Expatriadas
Las conocí en Noche Buena, el año pasado, a la madre y a la hija. Las dos tenían la misma mirada, no sé si por sangre o por condición. Las abandonaron, a las dos, cuando la hija tenía 15 años. Su padre se largó con una amiga de 15 años, como la hija. Me los imagino a los dos, él con una maleta de plástico, ella con su mochila, los libros y lo chicles. Yo creía que esas cosas sólo ocurrían en los relatos. Esperó a que cumpliera 18 años para dejarla preñada, por lo de la mayoría de edad supongo. Las dos tenían la misma mirada, de refugiadas en un territorio que no es el suyo, la misma mirada de expatriadas en la letra de un relato de Navidad.