La pardela
Llegó al pueblo hace años. Cuando yo me trasladé aquí ya era muy popular. Había llegado durante el verano de 1982 y desde entonces no faltó nunca a su cita anual. Llegaba en primavera y hasta el otoño era una más entre los veraneantes habituales del pueblo.
Hablo de La Pardela, hablo de Cincenta, hablo de una pardela cenicienta, calonectris diomedea, un ave marina parecida a una gaviota, a un fulmar, En sus largos vuelos van del golfo de Vizcaya al Atlántico Sur, pero dando rodeos. Cincenta daba un rodeo todos los años para quedarse con nosotros unos meses.
Muchas veces he jugado con ella en el paseo marítimo, volaba bajo, batiendo las alas, planeando con las alas arqueadas, haciendo picados, emitiendo unos estridentes chillidos. También la he tenido entre mis pies y la he acariciado como a un perro.
Este verano no ha venido y presiento que no volverá. No creo que la culpa la hayan tenido las elecciones municipales, o la guerra del tío Guzmán, o la escasez de sardina que hay por estas aguas, no, no creo, me temo lo peor, siento........., (ayúdame Mar)...... siento la melancolía del paso del tiempo. No envejecemos regularmente, envejecemos a saltos. La ausencia de Cincenta ha hecho que envejezca unos cuantos años de golpe.