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Las clases de
mis hijas: una experiencia práctica
María Victoria Troncoso
Resumen
Se ofrece una experiencia de carácter
familiar en la que la autora, madre de dos hijas adultas con discapacidad
intelectual, una de las cuales tiene síndrome de Down, dedica
dos o tres horas a la semana a enseñar cosas prácticas,
a profundizar en las noticias, a mejorar la información y
la formación, en un ambiente distendido y altamente comunicativo.
Destaca la influencia positiva que esta experiencia ejerce para
desarrollar la "inteligencia emocional" y para fomentar
la autoestima o un buen concepto de sí mismas. Es una experiencia
que está al alcance de cualquier miembro de la familia.
Así empezó
Tengo cuatro hijos. Mi hija mayor, Toya, tiene
36 años, discapacidad intelectual, hipoacusia bilateral y
dificultades motrices. A pesar de los grandes avances en medicina,
no conocemos la causa biológica de sus problemas, ni se puede
poner a sus síntomas la etiqueta de un síndrome concreto.
Cuando nació no tenía reflejo
de succión.
Mi hija menor, Miriam, tiene 24 años
y síndrome de Down. Nació con graves problemas debidos
a incompatibilidad sanguínea, a los que se añadieron
un paro cardíaco en una de las exanguinotransfusiones y una
infección hospitalaria. Su hipotonía muscular era
tan acusada que, a pesar de los ejercicios que le hicimos y que
hacía, a los cuatro meses todavía no podía
controlar su cabeza y levantarla un poquito cuando estaba en decúbito
prono.
Cuando nació Toya, fui totalmente consciente
de que yo era la principal y primera responsable de su supervivencia,
de su evolución, de su progreso y de su bienestar. En coherencia
con este convencimiento, empecé a "prepararme",
no sólo como cualquier madre con su primer hijo recién
nacido, sino un poco más de un modo más especializado.
De hecho, tuve que alimentarle gota a gota sacándome
la leche, echándosela a la boca, poco a poco, y ayudándole
para que tragara. Tardaba casi dos horas en tomar 30 cc.
Asumí directa y personalmente la enseñanza
de todo lo que supone autonomía personal y cuidado de sí
misma, así como la comunicación y el lenguaje, los
aprendizajes académicos, las relaciones interpersonales,
la participación en el hogar, etc. Y así fue creciendo
y evolucionando cada vez mejor.
Toda la experiencia, incluida la paciencia
que fui adquiriendo, fue de extraordinaria utilidad para ayudar
a Miriam desde el momento en que nació. La tarea tampoco
se presentaba fácil. El pronóstico que me señalaron
los expertos de medicina y psicología, era bien sombrío:
"Probablemente se morirá o quedará con deficiencia
mental profunda. Si se coge una infección respiratoria, no
se la trates y déjale morir".
Procuré no dejarme influir y empecé
a actuar.
Así están
ahora
Han ido pasando los años. Las dos, Toya
y Miriam, han progresado de un modo espectacular en muchos aspectos
de sus vidas. En la actualidad Toya trabaja principalmente en las
actividades de la casa y Miriam lo hace en el Ayuntamiento de Santander.
Son aficionadísimas a la lectura en la que emplean muchas
horas semanales, aprendiendo cosas por sí mismas o simplemente
entreteniéndose. Las dos han avanzado poco en otras áreas
como es, por ejemplo, el conocimiento y uso del cálculo y
las matemáticas. Son delicadas, sensibles, serviciales y
alegres. En general son absolutamente geniales y extraordinarias
en su manera de ser, de pensar, de estar y de relacionarse. Esta
relación es especialmente impresionante en lo que se refiere
a ellas mismas entre sí, su mutuo e incondicional cariño,
la ayuda que se prestan complementándose, porque tienen personalidades
muy diferentes. Emociona constatar su dedicación y preocupación
de una con la otra.
Es una auténtica y real bendición
que sean, que existan, que estén las
dos. La percepción de esta realidad tan grata no se reduce
al ámbito familiar, sino que muchos amigos y conocidos que
las han tratado lo testimonian también.
