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El famoso guerrillero de El Grado, Hilario Salanova (a la derecha) apodado "El Negus del Norte" conversando con el periodista Fernandez Aldana. Mi Revista 15.12.36. Colección La Web del Barranqué. |
ACLARADO el conflicto, aparcamos aquí los dos primeros Negus, para dedicarnos en exclusiva al de El Grado, al de nuestro objetivo: Al Tercer Negus, y sus abarcas.
QUÉ nadie se crea que quedan solos; quedan con la tira de innominados sin título, de los muchos negus que hubo por nuestros pagos republicanos. De entre todos, Tan solo hubo un joven atrevido, aspirante por Madrid capaz de disputarle el título nacional al nuestro. Estos dos, que si bien empataban a puntos, no llegaron a dirimir la final por no haber acuerdo sobre el terreno de juego. En el campo madridista imperaba la afición comunista, y nuestro Negus que siempre estuvo comprometido con los anarquistas catalanes, sospechaba del arbitraje y no sin motivo. Por las mismas fechas, en Madrid se dejó la vida, su correligionario Buenaventura Durruti.
DE estos antecedentes se desprende que el apelativo Negus, llevaba suficiente morbo y carga explosiva para infundir pavor entre el personal civil que no fuera políticamente de su misma opinión y agrado. Y para demostrar su animoso proceder, nada mejor que arremeter contra los curas, que además de no ofrecer resistencia eran fácilmente conocidos y reconocidos por todos.
POR la Sicología sabemos que al criminal solamente le repugna el primer asesinato, o sea que todo es empezar, y cuando las circunstancias le son propicias, pues miel sobre hojuelas. A matar tocan, si amas á mas, se hacen méritos y credenciales para ascender rápido en el escalafón de la política más radical.
COMO primera referencia de nuestro III Negus, cave citar que su nombre de pila fue Hilario Salanova, que Nació en El Grado, (Huesca) un día del 1.900, y que por lo mismo en 1.921, tuvo que incorporarse a filas, a cumplir con el Servicio Militar obligatorio predicho a los 21 años para todos los varones españoles. Por el consabido sorteo su destino le llevó a Africa.
YA en Marruecos, nuestro joven aspirante a Negus de El Grado, quiso la casualidad que coincidiera su destino en la misma compañía de Alejandro; otro recluta de La Puebla de Castro, copartícipe en el funesto sorteo que los mandó a la guerra de Africa. A partir de ahora, ya podían compartir camaradería de paisanaje los dos para el tiempo de permanencia en filas con sus nombres propios. Alejandro por Alejandro y Hilario como Hilario (Todavía sin título de Negus) No hay constancia que intervinieran ninguno de los dos en acciones bélicas.
POR nuestro convecino Alejandro, conocemos de su conducta en el cuartel no demasiado edificante si se equipara con la norma habitual de vida, de las que por entonces en nuestra tierra se decían gentes de orden, por honestas, laboriosas y respetuosas en todos lo órdenes. O sea, una excepción y no precisamente en el buen sentido. Así, quiero imaginar que la disciplina cuartelera, quedó insuficiente para supeditarlo al reglamento y guardar las ordenanzas de un soldado ejemplar. Conste que este apunte son suposiciones mías, en la intención de predisponer al lector para los episodios siguientes. Además, el tal Alejandro tampoco se pasó de explícito en el comentario; Se limitó a insinuar que, precisamente, no fue un derroche de virtudes que se diga.
PASADO el aciago 1.921, fueron a mejor las cosas por Africa, y supongo que estarían activos en el ejército dos ó tres años; Lo siguiente pretendo situarlo por el año 1.925 ó 1.926 , cuando ya licenciados nuestros soldados estaban en sus acomodos civiles organizándose la manera de luchar por la vida.
