consonante final.
Eso significa que deja sin emitir el último sonido de la palabra.
Y ello crea un problema en la escuela en donde se supone que los niños tienen que
aprender gramática. La consonante final es atributo de plurales,
y de determinados tiempos de los verbos y, si bien el niño con síndrome
de Down puede saber muy bien lo que quiere decir e incluso escribirlo
correctamente, las omisiones verbales que emplea en su lenguaje
oral hace que se dude sobre su capacidad para entender y para utilizar
correctamente determinados elementos gramaticales.
El siguiente proceso fonológico más
frecuentemente utilizado es la reducción de consonantes cuando están
unidas (Sommers et al., 1988). Esta reducción de consonantes y la
omisión de consonantes finales fueron también los procesos fonológicos
más frecuentemente hallados por King et al., (1993) y Dodd (1977)
en niños con síndrome de Down por encima de la edad en que normalmente
se emplean. La reducción de consonantes y el stopping fueron frecuentes
en niños de 3-4,6 años (Bleile y Schwartz, 1984). Se hacían más
proceso fonológicos conforme aumentaba la longitud y complejidad
de la producción lingüística, es decir, se apreciaban más procesos
fonológicos en muestras de lenguaje seguido que cuando había que
nombrar dibujos o imitar palabras dictadas (Sommers et al., 1988).
Con la edad, existe un crecimiento propio del desarrollo y una reducción
de los procesos fonológicos conforme el niño madura.
Voz,
gravedad y resonancia
La producción de voz puede verse afectada
de diversas maneras. Los investigadores han descrito una cualidad
de voz ronca y soplante en algunos chicos con síndrome de Down.
El volumen puede ser demasiado alto o demasiado bajo, inconstante
y poco controlado, o inapropiado para la ocasión (p. ej., voz chillona
en la escuela). Con frecuencia esto no se debe a dificultades respiratorias
o de producción de la voz, sino más bien a una falta de conciencia
del volumen por parte del niño. Algunos niños gritan y hacen mal
empleo de su voz (abuso vocal). Varían los patrones de resonancia.
Algunos niños son hiponasales. Suenan como si tuvieran catarro permanentemente.
Se debe a la hipertrofia de amígdalas y adenoides. Otros son hipernasales
y se debe frecuentemente a que tienen una alta cúpula del paladar,
o a un paladar corto o a que son débiles los músculos de la pared
del paladar y faringe (insuficiencia velofaríngea). Es importante
siempre hacer una exploración completa otorrrinolaringológica y
examinar las causas de algunas de estas situaciones, antes de formular
un plan de tratamiento.
Tartamudez,
prosodia y velocidad
Hay una mayor prevalencia de tartamudez
o disfluencia en el síndrome de Down. Se ha estimado su incidencia
en el 45-53% de las personas (Devenny y Silverman, 1990) Los padres
comentan que sus hijos suelen tener dificultades con la tartamudez
(Kumin, 1994b). Ha veces la dificultad aparece conforme el niño
desarrolla el lenguaje. Pero es más frecuente que no se haga evidente
hasta que el niño utiliza frases más largas y hay una emisión de
lenguaje más compleja. No se ponen de acuerdo los investigadores
y los clínicos sobre si la dificultad en la fluidez se debe a problemas
de ejecución motora o se basa en la carga y en la complejidad del
lenguaje. En el ámbito clínico, hemos podido demostrar que los patrones
de fluidez observados en chicos con síndrome de Down de edades entre
7 y 15 años presentan las mismas características de la tartamudez
que se observa en niños mas pequeños con desarrollo normal.
La
tartamudez es una condición que afecta al suave discurrir del habla.
La prosodia es el término general que se refiere al ritmo de la
emisión hablada, e incluye el tomo y la inflexión. Indica si la
voz va hacia arriba en una interrogación o hacia abajo en una afirmación.
Los niños con síndrome de Down pueden hablar a alta velocidad, o
a baja velocidad, o ser desigual y cambiante. No se han descrito
en la literatura patrones de velocidad.
Factores
pragmáticos y no verbales
Los
factores del lenguaje pragmático (del lenguaje tal como se usa)
afectarán a la inteligibilidad, porque afectan a si el mensaje puede
ser entendido al nivel en el que el lenguaje tiene un significado.
Una de las habilidades pragmáticas que repercute directamente sobre
la inteligibilidad es el sentido de los temas, es decir, el mantenimiento
y el cambio de un determinado tema.
Muchos niños con
síndrome de Down vagan o se desvían del tema principal de un diálogo
o conversación. Esto hace que el interlocutor siga la conversación
con mayor dificultad. La habilidad para conversar resulta frecuentemente
más difícil para los niños con síndrome de Down, lo que hace que
las conversaciones sean cortas (Leifer y Lewis, 1984). El discurso
narrativo, o sea, la capacidad para repetir una historia o describir
un acontecimiento, es una habilidad importante para tener éxito
académico. Puesto que las habilidades para el discurso conversacional
y narrativo implican emisiones lingüísticas más largas y complejas,
puede resultar más difícil comprender lo que un niño con síndrome
de Down trata de decir. En la planificación del tratamiento, es
importante evaluar la diferencia en la inteligibilidad del habla
según se trate de habilidades para un habla sencillo o complejo,
y atender a estas diferencias según se necesiten al establecer el
programa de tratamiento.