El por qué de una
experiencia
Pero la experiencia que hoy quiero destacar
y exponer, es la de una actividad que aún hoy en día
realizamos y que nos hace disfrutar mucho a las tres. Son nuestras
"clases de formación" que nos ocupan alrededor de tres
horas a la semana.
Es evidente, o debería serlo, para todas
las familias que las actividades cotidianas y naturales son un medio
extraordinario de aprendizaje y conocimiento, de progreso, de adquisición
de múltiples habilidades, de avances en autonomía
personal. Sin embargo, es muy frecuente que no se aproveche bien
un recurso tan próximo, tan "barato", tan asequible,
tan útil. Conviene detenerse a reflexionar y ver el modo
de que nuestro hijo pueda aprender más y desenvolverse mejor
si, al realizar las actividades diarias:
- le damos habitualmente información que incluye conceptos,
- verbalizamos las acciones con frases concretas,
- ampliamos su vocabulario,
- extendemos la información con nociones básicas
muy variadas de higiene, salud, nutrición, seguridad, conocimiento
corporal, cuidado de las cosas, y un largo etc.,
- incorporamos diversas estrategias para que sea él quien
resuelva pequeños problemas.
Pero además de lo anterior, es muy conveniente
que sigamos creando y utilizando espacios que están dedicados
expresamente a mantener una información y una formación
en familia, realizada de un modo más organizado. ¡Como
ya lo hicimos muchos en la fase de atención temprana!
A partir de una realidad
Conforme un hijo con discapacidad intelectual
va creciendo y participando en ámbitos sociales más
amplios y complejos, incluido el laboral en empresas ordinarias,
necesita más cultura y formación. Por un lado, es
probable que en los años escolares haya aprendido poco de
determinadas materias como historia, arte, literatura, geografía,
etc. A veces porque ni siquiera han planeado enseñarle, otras
porque faltaba tiempo al tener que enseñarle otras cosas
consideradas de más importancia, y otras porque probablemente
no había conseguido todavía la madurez intelectual
necesaria. Pero la escuela se acabó. Al avanzar en su joven
edad adulta, va madurando más, muestra más interés
y tiene deseos de saber; sin embargo no es fácil que pueda
acceder solo a esa formación. Si, por ejemplo, le interesan
los temas de actualidad, los medios informativos de prensa, radio
y TV contienen demasiado lenguaje y usan un vocabulario que con
frecuencia desconoce, por lo que es difícil que comprenda
de un modo completo. Si a lo largo de los años anteriores
ha tenido experiencias gratas en su aprendizaje, cuando es adulto
mantiene alta la motivación para seguir aprendiendo. Pero
es necesario hacerle asequible dicho aprendizaje.
Finalmente, el grado de autonomía en
la calle que los jóvenes con discapacidad intelectual van
logrando actualmente, exige que progresen en habilidades sociales
y de comunicación, en la solución de diversas dificultades
e imprevistos, en el manejo del dinero, en la programación
y anticipación de sus propios planes, en la previsión
de las consecuencias de su actuar, y un largo etc.
Todo esto justifica ampliamente la conveniencia,
incluso la necesidad, de dedicar un tiempo, un espacio, expresamente
para la tarea de formación. El ambiente familiar distendido,
alegre, simpático, en el que más y mejor se conoce
a ese joven, en el que más interés se tiene por toda
su vida y su bienestar, puede y debe ser el más eficaz para
conseguir una formación de gran calidad y muy completa. Esto
es lo que me planteé y esto es lo que intentamos en nuestro
caso.
El programa
Actualmente, una o dos tardes por semana dedicamos
de dos o tres horas en total para trabajar juntas las tres, con
los siguientes objetivos:
- Mejorar el lenguaje oral y escrito, utilizando textos literarios
de calidad, describiendo experiencias y situaciones.
- Profundizar en el conocimiento de la Sagrada Escritura (Antiguo
y Nuevo Testamento) y en la formación religiosa.
- Resolver problemas y realizar operaciones matemáticas.
- Adquirir más soltura en el manejo del dinero, incluyendo
la práctica en el uso de los cajeros automáticos
y libretas de ahorro.
- Explicar o aclarar las cuestiones y el vocabulario que a lo
largo de la semana les han llamado la atención a mis hijas
y no han entendido. Para ello, ellas mismas van anotando todo
lo que les interesa. Por poner un ejemplo, los temas que tenían
anotados para hablar en nuestra última clase fueron: el
racismo, el corredor de la muerte, la prostitución, la
familia y la concepción natural y artificial de los hijos.