EN ello estaba Alejandro, al frente de un pequeño establecimiento comercial que le habían montado sus padres, cuando un buen día se le presenta en la puerta Hilario Salanova, el paisano de la mili (todavía con nombre propio), sin el apelativo de Negus. No se habían visto desde el cuartel en Africa, y es de imaginar el pasmo entre ambos paisanos de la mili, aún imaginando que entre ambos el trato diario en el cuartel no pasaría más allá de ser de complacencia por lo del “paisanaje”. Las diferencias éticas respectivas entre ambos no podrían dar para muchas alegrías más.
¡HOMBRE, querido Alejandro! ¡Qué gusto de volver a verte! No sabía que te habías hecho comerciante; ¿Pues no eras barbero?
¡¡CARAY!! con nuestro célebre Salanova, tu gusto es el mío, ¡Quién había de contar ahora contigo! - Alguien me dijo que si andabas por Barcelona.- Pues sí, mira, en estos pueblos chicos, si se quiere pervivir, hay que hacer un poco de todo. Y a ti, Hilario ¿qué te trae por aquí?
MIRA, he subido a buscar trabajo aquí en las obras del Pantano de Barasona, y me han dado faena para mañana mismo. Aparte del gusto de saludarte, me alegra mucho haberte encontrado porque necesito unas cosas para emprender la tarea. Lo más urgente son un par de abarcas como esas que tienes ahí de muestra; previniéndote, que no te pagaré hasta que no cobre la primera semanada.
¡HOMBRE!, Salanova, faltaría más... Mira, ahora yo estoy empezando de comerciante, lo que conlleva una estricta economía inicial. A ser sincero y franco contigo te diré que más de la mitad del género que hay en la tienda está pendiente de liquidar con los proveedores, pero tú ya me conoces quién soy, voy a proceder del mismo modo contigo. ¡Y todavía mejor!. Estos artículos que te llevas te los regalo para que tengas un buen comienzo y para que te sirvan de recuerdo mío. Pero claro está; esto me lo puedo permitir una vez, porque de reincidir muchas veces, puedes comprender que luego liquidaría el negocio.
TAN sofisticada manera de quitarse >>de delante<< al futuro cliente, que sabía le daría problemas de cobro antes o después, por fuerza tenía que hacerse rentable, pero
jamás se podía imaginar que terminaba de cerrar el mejor negocio de toda su vida. Quizás porque Alejandro hacía norma de no hablar más que lo justo, es el caso que nunca le oí comentar si había vuelto por la tienda el amigo.
TERMINARON las obras (Sin su colaboración por supuesto) del llamado – políticamente “Pantano de Barahona” para la derecha, o “Joaquín Costa” para las izquierdas, según que mandaran unas circunstancias u otras, en las distintas veces que se le ha rebautizado. Por cierto que los dos nombres le encajan a cual mejor y se me hace raro, aunque sea por una sola vez, ¡tanta cordura entre políticos!. Veamos: Sin el término de “Barasona”, imposible hacer el pantano, por lo menos donde está. Y tampoco sin el esfuerzo, la tenacidad y, por qué no a mayor gloria si cave, de la constancia deDon Joaquín Costa y Martínez. De no haberse construído entonces, y si exceptuamos la salvedad que en su momento no hubiera ordenado construirlo el Generalísimo Franco, al día de hoy estaría tan pendiente de construcción como su homólogo el de Campo.
LA semana pasada, estando en Graus de obligada espera, frente al logrado monumento a D. Joaquín, apoyado en el vallado anterior que protege estatua, fuente y surtidor, estuve largo rato pensativo, notando desfilar por mi memoria la historia de nuestro singular Republicano. Trataba de encauzar su sentir, su razonar y la manera de ver su entorno social en el contexto de su tiempo, y trasladarlo paulatinamente, año por año a través de las vicisitudes y vivencias transcurridos en España, durante los 94 años pasados desde su sentida muerte.
