Mendigo
Como todo el mundo sabe, los rasgos de los ojos y de la boca dibujan la expresión del rostro, desde la rotundidad de la alegría a la sutileza de la saudade, el dulce dolor de la lejanía. Las combinaciones posibles entre expresiones de ojos y boca me han permitido construir una tabla de estados del alma.
Sin embargo, imposible reproducir la expresión del mendigo que duerme en el suelo al lado de mi casa. Imposible describir el cruce de miradas cuando paso delante de él, yo camino del trabajo, él apoyado en la pared, al lado de un atado de plásticos viejos que le han protegido del frío y la humedad durante la noche. Imposible describir esa mirada clavada en los edificios del otro lado de la calle, donde hay algo que ni yo ni nadie puede ver, algo que sólo él puede percibir y que le tiene anclado a ese rincón de la ciudad.