Volar a diez mil metros

Volar a diez mil metros de altura es una experiencia fuerte, créeme, muy pocas aves pueden volar a esa altura. El cóndor andino y el buitre africano. El africano le gana al andino en dos mil metros.En África las corrientes térmicas ayudan al mejor planeador de la naturaleza. Porque se trata de aprovechar las corrientes de aire que ascienden y subir y subir y subir como en una escalera de caracol hecha de aire que sube.

A diez mil metros hace tanto frío que a la sangre le cuesta no congelarse, las constantes vitales se ralentizan, porque además hay poco oxígeno, no hay sonidos, ni olores, ni movimientos, solo unos ojos ingrávidos que rastrean kilómetros y kilómetros de la superficie terrestre, donde buscar una señal, el reflejo metálico de otras aves, el aviso de dónde hay comida.

A esa altura, sobrevolando los Andes en días despejados créeme se puede apreciar la curvatura de la tierra. El color del cielo es azul, pero tan azul que es como un azul en tres dimensiones, un azul profundo, infinito.

Créeme volar en círculo sobre las cumbres nevadas de los Andes es algo intraducible.