POR fin, tirando con el bagaje de su gran epopeya hasta agobiar mi reflexión, llegando al día de hoy, al momento actual de incertidumbre para nuestra España, me desbordó la emoción, y, por no llorar. sentí la necesidad de rezar, siquiera sea una oración por el descanso de un alma tan generosa y grande, de republicano único y sin igual, desde los tiempos de Pericles. Ni soy un rezador nato, ni creo que él tenga necesidad de mi oración para alcanzar tan merecida gloria, pero recé. Recé por él, por España y para que Dios nos proteja a todos; y en el intervalo de una y otra oración, divagando mi pensamiento, me hice esta pregunta; Si al día de hoy Costa levantara la cabeza, qué haría?.- Para su constitución temperamental, sólo habría un remedio. >>Volverse a la sepultura al ver tanto miserable suelto<<.
DE algún consuelo le serviría en su tránsito al otro mundo siquiera saber terminado su Canal de Aragón y Cataluña. Ambos sucesos acaecieron en el mismo año 1.911, y, dada su postrera enfermedad, dudo que lo hubiera visto en servicio. Ahora por lo tanto, cuando faltan seis años para conmemorar tan merecido centenario de ambos eventos, y si en el próximo 2.011 hubiera un Gobierno responsable, que de verdad sintiera algo por España, tendría oportunidad de demostrarlo con una efemérides a escala nacional. De lo contrario continuaremos... con su:
Señor... ¡Hominen non habeo!
Señor... ¡Populum non habeo!
QUE me perdone el posible lector, pero es que también tengo una venilla temperamental que a veces me saca del tiesto y me desvía de lo esencial de este relato.-<<Ya me gustaría extenderme un poco más con Vd., don Joaquín, pero no se me enfade, que le he hallado otro apartamento más digno para usted. Usted está y estará para siempre “En el apartamento de los Justos”->>
PUES a lo que íbamos. Le perdimos la pista a nuestro Negus desde el tema de las abarcas, se embalsó el pantano sin su colaboración, se instauró la II República, y ahora nos lo imaginamos ajetreado a tope en Barcelona, pertrechando los preliminares de la Revolución de Asturias de octubre del 1.934, que también estaba programada para la Ciudad Condal. Pero, vista que tuvo el tío. Al primer estampido que le llegó a oídos, se refugió con su grupo en un agujero que resultó ser el Metro. Allá quedó a la espera de acontecimientos “ignorante” de que los mineros asturianos las estaban pasaban canutas frente a las Fuerzas de la República. Estimó más prudente escarmentar en cabeza ajena y servirse para lo sucesivo como de lección eficaz de táctica militar frente al enemigo: retirarse ordenadamente a tiempo, reagruparse escondidos y fortalecerse para luego atacar por la espalda.
COMO diecinueve largos meses habrían de pasar sin ocupación - y sin cobrar el paro, que esto es peor - hasta encontrar un nuevo trabajo. Después de aquella chapuza de levantamiento, que, no obstante y por desgracia, se saldó con 800 ó 1000 muertos según distintos historiadores, pasó a formalizarse en serio nuestra Guerra Civil. Y es aquí y ahora cuando le llegó su crucial momento a nuestro Negus. y no precisamente destacándose dando el pecho con los milicianos brigadistas que enviaron de Cataluña al frente de Aragón para conquistar Huesca y Zaragoza. Ya se ha visto que su talante bélico se correspondía más bien con la defensa y protección dialogada en la retaguardia. En suma, que tampoco fue un miliciano equiparable con los legionarios de ¡Viva la muerte! .
NO pretendo entrar en los pormenores ocurridos en los primeros días del levantamiento, demasiado sabidos desgraciadamente, ni después de tanti tiempo pasado, desenterrar ahora muertos, como algunos pretenden. Cumplieron con su designio en la vida y se deben dejar descansar en paz. Que participen ellos también de la paz que nos dejaron con su muerte. A la Historia es a quien corresponde perpetuar el recuerdo, para quienes necesiten o gusten cursar la lección. Para el grupo de la comunidad y aún para las familias de los que dieron su vida por nuestra paz, se hace necesario e imprescindible distanciarse en el tiempo. Para orarles y recordarlos, nuestra Iglesia Católica instituyó un día al año, el de Difuntos.
