La serie C-30
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| Libre por fin de superficies sustentadoras fijas, y
dotado ya de mando directo, es el C-30 el primer aparato al que podríamos denominar
Autogiro puro. Demostró una asombrosa capacidad de maniobra incluso a mínimas
velocidades de translación, sin duda, marcó el comienzo de una nueva etapa en el
desarrollo del vuelo de aeronaves de alas giratorias. En las primeras exhibiciones de esta serie y para demostrar la capacidad de mantener el vuelo a muy baja velocidad, Juan de la Cierva, a los mandos del C-30, acostumbraba competir con su fiel colaborador Otto Reder, que con las manos en los bolsillos y corriendo paralelo al "autogiro", perdía siempre la carrera por ser "más veloz" que éste último. (Hablando del Autogiro, ser lento era sinónimo de Campeón) |