Los factores no
verbales afectan a cómo el interlocutor comprende el mensaje. El
contacto ocular y la proximidad, es decir, la distancia y el espacio,
suponen a veces un problema para los niños con síndrome de Down.
Muchos chicos miran hacia abajo o hacia fuera cuando están conversando
con una persona (Mundy et al., 1988). Por lo general, las personas
con síndrome de Down utilizan expresiones faciales y gestos apropiados
(Attwood, 1988). Cuando las expresiones faciales y los gestos concuerdan
con lo que se está diciendo, suelen aumentar la capacidad de quien
escucha para entender el mensaje.
Factores
externos y ambientales
Hay
factores ambientales, como por ejemplo la familiaridad del interlocutor
con el patrón de lenguaje de quien habla, que afectan a la inteligibilidad El ambiente social de la comunicación influirá
igualmente sobre la inteligibilidad. En una determinada situación
social, los gestos y las expresiones faciales añaden mucho a la
comprensibilidad del lenguaje. También el contenido del mensaje
influye. Si estoy enviando un mensaje social, o un saludo que se
está esperando, será más fácil de entender que si explico concepto
teórico complejo con el que no se está familiarizado. Cuanto menor
sea la familiarización con el mensaje y mayor su complejidad, más
difícil resultará entenderlo. Así que la inteligibilidad implica
no sólo el habla sino también el lenguaje. Hay otros factores que
también influirán en la dificultad para entender a quien habla,
como son el ruido de fondo en la habitación y cualquier otro tipo
de distracciones. En la tabla 5 se expone una hoja de planificación
para identificar los factores específicos que pueden afectar a la
inteligibilidad, a la hora de realizar la evaluación y proponer
un tratamiento con base en el marco de referencia descrito en este
artículo.
Tabla 5. Marco de referencia para
evaluar y tratar los problemas de inteligibilidad del habla en los
niños con síndrome de Down
I. Hallazgos físicos
A. Anatómicos
B. Fisiológicos
II. Nivel neurofuncional
A. Componente neuromotor
B. Apraxia del habla en relación con el desarrollo
C. Otros Problemas
III. Síntomas de percepción/habla
A. Errores de sonidos
1.
Articulación
2.
Procesos fonológicos
B. Voz y volumen
C. Resonancia
D. Patrón de fluidez
E. Prosodia y frecuencia
IV. Factores pragmáticos del lenguaje
A. Temática
B. Habilidad para la conversación
C. Habilidad para el discurso narrativo
D. Otros factores del lenguaje
V. Factores no verbales
A. Contacto ocular
B. Gestos
C. Expresiones faciales
D. Proximidad y situación espacial
VI. Factores externos y ambientales
Conclusión
De
acuerdo con los resultados obtenidos en la investigación y la experiencia
clínica, propondría utilizar un abordaje descriptivo para evaluar
y tratar los problemas de inteligibilidad del habla en los niños
con síndrome de Down, en los que observamos:
-
Problemas físicos
-
Patrones neurofuncionales como son la presencia de
dificultades motoras orales y la presencia de una apraxia del habla
relacionada con el desarrollo.
-
Síntomas de percepción/habla
-
Factores pragmáticos del lenguaje
-
Factores no verbales del lenguaje
-
Factores externos y ambientales.
Se podría entonces
diseñar un plan global de tratamiento para hacer frente a las dificultades
específicas de cada individuo. Podrían demostrarse los problemas
físicos de un niño concreto. Pueden ser diagnosticados y tratados
por el médico o el dentista algunos factores, como son la pérdida
de audición, la respiración por la boca con la boca abierta o la
maloclusión mandibular. Los médicos y terapeutas ocupacionales pueden
tratar los trastornos de procesamiento o de integración sensorial.
Si el niño muestra disartria, el logopeda puede recurrir a un programa
de fortalecimiento muscular. Si se observa apraxia relacionada con
el desarrollo, se puede usar un abordaje terapéutico que ofrezca
la práctica frecuente de movimientos secuenciales del habla que
comiencen con combinaciones sencillas de consonante y vocal, y progresen
hacia sonidos y combinaciones de sílabas más complejas. Se ensayarán
abordajes diferentes si existen dificultades de articulación que
se utilizarían si existen problemas de procesos fonológicos, aunque
puede que haya que atender ambas áreas en un mismo niño.
Según sea la necesidad
del niño, se atenderá a la voz, a su gravedad, a la resonancia,
a la fluidez, a la prosodia y a la velocidad del habla. Habrá que
modificar también los factores pragmáticos y no verbales, si es
necesario. Igualmente, se considerarán los factores externos y ambientales,
por ejemplo, el sitio que el niño ocupe en la clase o
la conversación en una habitación silenciosa.
El tratamiento de todos estos factores
que influyen sobre la inteligibilidad del habla significa la implicación
de pediatras, otrorrinos, audiólogos y terapeutas ocupacionales,
además de logopedas. La consideración de todos estos múltiples factores
que aquí se han expuesto y que ejercen su influencia sobre la inteligibilidad
del habla permitirá al equipo profesional diseñar programas terapéuticos
ajustados a las necesidades de las personas con síndrome de Down.
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