LO que en el mes de Julio empezó como una revolución, en un par de meses tomó carácter y atributo de guerra. En estos preliminares, el Alejandro de nuestra historia estuvo detenido durante dos o tres semanas con un grupo de media docena de personas más, por presuntos fascistas, por cierto en una situación un tanto ridícula de presos, porque les pasaban la comida desde sus propias casas sus mujeres y la guardia estaba compuesta por los mismos vecinos, entre quienes bien pudieran existir ciertas amistades, cuando no deberse favores. Supongo que si los presos tenían ganas de salir, los guardianes tenían más prisa de soltarlos para atender la próxima vendimia. Así que tan pronto los liberaron, Alejandrol regresó a su tienda, que ya no volvió a abrir puerta por entonces porque se la decomisaron para la recién creada Colectividad Agraria.
EN estos trámites andaba cuando un atardecer de finales de septiembre llaman a la puerta de su casa. Y ¡Sorpresa.. sorpresa!. De nuevo reaparece nuestro Negus, pero esta vez, con todos los atributos y sus correspondientes mayúsculas, suplido de gorro cuartelero, “barba descuidada, subfusil, cartucheras y una pareja de escoltas también armados”. Ni que decir tiene que a nuestro Alejandro le resultara difícil encubrir el sobresalto, pero se sobrepuso con disimulo. Tras el saludo de rigor como viejos amigos, el visitante, muy correcto, pidió permiso para entrar en su casa, indicándoles al séquito que aguardaran fuera.
¡HOMBRE, Hilario! ¿Qué te trae por aquí esta vez?.- Le pregunta el huésped.- Pues mira, esto, <<le responde el Negus sin más preámbulo sacando del bolsillo una nota con una lista. Hay alguien que no te quiere bien, ni a tí (Alejandro encabeza la lista), ni a los otros tres siguientes, que lógicamente no sé quiénes son. A ti, porque te conozco, de sobras sé que no eres ni remoto peligro para nuestra causa, ahora para los otros tres restantes, debes responsabilizarte tú, o al menos asesorarme de que no se trata de algún avispero de facistas peligrosos para nuestros ideales. De lo que tú me informes y me aconsejes dependerá la suerte y la vida de esos otros. Y esto que quede entre nosotros dos.>>
<<BUENO, me pones en un buen lío, pero sería ingratitud de mi parte no corresponder a tu franqueza y a la causa que representas. Pero no sé qué decirte, me parece que no es para tanto, siendo que estas personas, por lo menos yo no las tengo por peligrosas en ningún concepto. Son catalogados de izquierdas, bien que republicanos, tal vez socialistas, aunque en ningún caso creo que estén asociados a una determinada causa en particular. Son agricultores propietarios de sus tierras que cultivan ellos directamente y con no poco esfuerzo sustentan dignamente su familia sin ayuda de criados o jornaleros. Justamente casas de un par de mulas, pero de izquierda, que por más decir mantienen relaciones amistosas con todo el vecindario. Quizás por causa de que en este momento se está tramitando la organización de la Colectividad, este tema no sea de gusto y conformidad para ellos y se lo tomen a mal los promotores, quienes con la mejor intención la impulsan en el deseo de que fuera comunitaria de toda la vecindad de La Puebla. Ya hubiera querido para mí ser de izquierdas como ellos, pero por hacer la voluntad de mi padre que me pidió el voto para corresponder a cierta atención de un amigo en las últimas elecciones de febrero voté a la derecha, cuando jamás había votado a nadie, ni yo, ni ninguno de nuestra familia.>>
VALE... Vale. No me digas más, habremos hecho viaje de balde, pero me voy satisfecho y contento por haber correspondido a aquél favor que nunca olvidé. Y a su vez doy por bueno tu informe en relación con esos convecinos, que de no ser por ti veníamos dispuestos a cumplir con nuestro compromiso de darles el último paseo.
Salud camarada y próspero futuro.
Salud y buen viaje. Me siento muy correspondido, amigo Hilario.
A P E N D I C E
AL escribir este relato sucedido en La Puebla de Castro durante las primeras semanas del Alzamiento Nacional, querría dejar en claro que el tal Alejandro de nuestra historia Corresponde a Cirilo Burrel Pueo, conocido como tal en la Villa y en toda la Comarca.
