
Naturaleza
Mar~ 15/04/2001 20:14 |
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La tierra Subía el camino serpenteando por el borde de la montaña. Pedregoso a tramos, agreste, empinado, cruzando viejos torrentes, a veces un sendero fácil, a veces dejando solo el sitio de una huella tras otra. En lo alto de la montaña la tierra se había tragado al pueblo. De cincuenta años sólo quedaban los muros de la iglesia con la vieja puerta. Había invadido las casas, los huertos, las calles y hasta el cementerio ya sin lápidas. Pero la tierra también da y hoy había dado flores de primavera, piedras que algún día formaron parte de mares y todavía conservan restos de conchas. La tierra había dado farallones inmensos, perfectamente verticales y pulidos, y entre los farallones, a lo lejos, montañas todavía blancas de invierno, majestuosas, como son todas las montañas, de picos imponentes, interminables, ocupando todo el horizonte. Hoy la tierra daba recuerdos de vidas acabadas en los restos del pueblo. El agua Llama la atención, en el silencio de la montaña, de repente te das cuenta, no es el viento, es el agua. Miras a tu alrededor hasta localizar el sonido, pero no se ve todavía, está cerca, lo oculta la propia montaña, los árboles, la vegetación. Sigues caminando y de pronto, allí en medio de ti, la cascada de agua, cae desde lo alto de la montaña, caída libre hasta las rocas que quedan al lado del camino. Son rocas porosas que el agua agujerea, que el sol hace nacer líquenes sobre ellas, que el agua vuelve a agujerear y así infinitamente. Al pie de la cascada se forma un lago y luego vuelve a caer en otra cascada, se filtra por debajo de mis pies y acaba en el río que recorre el valle. Miro el agua, miro el musgo verde sobre las rocas, me paro y escucho lo que ellos me dicen...... fluye. El aire De lejos apenas se distinguen, se confunden con las rocas, inmóviles, sólo los delata su silueta. De repente levantan el vuelo. Son una colonia de buitres, viven en lo alto de los farallones, entre los huecos de las rocas y al abrigo de algunos árboles que tienen la osadía de crecer en aquellos lugares. Cuando sobrevuelan mi cabeza es cuando los veo majestuosos, dominando el aire, aprovechando las corrientes para remontar, para utilizar la energía en llegar a su destino. Conocen el misterio del aire, de la suspensión en vuelo, del ascenso y el picado hacia su presa. Los miro y vuelo con ellos, más alto...... hasta perderme. El fuego Me sigue el sol todo el camino, va calentando los rincones haciéndolos a veces hasta sofocantes. Como cuando te acercas en invierno hasta la chimenea encendida en el centro de la casa. Las paredes de piedra todavía no se han calentado, y el fuego a tu lado sofoca tu cara, tus manos. Es entonces cuando te quedas mirando y es él quien trae los recuerdos a tu mente. Fuego que invita a recogerse, a recordar, que enciende y que quema. Hoy la tierra daba agua, el agua aire, el aire fuego y el fuego cenizas que devolver a la tierra. |