Amadeo Aizpurua

El Diario Vasco, 15 de Octubre de 1996

Arquitecto y profesor de dibujo en la Escuela de Arquitectura donostiarra, Aizpurua es un personaje polémico porque sus opiniones se apartan un tanto de las corrientes al uso.

Es que durante años, frente a los partidarios de que una casa exhiba sin complejos su estructura eliminando todo lo no estrictamente necesario, frente a los que reivindicaban la estética de la maquina y la funcionalidad a toda costa, Aizpurua ha defendido la belleza de la complejidad: “A mi me enseñaron que una casa es bonita simplemente cuando está correctamente distribuida por dentro y tiene las ventanas bien distribuidas para el soleamiento. Pero pensar que sólo con lo funcional ya vas a conseguir una casa bella no es cierto porque la belleza es bastante compleja de encontrar. En una casa se pueden apreciar muchas más cosas además de los elementos razonables. Una riqueza de materiales, una variedad formal entre el interior y el exterior, cosas de índole intuitiva en función del gusto propio y del buen gusto que no son racionalizables. Ahí, lo simple está muy cerca de la simpleza. En belleza no hay nada absoluto, pero la complejidad, la riqueza de la unión de las cosas conocidas creo que está en la base del arte”. Y continua imparable: “ Que ahora, cuando cada vez más hombres tienen más posibilidades para hacerse más casas, sigamos apoyándonos en una estética que viene de las ideas sociales de los años treinta es un sinsentido, a todos nos gusta lo mejor y eso es lo humano”.

La controversia está servida.

El lo sabe, lo asume y, pienso yo, incluso lo disfruta. Por eso, durante nuestra charla pasea su mirada irónica y un tanto beligerante sobre los mitos de la modernidad y desde Picasso a Bauhaus nada escapa de su verbo incisivo.

En particular lo que llama “el arte explicado”: “Pretender que algo tiene una gran carga artística pero que sólo es comprensible para una minoría más o menos culta, y a la gran mayoría hay que explicárselo, a mí no me sirve da nada. En el arte lo ingenioso no es tanto los elementos que entran sino la forma de relacionarlos. Para hacer una obra literaria importante no se inventan las palabras, se componen frases y ahí está la originalidad. En cambio, en el arte moderno se intenta inventar las palabras.”

Pero la suya no es tampoco una postura conservadora a la vieja usanza y no pretende “ni muchísimo menos reconstruir lo anterior”. Tiene detrás demasiadas horas de lectura, de análisis e investigación para quedarse en lo meramente reaccionario. “Yo no estoy cerrado a lo nuevo –aclara-, estoy cerrado a la chapuza. La novedad porque sí, la búsqueda de la originalidad a cualquier precio puede ser el gran fracaso”.

“Cuando una persona se pone a hacer algo –continúa-no repite siempre lo mismo y, cuando termina, ya quiere hacer inmediatamente lo siguiente para mejorarlo. Porque eso ya lo conoce y se parte siempre de lo que se conoce. Es perfectamente inevitable porque en la naturaleza humana está el querer más y cada vez mejor y ese es el camino humano y razonable que encuentro yo para la creación. A través de la evolución, pero sin romper con todo”.

“Un proyecto, una casa, no es una idea feliz. Es, en todo caso, -dice-la suma de muchas ideas felices con, primero la información y luego, el gusto personal y el desarrollo de las ideas”.

Coherente con su ánimo peleón e inquieto, Aizpurua prefiere “los deportes de sudar y no de mirar” y practica el squash. Los fines de semana y en vacaciones, le gusta viajar, recorrer despacio los pueblos, los barrios de las ciudades donde puede apreciar “algunos valores en lo arquitectónico”

De esas caminatas y también de muchas horas de estudio, de investigación y de trabajo paciente, salen los dibujos minuciosos, las perspectivas que cubren los muros y enmarcan su rincón. Y al hablar de tiempo libre no duda: “Sigo mirando y sigo leyendo...”