Fue bautizado con los nombres de Alejandro y Cirilo. El segundo nombre, tal vez por ser el santo del día o por ser más breve, le quedó como oficial de uso diario, afanando el puesto al primero, a extremos que tanto por su familia en su casa como en toda la >> demarcación<< siempre fue conocido por Cirilo, e inclusive él mismo siempre se firmaba como tal. Solamente cuando fue a cumplir el servicio militar, en atención al rigor de las ordenanzas, durante el tiempo que estuvo en filas, allí no hubo más que Alejandro Burrel Pueo, y como tal lo conoció Salanova, quién más tarde, tras alcanzar la triste fama como el III Negus de nuestro relato, habría de salvarle de morir fusilado.
QUEDA pendiente de aclarar el nombre de los otros tres convecinos de la lista quienes juntamente con Alejandro debieron de ser cargados al camión por nuestro III Negus de las abarcas en aquél fatídico atardecer para “darles el paseo” (Palabras al uso de entonces).
ACTUALMENTE me considero como único valedor de la memoria descrita, porque los de mi anterior generación tiempo hace que pasaron a mejor vida. Unos catorce años de edad debía yo tener y entre personas de edad me hallaba, cuando mi tío relataba su odisea. Tal vez por el cariño que siempre sentí por él, quién además fue mi padrino de pila, el caso es que su episodio hizo tal impacto en mi sensible imaginación de niño, que jamás lo olvidé.
AHORA es oportuno recordarlo para que sucesivas generaciones de nuestra sociedad pacífica y noble de por sí eviten escuchar cantos de sirena que pretendan sustraerlos de nuestras raíces, con promesas ambiciosas de alcanzar la felicidad terrenal. Esta reseña, también propicia a reflexionar con cierto optimismo sobre los condicionantes del alma humana, que en determinadas ocasiones hasta las más extraviadas y equivocadas, pueden demostrar altruismo y grandeza espiritual.
El posible lector puede tomar por cierto lo antedicho y en cuanto a los nombres de los otros tres sentenciados que se omiten, me abstengo, ante la duda de no recordarlos con la seguridad debida que se requiere al transferir datos para la historia de unos hechos transcurridos hace 70 años. Por la misma razón, llegados ha este punto, y por si alguien tuviera algo que objetar, se hace obligado identificarme como Vicente Burrel Guillén, un sobrino carnal de los muchos que tuvo el Alejandro-Cirilo de la narración.
NUESTRA villa, La Puebla de Castro, en el tiempo de referencia contava de hecho como 700 u 800 habitantes, cifra que permite conocerlos a todos en sus familias correspondientes. En los años siguientes a la dictadura de Primo Rivera se politizó el ambiente a extremos alarmantes dando origen a los graves resultados que se llegó. Así ocurrió que en las elecciones de febrero del 1.936 se conocía perfectamente quiénes votarían a derechas o izquierdas. Fueron muy pocos los que quedaron sin votar, con la excepción de dos familias de herreros que se abstuvieron porque el significarse por uno u otro bando podría dañar sus intereses de cara al cliente. Por conocer el status social de las economías locales de las tres casas de izquierdas, únicas que concurrían en las mismas circunstancias, y algún etcétera más, bien las podría señalar con sus correspondiente nombres sin temor a poner la mano en el fuego como vulgarmente se dice En cambio siento reparos en divulgar posibles inexactitudes, y más si cabe cuando todavía hay descendientes en sus herederos.
COMO punto final solo me resta añadir que recientemente he conocido dos señores mayores en El Grado en distintas ocasiones, que han coincidido en contarme que el tal Hilario estuvo en la Legión y que se pegó un tiro en un dedo para librarse. Que tanto su familia como su casa están desaparecidas y quién era el mayor de los dos añadió que, estando cumpliendo el Servicio militar en Barbastro, le subía a El Grado los fines de semana y que cada vez lo hacía con distinto coche.
Abril del 2.005
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