- Profundizar en el conocimiento personal y en el afán
de mejorar.
- Ampliar las nociones fundamentales sobre salud, cuidado personal
y nutrición.
- Repasar o aprender lo más significativo del arte, la
historia, la literatura, la música, la geografía,
etc.
- Comentar temas de actualidad regionales, nacionales, e internacionales:
elecciones, conflictos armados, catástrofes; así
como noticias positivas, acciones humanitarias, premios, logros
científicos y culturales.
- Cualquier otra cuestión sobre la que una de las tres
queramos hablar.
No hace falta que presente un trabajo científico
con "resultados" contrastados frente a un grupo control.
El grupo "experimental" muestra gran satisfacción,
curiosidad, ampliación de conocimientos, estima personal,
afán de "avanzar". Si alguna vez perdemos la clase
a causa de mis viajes, ellas son las primeras en reclamar su recuperación
otro día. La ventaja de estas clases es que podemos cambiar
el horario siempre que nos convenga sin molestar a nadie, y las
tenemos el día que más nos conviene a todas.
Conclusión
Como conclusión quiero destacar que
los jóvenes con discapacidad intelectual necesitan estímulos
y actividades para que sus cerebros sigan activos, en óptimas
condiciones. Necesitan también la atención y dedicación
personales de quienes les consideran capaces de mejorar y les brindan
las oportunidades para ello. Las clases "en familia" son
un medio eficacísimo para fomentar la tan traida y llevada
actualmente "inteligencia emocional" y para fomentar la
llamada autoestima o un buen concepto de uno mismo. Esto es realmente
lo que más puede ayudarles en su vida personal y social.
Porque en estas horas de contacto y dedicación exclusiva,
surgen mil oportunidades para que ellos expresen sus propias preocupaciones
e inquietudes, y para que nosotros podamos explicarles y orientarles
con calma y equilibrio.
Ningún padre, o madre, o abuelo, o hermano,
pueden decir que no tiene preparación y que no sabe hacerlo.
Lo evidente es que cualquier adulto que quiera a ese joven y que
esté cerca, sabe mucho y puede enseñarle. Conforme
se sienten y empiecen a trabajar, aprenderán a hacerlo. Al
igual que en otros menesteres cotidianos: a cocinar se aprende cocinando,
a nadar nadando, a conducir, conduciendo, etc. ¡A enseñar
se aprende enseñando!
Finalmente e importantísimo: hay que
pasarlo bien, con sentido del humor, sin tensiones, ni frustraciones,
sin controles; ¡no hay exámenes! Es preciso que se estrechen
los lazos afectivos y el respeto, que se valoren los esfuerzos,
que se pasen por alto las dificultades.
¡Buena suerte! Ya me contarán.
La opinión de
Toya
Las clases que doy con mamá son muy
entretenidas. Nos explica muy bien las cosas. Aclaramos las dudas
que tenemos. Consigue que la clase sea divertida y amena. Algunas
veces nos reímos con las cosas que mamá nos cuenta
en clase, nos gasta bromas, le gusta que estemos atentas y concentradas.
Se pone muy contenta cuando hacemos sin ayuda y pensando el problema
que nos ha escrito en el cuaderno. Las matemáticas no me
gustan. Lo que más me gusta es la religión, el lenguaje
y cómo funciona el cuerpo humano.
La opinión de
Miriam
Me gustan las clases para saber más
cosas nuevas. Estoy aprendiendo muy deprisa. Las clases a mí
me parecen muy interesantes. Son muy divertidas a veces, pero otras
veces muy serias. Mi madre es la persona adecuada para dar clases.
Es muy formativa y me parece muy bien. Mi madre sabe muchas cosas
y por eso damos clases. Cada vez que veo el telediario, dicen cosas
que no entiendo y lo apunto en un papel. Y los días de clase
saco el papel, se lo digo a mamá y me lo explica.
María Victoria Troncoso dirige los programas
educativos de la Fundación Síndrome de Down de Cantabria
y preside su Patronato. E-mail: downcan@infonegocio.es
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